Jorge Bustos ha analizado en “Herrera en COPE” el clima político que rodea el 47º aniversario de la Constitución española, una celebración institucional que Pedro Sánchez ha aprovechado —según el periodista— para “lanzar una ofensiva contra los nostálgicos y los herederos del franquismo” mientras evita responder sobre los escándalos que acorralan a su Gobierno. Para Bustos, este encuadre retórico forma parte de una estrategia ya habitual: convertir la referencia al franquismo en un muro defensivo que desvía la atención de los casos Salazar, Ábalos, Cerdán o los negocios familiares del presidente.
El columnista subraya la paradoja del discurso de Sánchez: “acusa de antidemócratas a quienes critica su gestión, cuando son precisamente sus socios —herederos de la antigua Batasuna y líderes del procés— los que han desafiado la Constitución que hoy dice celebrar”. Bustos afirma que el presidente ha demostrado “madera de autócrata”, no porque España se haya convertido en una dictadura, sino por “su estilo de poder”, una forma de ejercerlo “más propia de países latinoamericanos de baja calidad democrática” que de un jefe de gobierno europeo. Y añade: “Si no fuera por la UE y por las barreras internas de la democracia del 78, Sánchez ya habría traspasado líneas que hoy todavía no puede cruzar”.
Sánchez esquiva escándalos mientras agita el espantajo del franquismo
Para Bustos, la intervención del presidente durante el aniversario de la Carta Magna tuvo un único propósito: evitar hablar de Paco Salazar, el asesor de Moncloa acusado de acoso por cuatro mujeres, cuyas denuncias —según COPE— el PSOE mantuvo ocultas durante nueve meses. Tampoco había interés en responder preguntas incómodas sobre Ábalos, sus revelaciones públicas o sus contradicciones respecto a Sánchez, ni sobre las investigaciones pendientes de la Fiscalía, la UCO o los nuevos frentes judiciales.
En lugar de enfrentarse a la actualidad, Sánchez recurrió a un discurso “moralizante”, en el que presentó a la oposición como profetas del desastre que dicen que “España se rompe” o “se hunde”. Bustos recuerda que quienes han atacado la Constitución en las últimas décadas no han sido el PP o Vox, sino “los socios que hoy sostienen al presidente”. Ese contraste, señala, “explica por qué el discurso de Sánchez suena cada vez más hueco”.
Vox y PP se enfrentan en Extremadura y Sánchez es el único que gana
Bustos detiene su análisis en el punto más peligroso del panorama político: la reyerta abierta entre Vox y el PP en pleno inicio de la campaña electoral en Extremadura. Lo define como “una guerra civil dentro de la derecha” y advierte que el único interesado y beneficiado del enfrentamiento es Pedro Sánchez.
El caso de Extremadura es, para él, un síntoma preocupante:
- Vox se siente reforzado por las encuestas y exige gestos que el PP no está dispuesto a asumir.
- El PP, lejos de marcar la agenda, responde a las provocaciones y deja ver sus fracturas internas.
- La candidata popular, María Guardiola, y Santiago Abascal se han lanzado acusaciones que Bustos califica de “innecesarias y autodestructivas”.
El columnista cita un dato que considera decisivo: incluso en los mejores sondeos de Vox, el PP cuadruplica sus resultados, algo que deslegitima las exigencias del partido de Abascal para “imponer condiciones o pedir cabezas”.
Y lanza su advertencia central: “Cuidado con esta reyerta, porque puede convertirse en una gangrena que se extienda por el resto de España en 2026.”
Si la derecha se rompe, dice Bustos, Sánchez “solo tiene que sentarse a esperar”. El presidente, añade, ha convertido su supervivencia política en un arte: mientras sus socios se radicalizan, la oposición se divide, y él aparece como “el único beneficiario de una pelea ajena que no ha provocado, pero que le fortalece”.
Una democracia dañada que aún se sostiene por sus contrapesos
Bustos concluye que España no vive una dictadura, pero tampoco una democracia plena. Señala que Sánchez ha demostrado estar dispuesto a continuar en el poder sin presupuestos, sin mayoría parlamentaria y sin asumir sus responsabilidades políticas, incluso ante casos de corrupción o abuso de poder en su entorno directo.
El periodista recuerda que los grandes líderes europeos convocan elecciones ante sospechas graves, bloqueos institucionales o pérdida de apoyos. “Aquí ocurre justo lo contrario: Sánchez se aferra al cargo y utiliza las instituciones como escudo personal”.
El cierre de Bustos es tan político como literario: “Si el PP y Vox continúan enzarzados, Sánchez seguirá gobernando porque no existe resistencia unida para desalojarlo.”
Una lectura ácida y lúcida, en la línea del columnista, que vuelve a situar el foco no solo en los errores del Gobierno, sino en la incapacidad de la oposición para ofrecer una alternativa cohesionada.
