lunes. 23.03.2026

José Elías descubre la alta rentabilidad del cultivo de lechugas cultivadas sin tierra en Andalucía

El empresario visita en Almería New Growing System (NGS), proveedor andaluz de invernaderos y cultivos hidropónicos que multiplica la productividad con menos agua, menos mano de obra y más control
José Elías descubre en Almería la alta rentabilidad del cultivo hidropónico de lechugas sin tierra
José Elías descubre en Almería la alta rentabilidad del cultivo hidropónico de lechugas sin tierra

Andalucía no solo exporta fruta y hortaliza: también tecnología agrícola. José Elías aterriza en Almería para entrar en las tripas de New Growing System (NGS), una firma nacida al calor del Poniente almeriense que diseña, fabrica y explota sistemas hidropónicos capaces de abaratar costes, acelerar ciclos y garantizar suministro los doce meses del año. El objetivo del viaje es claro: poner números a la rentabilidad de la hoja “sin tierra”.

El modelo que enseña el equipo técnico —con Antonio Oliva al mando— rompe varios tópicos. La lechuga crece en una multibanda cerrada y opaca donde el agua fertilizada cae por niveles y se recircula; no hay encharcamientos, no hay algas, no hay obstrucciones de raíces y cada salto de agua oxigena la solución nutritiva. Resultado: raíces más potentes, ciclos más cortos y calibres más estables, incluso a la intemperie.

La visita encadena dos piezas que explican el negocio: infraestructura a coste ajustado (malla y automatización donde aporta valor) y procesos pensados para producir, no solo para vender hierro. Elías lo resume a su manera: “esto no es solo invernadero; es una fábrica de lechuga”.

Cómo funciona el cultivo de lechugas sin tierra (y por qué produce más)

El sistema de NGS se basa en una multibanda a varios niveles, con una cinta de riego autocompensante insertada por guía. El agua con nutrientes entra por la parte alta, humedece la zona de raíz y desciende en pequeños saltos a capas inferiores; lo que la planta no toma retorna por gravedad al depósito, se filtra y vuelve a impulsarse.

Sistema NGS

  • Oxigenación continua: los micro–saltos airean el agua y evitan la caída de oxígeno por temperatura.
  • Cero cuellos de botella: al no haber canal único, la raíz nunca bloquea el paso del agua.
  • Sin luz, sin algas: la banda es opaca a la radiación; no hay verdines ni pérdida de caudal.
  • Mantenimiento mínimo: ciclo a ciclo no se desmonta; un lavado a presión una vez al año basta.

Además, la banda llega pre–troquelada: si el productor quiere pasar de lechuga a albahaca, cilantro o perejil, abre puntos, cambia la densidad y no rediseña el cultivo. Cuando el objetivo es volumen, la solución trabaja al aire libre; cuando el cliente exige suministro todo el año, se entra bajo túnel o invernadero de techo retráctil (hasta 96% de ventilación efectiva), con líneas motorizadas que acercan la cosecha al operario y reducen hasta un 30% la mano de obra.

Las cifras que sostienen la “alta rentabilidad”

  • Densidad y ciclos: en túnel automatizado de hoja (como el pak choi) se opera a 15 centímetros entre plantas y entre líneas, con ciclos de 21–28 días y 10–12 vueltas al año.
  • Producción anual: casos reales en Almería reportan 3,4 millones de unidades por hectárea y año en pak choi; en lechuga, más ciclos y calibres más homogéneos.
  • Inversión ajustada: proyectos tipo de invernadero de malla automatizado se sitúan en torno a 1 millón de euros por hectárea, con estructura pensada para plantar, mover, cosechar y replantar sin tiempos muertos.
  • Mano de obra: una explotación de hoja automatizada trabaja con unos 38 empleados (incluye riego y mantenimiento) y un único mecánico de línea.
  • Agua y energía: reutilización por gravedad, depósitos enterrados, sin calefacción ni pantallas en los modelos de malla; coste hídrico y energético muy inferior al cultivo tradicional.

Versatilidad real: de lechuga a fresa, de brócoli a aromáticas

NGS nace de productores para productores. El diseño admite cultivos hortícolas más allá de la hoja: fresa (con sistema oscilante que crea pasillo de cosecha y triplica plantas por metro), tomate, calabacín o brócoli —imposibles o muy problemáticos en canal tradicional por obturación de raíces— y aromáticas a distintas densidades. El modelo se exporta (más de 25 países), pero se afina en Andalucía, donde el agua y la mano de obra mandan.

Seguridad de suministro: lo que piden los supermercados

“Págame algo más, pero no me falles”. Es la frase que transmiten las cadenas tras la pandemia. La respuesta es este túnel automatizado: llueva o ventee, la línea se mueve sola, se cosecha en continuo y se planta al vuelo. No hay ventanas cenitales ni climatización compleja: solo lo que aporta margen. Con un millón y medio de lechugas por ciclo en grandes bloques de producción, la curva de servicio se vuelve predecible.

La visita de José Elías a NGS en Almería deja una fotografía que interesa al productor y al retailer: una hoja “sin tierra” con menos agua, menos mano de obra, más ciclos y calibres estables. Andalucía no solo cultiva: industrializa el campo. Y ahí está la alta rentabilidad. ¿El siguiente paso? Replicar cerca del consumo para recortar el coste logístico de la hoja —y cerrar el círculo que convierte una granja en fábrica alimentaria.

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