¡Fuerza y valor en torno a un lazo rosa!
El 19 de octubre se celebra el Día contra el Cáncer de Mama
El lazo como índice de unión. El lazo como señal de compromiso. El lazo, sí, color rosa. Como emblema de lucha. Cada 19 de octubre se visibiliza. Cada 19 de octubre se recuerda a toda clase de público. A las multitudes. Y así se decoran edificios oficiales, fachadas frontales de ayuntamientos e incluso la sede de algunas empresas. El lazo rosa como unión de la Humanidad.
Como logotipo de firmeza, de valentía. De valor en femenino singular. Lazo rosa para miles, millones, perfiles de WhatsApp. Para signo en las solapas de las chaquetas. Sí, 19 de octubre: Día contra el Cáncer de Mama, incluido en un mes que la Organización Mundial de la Salud (OMS) dedica, íntegro, a la lucha contra este tumor.
Los datos no engañan: en España se diagnostican cerca de 25.000 nuevos casos al año de cáncer de mama y la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) es rotunda y directa con sus datos: "Podemos decir que una de cada ocho mujeres tendrá cáncer de mama a lo largo de su vida". Y precisamente por eso, por esta razón (que ha de ser de todos), cada año se celebra el 19 de octubre.
Lazo rosa como compromiso de la sociedad, sin excepción ninguna, contra este tumor. Pero… cabe preguntarnos: ¿Por qué un lazo y por qué color rosa? El lazo ya se ha consolidado como símbolo universal de apoyo a causas. A no pocas causas. A multitud de causas.
Lo que quizás no se conoce del todo es el hecho de que la primera vez que se utilizó fue en la conocida como 'crisis de los rehenes de Irán': una crisis que arrancó el 4 de noviembre de 1979 tras la Revolución Iraní en Teherán, donde fueron secuestradas 66 personas en la Embajada de Estados Unidos, a quienes los iraníes exigían que entregaran a Mohamed Reza Pahlevi, el último 'sha' iraní, en el exilio.
La situación no se solucionó hasta 1981, 444 días después, cuando Irán accedió a liberar a los rehenes tras la muerte del 'sha' —que falleció de cáncer—. Entre los rescatados estaba Bruce Laingen, jefe de la misión diplomática en Teherán, a quien su esposa, Penney, había apoyado en todo momento. A él y a todos los rehenes (53 estadounidenses) les mostró su apoyo de forma silenciosa con un lazo amarillo.
La cosa fue rodada. De muestra de apoyo en muestra de apoyo, llegó el famoso lazo a las manos de Charlotte Hayley, tiñéndolo entonces de color melocotón. Curioso cuanto menos. Y fue el que colocó junto a una tarjeta en la que se podía leer: "El presupuesto anual del Instituto Nacional para el Cáncer (de Estados Unidos) es de 1.800 millones de dólares y sólo un cinco por ciento se destina a prevención del cáncer. Ayúdanos a despertar a nuestros legisladores y a Estados Unidos vistiendo este lazo". Distribuyó miles de estas tarjetas, entregándolas en supermercados y enviándoselas por correo a las mujeres fuertes del país.
¿Qué ocurrió entonces? Pues que su iniciativa llamó la atención de Alexandra Penney, editora jefe de la revista 'Self' y quien, en 1992, estaba casualmente escribiendo sobre el mes de octubre y su homenaje a la lucha contra el cáncer de mama. Penney se puso en contacto con Hayley, pero ésta rechazó su idea: era demasiado comercial. Así que la revista sacó su propio lazo: el lazo rosa que ahora conocemos. He ahí el comienzo de todo.
Lo hizo además a través de una colaboración con la marca de cosmética Estée Lauder, que distribuyó un total de millón y medio de lazos entre sus usuarias. Después de esto, Lauder creó la Fundación de Investigación para el Cáncer de Mama, que ha donado más de 325 millones de dólares a investigación.
