¿Lavas el arroz antes de cocinarlo? Esta sencilla acción cotidiana puede tener más implicaciones de las que imaginas. La ingeniera en alimentos Mariana Zapién, conocida por su labor divulgativa en redes sociales, ha generado debate con una revelación tan directa como reveladora: lavar el arroz correctamente puede reducir hasta un 45% de su contenido en arsénico, un metal pesado presente de forma natural en el suelo y el agua.
Pero antes de que salten las alarmas, Zapién también aclara que no hay motivo de preocupación real: la cantidad media de arsénico en el arroz es tan baja —93 partes por billón— que tendrías que consumir más de medio kilo de arroz al día durante más de 4 años para que existiera un riesgo real para la salud. Su vídeo, ya viral en Instagram, ha abierto la puerta a una conversación más informada y serena sobre alimentación y seguridad.
La importancia de lavar el arroz
En sus vídeos divulgativos, Mariana Zapién detalla que lavar el arroz cumple varias funciones fundamentales: elimina polvo, exceso de almidón (que puede afectar a la textura del grano) y, sobre todo, metales pesados como el arsénico, un contaminante que se acumula en los campos de cultivo por el uso de aguas subterráneas.
Según diversos estudios científicos citados por la experta, lavar el arroz entre 3 y 5 veces puede eliminar hasta el 30% del arsénico presente. Y si además se cocina con una proporción alta de agua (similar a hervir pasta), el porcentaje de reducción puede ascender hasta el 45%, tal y como recoge la investigación publicada por Journal of Environmental Monitoring (Raab et al., 2009).
¿Debo preocuparme por el arsénico?
Zapién responde en su vídeo de Instagram con claridad a esta pregunta: no. Aunque la presencia de arsénico puede generar inquietud, la ingeniera insiste en que su concentración es tan baja que no supone un peligro para el consumidor medio. De hecho, indica que la cantidad detectada en arroz comercial está muy por debajo de los límites de seguridad alimentaria establecidos por organismos internacionales.
Entonces, ¿conviene lavar el arroz? Zapién responde con sentido común:
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Sí, si buscas un arroz más limpio y suelto.
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No, si prefieres un arroz más pegajoso, como el que se usa en sushi o postres.
Al final, dice, es cuestión de preferencia culinaria, no de miedo.
La ciencia detrás del lavado de los alimentos
La explicación que ofrece Mariana Zapién no es una opinión aislada, sino que se apoya en estudios de referencia. Investigaciones como la de Shahriar et al. (2022) y Zhao (2024) demuestran cómo diferentes métodos de lavado y cocción modifican la presencia de elementos como el arsénico o incluso minerales esenciales.
Estos trabajos señalan que la bioaccesibilidad del arsénico —es decir, la parte que realmente absorbe el cuerpo— también varía según la variedad de arroz, el origen geográfico y la forma en que se cocina. De ahí que prácticas como lavar, remojar y cocinar con abundante agua sean recomendables desde un punto de vista preventivo.
Un mensaje sereno y útil de Mariana Zapién
El gran mérito del contenido de Zapién es su tono equilibrado y didáctico. Lejos de sembrar alarmismo, ofrece información práctica y científicamente respaldada, algo poco común en tiempos de titulares exagerados. Su mensaje final en el vídeo lo resume todo:
“Ahora ya lo sabes. ¿Tú lavas el arroz?”
La publicación ha sido ampliamente compartida en redes sociales, no sólo por su contenido, sino porque plantea un hábito saludable desde la calma, el conocimiento y la ciencia.
