El hielo no es un capricho de verano: es una industria. Loreto Sánchez, fundador de Cubito Veloz S.L., lo demuestra sin rodeos en una visita a su fábrica del youtuber Adrián G. Martín: de 3.000 kilos al día en sus inicios a 110 toneladas diarias con la planta actual totalmente automatizada, conectada por internet y con solo tres técnicos por turno. El negocio arranca repartiendo para terceros, reinvierte cada euro, compra sus primeras máquinas y hoy presume de ser la mayor productora de Baleares. Todo, “a pulmón”, sin fondos externos y con banca puntual.
El dato que rompe el hielo: una bolsa cuesta 0,30 € en costes directos y 0,40 € si se suman los indirectos. En tienda, se paga 0,80–1,00 €. La rentabilidad media ronda el 50% sobre el precio de venta. ¿Dónde está el truco? En escala, automatización y disciplina de costes. Eso sí, con tensiones: la factura eléctrica en verano se dispara hasta 50.000 € al mes, el plástico de los envases se ha encarecido un 60 % y el impuesto de 0,45 €/kg golpea márgenes. Aun así, en julio se alcanzan picos de tres a cuatro millones de bolsas vendidas.
El negocio por dentro (y por qué no es “solo agua congelada”)
- Escala y automatización. Del agua osmotizada a la tolva, secado en túnel para que el cubito no se pegue y embolsado automático. Menos manos, menos errores, más ritmo.
- Umbral de rentabilidad. Para cubrir costes fijos necesitan fabricar y vender unos 20 palés diarios; a partir de ahí, llega el beneficio.
- Dónde se gana más. El canal más rentable es la venta directa al bar, hotel o fiesta. El mayor volumen viene de supermercados y distribuidores, que amortiguan la temporada baja.
- El verdadero reto: mover el hielo. La distribución es clave: flota de 15 vehículos, camiones refrigerados que llegan a costar 250.000 €, congeladores en punto de venta a cargo del fabricante y logística milimétrica.
- Inversión y músculo. La planta suma ya unos 5 millones de euros invertidos. El objetivo para 2026 es automatizar cargas y descargas y apoyarse en IA para logística.
- Calidad y grandes cuentas. Para vender a plataformas como Mercadona se exige certificación internacional IFS Food y estándares europeos. Sin sello, no hay trato.
Loreto Sánchez reconoce que el COVID “hizo heridas”, pero el hielo es alimentación y no cerró. Aprendió a diversificar y blindar su red eléctrica con línea y transformador propios, además de generadores de respaldo. Donde más sufre es en los envases y en la última milla: rompes la cadena de frío y el negocio se derrite.
La lección para los que se asoman al sector es clara: fácil es empezar; hacerlo bien y crecer es caro y sacrificado. En Cubito Veloz trabajan unas 20 personas entre oficina, producción y reparto; el resto lo hacen las máquinas, sensores y sistemas remotos. Con esa mezcla, el cubito que cae de la tolva se convierte en lo que es: un producto de 0,40 € que deja 50 % de margen… si llega frío y a tiempo.
Y queda el dato que explica por qué el “negocio silencioso” suena a oro: julio; tres o cuatro millones de bolsas vendidas; mar a 30 grados; barbacoas, chiringuitos y terrazas. El hielo no habla… pero paga nóminas, camiones y luz cada día.
