Carlos Herrera abre su editorial del 1 de diciembre con una mezcla de ironía navideña y crudo realismo político. Mientras el país avanza hacia el final de 2025, el locutor recuerda que en España “quizá no haga tanto frío”, pero sí lo hace en “las celdas de Soto del Real”, donde José Luis Ábalos y Koldo García han pasado su primera noche en prisión preventiva sin fianza. Un golpe político sin precedentes, que para Herrera marca “otro viernes negro” en el deterioro del sanchismo.
El comunicador destaca que ambos entran en prisión enviando mensajes: entrevistas, insinuaciones, avisos velados y cargas de profundidad que comprometen al presidente y a su entorno más íntimo. En su análisis, subraya que con la entrada en prisión de quienes han sido “los guardianes de los secretos del sanchismo”, el PSOE vive una fractura interna de consecuencias imprevisibles.
Desde ahí, Herrera lanza su tesis principal: dentro del PSOE se libra una guerra de clanes entre quienes llevaron a Sánchez al poder —Ábalos, Koldo y Santos Cerdán— y quienes, según él, “han recuperado el control del partido”: José Luis Rodríguez Zapatero y José Blanco. Y deja una pregunta abierta, con una carga política evidente: “Zapatero y Pepe Blanco se han hecho con el control del partido… ¿pero también con el control del negocio?”
La guerra interna en el PSOE: entre la lealtad rota y el miedo a las grabaciones
Herrera se detiene en las informaciones que publica El Mundo sobre el entorno de Ábalos, concretamente en el testimonio del hijo del exministro. Según este relato, Santos Cerdán habría ofrecido a Ábalos una suerte de “cheque en blanco” en nombre de Sánchez cuando estalla el caso Koldo: abogados pagados, presencia en tertulias, colocación en empresas del entorno socialista, incluso la puerta abierta a trabajar en la compañía de Pepe Blanco. Un paquete de protección política y económica diseñado para que el exministro permaneciera tranquilo mientras la tormenta crecía.
Al mismo tiempo, emerge otro frente: el relato de cómo la propia vida personal de Ábalos se convierte en munición interna. Herrera alude a la exmujer del exministro, Carolina Perles, quien habría puesto sobre aviso a dirigentes socialistas como Adriana Lastra y Maricha Ruiz-Mateos sobre las andanzas de Ábalos. De ahí, las advertencias llegarían a la mesa de Sánchez, reforzadas por un informe del CNI impulsado —según el editorial— por Margarita Robles, preocupada ante la posibilidad de que Ábalos pudiera acceder al Ministerio de Defensa.
En ese contexto, las declaraciones de Koldo publicadas por OK Diario añaden otra capa de presión. El exasesor habla de conversaciones en las que se comenta la necesidad de “compensar” a Begoña Gómez, en cantidades que van desde los cien mil hasta el millón de euros, aunque Herrera recuerda que ese tipo de afirmaciones solo tendrían verdadero peso judicial si existieran grabaciones que las respalden. Y es ahí donde entra el elemento que más inquieta a la cúpula del PSOE: la fama de Koldo de “grabarlo todo” y la incógnita sobre qué materiales podrían aparecer si decide, como dice Herrera, “darle al play”.
El comunicador recuerda además que el propio Ábalos ha reconocido que fue Pedro Sánchez quien le informó de que la UCO investigaba a Koldo cuando la pieza aún era secreta. Hoy, añade Herrera, El Español sostiene que en las grabaciones intervenidas a Koldo habría conversaciones con Santos Cerdán que demuestran que el número dos del PSOE también estaba al tanto de investigaciones supuestamente reservadas, lo que apuntaría a una filtración desde la Fiscalía. La sombra de los contactos entre el presidente y el ya condenado fiscal general Álvaro García Ortiz vuelve así a planear sobre el relato.
Todo ello compone, según Herrera, una imagen de “guerra de clanes” dentro del PSOE. Por un lado, el triángulo Ábalos–Koldo–Cerdán, que sostiene el ascenso de Sánchez; por otro, la vieja guardia encabezada por José Luis Rodríguez Zapatero y Pepe Blanco, antiguos rivales internos del sanchismo que ahora, en palabras de Herrera, “se han hecho con el partido”. La incógnita, insiste, es si ese control es solo orgánico o también económico.
Una amenaza silenciosa: la peste porcina africana y 8.800 millones en juego
Tras el repaso a la política interna, Herrera cambia de registro, pero no de gravedad. Señala que hay un asunto que puede parecer menor entre tanta corrupción y tanto cálculo parlamentario, pero que no lo es en absoluto: el brote de peste porcina africana detectado en Cataluña.
La alerta salta después de que varios jabalíes aparezcan muertos en la sierra de Collserola, el cinturón natural que rodea Barcelona, y en zonas de la provincia de Lérida. La Unidad Militar de Emergencias (UME) se despliega con equipos de contaminación biológica para controlar el avance del virus, una medida poco habitual que subraya el riesgo real al que se enfrenta el sector agroalimentario español.
Herrera recuerda que Cataluña y Aragón producen más de la mitad de todo el porcino español, y que España se juega 8.800 millones de euros solo en exportaciones. El virus ya ha provocado bloqueos comerciales en mercados tan estratégicos como China, lo que sitúa al sector porcinícola ante un escenario de máxima tensión. “No estamos hablando de un problema local —insiste—, sino de un sector que mueve 25.000 millones de euros y sostiene cientos de miles de empleos en toda España”.
El comunicador señala con dureza las causas estructurales del brote: el descontrol de la fauna cinegética, especialmente del jabalí. Herrera denuncia que las restricciones impuestas por el animalismo político han permitido una “proliferación sin precedentes” de estos animales, que actúan como reservorio del virus y lo transmiten con enorme facilidad. Mientras no se aborde este problema, asegura, España vivirá bajo una amenaza constante.
“Un deterioro galopante en el sanchismo”: el cierre de Herrera
Herrera cierra su monólogo con una idea que, desde hace semanas, repite con creciente fuerza: la percepción de una descomposición acelerada en el entorno político del presidente del Gobierno. La entrada en prisión de Ábalos y Koldo —dos de los hombres que mejor conocen los entresijos del ascenso de Sánchez— se convierte en un símbolo de un deterioro que ya no es solo político, sino institucional y moral.
El comunicador recuerda que el pasado fin de semana, en apenas 48 horas, miles de ciudadanos acudieron a la convocatoria de Alberto Núñez Feijóo en Madrid para protestar contra la corrupción y la deriva institucional del Gobierno. Un gesto ciudadano que —según Herrera— demuestra que el malestar ya no se limita a los partidos, sino que permea a la sociedad.
En la recta final, el periodista menciona también el caso de Elisa Beni, referente en información judicial, que habría dejado de colaborar con un medio afín al sanchismo tras calificar de “basura informativa” la campaña orquestada para desacreditar al Tribunal Supremo por un curso impartido a abogados. Herrera describe esa reacción como la prueba de que “la prensa sincronizada funciona así: o te sincronizas o te vas”.
El editorial termina con una frase que encapsula todo el análisis: “Ábalos y Koldo no son dos golfos caídos en desgracia, como dicen algunos; son un espejo. Un espejo que devuelve la imagen de cómo nació el sanchismo y cómo está terminando”. Y añade, con esa mezcla de ironía y pesimismo que caracteriza sus cierres: “Hoy es 1 de diciembre. Queda un día menos para que termine esta pesadilla”.
