lunes. 23.03.2026

El platazo de churros y porras caseras que sale con solo 1 kilo de harina: jugosos y crujientes

Una receta tradicional que llena la mesa con el desayuno más castizo de todos
El truco del agua caliente que consigue churros más crujientes y porras más esponjosas
El truco del agua caliente que consigue churros más crujientes y porras más esponjosas

Pocos desayunos y meriendas despiertan tantas pasiones como un buen plato de churros o porras recién hechos. Con su aroma inconfundible, ese crujiente que se rompe al morder y la jugosidad de su interior, se convierten en el plan perfecto para arrancar el día con energía. Y lo mejor de todo es que, con una receta sencilla y muy pocos ingredientes, en casa se pueden preparar en cantidades generosas para compartir con toda la familia.

La diferencia entre churros y porras está en un detalle mínimo pero importante: mientras los churros solo llevan harina, agua y sal, las porras incluyen un poco de levadura química o bicarbonato para darles un extra de volumen y esponjosidad. Con 1 kilo de harina, esta receta permite sacar un plato impresionante de churros y porras caseras que, acompañados de chocolate caliente o café, hacen de cualquier mañana una auténtica fiesta.

Ingredientes de los churros y porras caseras

  • 1 kg de harina de trigo común
  • 2 litros de agua caliente + un chorrito extra
  • 1 sobre de polvo de hornear o bicarbonato (solo para las porras)
  • 1 cucharadita de sal
  • Aceite abundante para freír

Con tan solo cuatro ingredientes básicos y un poco de técnica, es posible conseguir una masa perfecta para dar forma a churros finos o a porras más gruesas y esponjosas. El agua caliente juega un papel clave, ya que ayuda a gelatinizar el almidón de la harina, lo que permite que la masa sea más elástica, se maneje mejor en la churrera y absorba menos aceite al freírse.

Preparación paso a paso de los churros y porras

  1. Calienta los 2 litros de agua con la sal hasta que esté muy caliente, pero sin llegar a hervir.
  2. Mezcla la harina con el sobre de polvo de hornear (solo en el caso de las porras).
  3. Vierte el agua caliente sobre la harina poco a poco y remueve con energía hasta formar una masa espesa y elástica. Si es necesario, añade un chorrito más de agua caliente.
  4. Introduce la masa en una churrera (nunca en manga pastelera, para evitar riesgos con el aceite caliente).
  5. Calienta abundante aceite en una sartén amplia y fríe la masa formando los churros o porras con la forma que prefieras.
  6. Dales la vuelta para que se doren por ambos lados y retíralos sobre papel absorbente.
  7. Sirve al momento, solos o con azúcar, miel o el tradicional chocolate caliente.

El secreto para que salgan crujientes por fuera y jugosos por dentro está en controlar bien la temperatura del aceite: debe estar muy caliente, pero sin llegar a humear, para evitar que se quemen por fuera y queden crudos por dentro. Siguiendo estos pasos, con 1 kilo de harina tendrás churros y porras suficientes para invitar a toda la calle.

Preparar churros y porras caseras es volver a la esencia de los desayunos de toda la vida, donde la cocina se llenaba del olor a masa frita y del sonido del aceite burbujeando. Una receta sencilla que demuestra que con ingredientes básicos se pueden conseguir momentos especiales en familia.

Este platazo ha sido elaborado por el canal Carnes y Fuegos, que en apenas un día ya suma más de 31.000 visualizaciones en YouTube con esta receta que rescata la tradición más auténtica de los desayunos españoles.

La historia de los churros y las porras españolas

Aunque hoy en día los churros y las porras se consideran un clásico de los desayunos españoles, su origen no está del todo claro. Algunas teorías apuntan a que fueron los pastores españoles quienes empezaron a elaborarlos como una alternativa sencilla al pan, ya que la masa se podía preparar fácilmente en el campo y freír en aceite sin necesidad de horno.

Venta de churros a pie de calle

Con el paso de los siglos, los churros se popularizaron en las calles de las ciudades, donde comenzaron a venderse en puestos ambulantes y churrerías. Su combinación con el chocolate caliente, introducido en España desde América en el siglo XVI, los convirtió en una pareja inseparable en las meriendas y celebraciones.

Hoy en día, los churros y las porras han traspasado fronteras y se disfrutan en países tan distintos como China, México o Estados Unidos, siempre con pequeñas adaptaciones locales. Sin embargo, nada se compara con el sabor y la tradición de los que se preparan en España, donde cada bocado sigue evocando esos desayunos familiares y ese ambiente de plaza con aroma a masa recién frita.

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