“¡Estas heridas no te las has hecho tú: dime la verdad!”
La pesadilla de un joven secuestrado y torturado brutalmente por su novia
Hay amores obsesivos. Amores tóxicos. Amores enemigos. Amores a bocajarro. Amores a traición. Amores de estocada. Amores que dañan. Amores cautivos. Amores sin ton ni son. Amores terroríficos. Amores que dan miedo. Amores atacantes. Amores que juegan a la contra. Amores destructivos. Amores autodestructivos…

Amores que golpean, que humillan, que torturan… Que le pregunten, si no, al joven británico Alex Skeel. Y que explique, como así al final ha hecho, qué tipo de calvario sufrió durante los años -los tres años- que estuvo con su novia Jordan Worth, viviendo o malviviendo a su lado, literalmente secuestrado. Así como suena, secuestrado, hasta junio de 2017.
Cuando al fin la policía lo liberó tras la llamada de un vecino que no cesaba de escuchar golpes y gritos. Gritos a rabiar. Ahora el joven ha decidido contar su historia, una historia dantesca, una historia horripilante. Quiere que todos conozcan su sacrificio personal. Su tortura. Su casi muerte en vida. Su pesadilla de ojos abiertos. Vivieron juntos estando ambos en la Universidad.
El relato sobrecoge: “Me salvaron la vida. Me sentó en su patrulla y me dijo ‘mira, sabemos qué está ocurriendo. Estas heridas no te las has hecho tú. Dime la verdad”, le comentó el oficial que lo atendió, tal y como ha explicado al programa ‘This Morning' del canal ITV.
Su novia lo maltrató después de que se fueran a vivir juntos. Entonces comenzó el terror. Porque su pareja se obsesionó con él… y comenzó el horror. Worth comenzó incluso a negarle el alimento durante largas horas, golpearle las manos con un martillo e incluso hasta decirle que había fallecido su abuelo cuando en realidad no era así.
Los golpes con objetos contundentes eran sucesivos: no sólo martillos, también destornilladores y cuchillos. Le tiró agua hirviendo a la cara. Le obligó a que se autoinculpara cuando, ya en casos extremos, tenía que ser atendido por algún médico. Alex llegó a sufrir hidrocefalia, es decir, acumulación de líquido dentro del cerebro.
Una pesadilla, sí, por la que podía haber muerto, según versión de los médicos que lo atendieron. El aviso de un vecino le salvó la vida. In extremis. La joven fue condenada a siete años de cárcel. La ficción supera a veces cualquier argumento de literatura de Stephen King. Amores que martillean. Con martillos que persiguen la muerte.
