lunes. 27.06.2022

En las corridas concurso debe imponerse el sorteo de toros

Reflexiones para una sugerencia a la Administración competente en los espectáculos taurinos
Regatillo de Osborne
Regatillo de Osborne

En la fiesta de los toros un hombre (el Hombre) se enfrenta a la adversidad pero renunciando a toda ventaja que pueda ir en demérito de su hazaña y de su triunfo, si llega. El hombre y la fiera deben estar en la mayor igualdad que pueda caber en el enfrentamiento entre una fuerza salvaje de la Naturaleza y una inteligencia de un ser físicamente débil.

Esa igualdad sólo puede ser rota por la suerte, una suerte no buscada sino caída del Cielo. Por eso, antes de empezar el paseíllo los participantes en el rito se desean unos a otros que “Dios reparta suerte” y así arrancan para enfrentarse a su destino.

IV Veladas Taurinas
IV Veladas Taurinas

La suerte

La suerte marca todo el proceso del festejo. No en vano la misma palabra “suerte” es utilizada con más frecuencia que en otros ámbitos y en cada caso con un significado o un matiz distintos. Así, se habla de la suerte de varas, cargar la suerte, poner el toro en suerte, salirse de la suerte, la suerte de matar… y echar los toros en suerte.

El sorteo de la mañana, después de haberse formado los lotes, es uno de los momentos vividos con más nervios por parte de los protagonistas, los toreros o sus subalternos representantes. Es uno de los momentos en que más seriedad ponen los encargados de representar a la Administración en la ordenación del festejo.

Sin embargo, pese a la importancia del sorteo de los toros, debemos recordar que no siempre lo hubo. Es algo que fue evolucionando, como otras muchas cosas en los toros, y en la evolución está la pervivencia de la Fiesta. La primera vez que hubo un sorteo de toros fue el año 1896 y la primera vez que se recogió en el Reglamento taurino fue en el de 1900.

Picaresca de los ganaderos

Anteriormente a esas fechas los ganaderos marcaban el orden de salida al ruedo de los toros, en atención a que ellos los conocían bien por haberlos criado.

Sin embargo, ello daba pie a lo que podemos llamar picaresca. Si los toreros eran tres, el más joven, más desconocido para el público y para el ganadero, iba a recibir los dos toros teóricamente peores, pues los ganaderos habían caído en la costumbre de señalar los dos o tres mejores toros para salir en el orden que beneficiara a los dos toreros más próximos sentimentalmente o que más garantías daban de lucir sus toros, sin que faltaran las ocasiones en que los toreros que mandaban en el escalafón ejercieran presiones sobre los ganaderos para que asignaran un orden de lidia a su favor.

Esta anomalía había sido detectada mucho tiempo antes y muchos andaban disconformes con ese sistema pero nadie se atrevía a protestar y pedir combatirlo, pues los ganaderos, menos numerosos que hoy, eran muy poderosos hasta finales del siglo XIX (en su mayoría, eran nobles).

Sin embargo, ya el torero Curro Cúchares (nacido en 1818) manifestó su recelo o disconformidad y pidió que no fuera el ganadero quien tomara la decisión, aunque de momento el resto de profesionales consideraba impensable que el ganadero dejara de decidir el orden de salida de sus toros.

Azulejo de Desteñido
Azulejo de Desteñido

Mazzantini

Las quejas se renovaron con Mazzantini (nacido en 1856) y Reverte (nacido en 1870), que tenían que competir con las máximas figuras, ya declinantes, de Lagartijo (nacido en 1841) y Frascuelo (nacido en 1842) y luego con la gran figura de Guerrita (nacido en 1862).

Con este torero cordobés la inclinación de los ganaderos llegó a tal punto que el favorecimiento era inocultable a finales del siglo, al extremo de que el público de Madrid empezó a enfrentarse al segundo califa del toreo y le gritaban “mata-monas” mientras le arrojaban naranjazos y botellas. La respuesta del cordobés fue: “No toreo más en Madrid ni para el beneficio de María Santísima”. Su abuso de superioridad le acarreó la enemistad de todos los públicos al final de su carrera.

En una corrida celebrada en San Sebastián, el citado 1896, Mazzantini exigió el sorteo de los toros. A partir de ese momento tan solo Guerrita (que se retiraría en 1899) y Bombita (que lo haría en 1903) eran partidarios del orden señalado por el ganadero. Tras la retirada de Guerrita el sorteo ya fue constante, hasta incorporase al Reglamento.

A partir de ahí al ganadero si se le tenía en cuenta era sólo para escuchar sus referencias a la hora de hacer los tres lotes de toros, con el fin precisamente de que los toreros los formaran, y los formen, de la manera más igualada posible para luego ya meter las bolitas de papel en el sombrero del mayoral.

Luis Mazzantini
Luis Mazzantini

Corrida concurso

El sorteo de los toros como obligación reglamentaria quedó establecido definitivamente para España y para el resto de países con tradición de tauromaquia. Así quedaron las cosas hasta que llegamos a 1955 con el nacimiento de las corridas concurso de Jerez de la Frontera.

Fue el momento en que el ganadero don Álvaro Domecq Díez, alcalde a la sazón, le propone a Pepe Belmonte, empresario de la plaza, la idea de organizar en la septembrina Feria de la Vendimia una corrida en la que seis ganaderías presentaran sus mejores ejemplares para premiar al más bravo, dando especial importancia al tercio de varas y con la posibilidad de indultar a petición del público, con un permiso que aquel año consiguió del gobernador civil. Ambos escribieron en una cuartilla de papel, durante una velada campera, una serie de ideas que servirían como bases para regular el desarrollo de esa corrida.

En aquel entonces el indulto no estaba contemplado en el Reglamento vigente (el aprobado en 1930) y el nuevo Reglamento (el de 1962), aprobado a los pocos años tampoco lo iba a contemplar, aunque en 1969 salió una orden ministerial para permitir el indulto de toros en corridas concurso. A su sombra, en algunas corridas sin concurso de ganaderías empezaron a concederse indultos extrarreglamentarios sin permiso de gobernador alguno (como el del toro Comedia, lidiado por Emilio Muñoz en Algeciras en 1990).

No olvidemos que ya en el siglo XIX nos encontramos con distintos indultos, pese a lo dictaminado por el reglamento de Madrid (debido a Melchor Ordóñez en 1852): “El público no tendrá derecho a exigir que salga vivo del redondel toro que en él entre”. También los encontramos durante la primera mitad del XX. Mas sigamos con el sorteo, no sin antes reincidir en que la idea de Jerez sobre el indulto chocaba con la normativa.

En el comienzo de la redacción de las bases don Álvaro y Pepe Belmonte dejaron escrito que “los toros habrán de tener la edad adecuada de cuatro a seis años” y añadían que “no obstante, para que no se produzca fricción entre estas bases y el reglamento taurino, en el tablón se pondrá de manifiesto el peso bruto”. Es decir, entreveían alguna fricción y ponían en este punto un remedio.

A continuación, como segunda base, señalaban: “La antigüedad de las ganaderías participantes determinará el orden de salida de las reses al redondel”. Era volver a los tiempos anteriores a Mazzantini. Sin duda, el espíritu romántico e ilustrado de don Álvaro debió ser el que llevó a esa idea, tanto por volver a formas de un pasado sugerente, siquiera fuera en un caso tan concreto, como por realzar el papel de las ganaderías y de los ganaderos, para poner fin a un período de flaqueza y debilidad propio de la posguerra, tras la desaparición de tantas ganaderías ocurrida durante la Guerra Civil.

El protagonismo del toro en la corrida concurso se fortalecía, hemos dicho, con una atención especial al tercio de varas y por ello se exigía en las bases que “el toro ha de acudir al caballo tres veces por lo menos y el puyazo a toro corrido no cuenta. Cuando se estime conveniente elevar a más de tres pero la ejecución efectiva de puyazos extraordinarios pudiera ser contraproducente estas varas añadidas serán señalando sin recargar”. Es decir, no sólo el incumplimiento de las tres entradas al caballo inhabilita para optar al premio sino que se contempla como normal que el picador cite cuatro o cinco veces; en algún caso se llegó efectivamente a seis.

Las ideas y las normas de la corrida concurso de Jerez se trasladaron a otras plazas, como la de Salamanca, en 1967, o la de Madrid, en 1976 (y posteriores, con la Corrida de la Prensa), donde no desarrollaron una historia muy brillante. Tampoco en Jerez podemos hablar de una historia de éxito, lamentablemente, y a fecha de hoy es cosa del pasado.

Corrida de Toros Concurso En Jerez , Padilla, Enrique Ponce Y El Fandi. Feria del Caballo 2014
Corrida de Toros Concurso En Jerez , Padilla, Enrique Ponce Y El Fandi. Feria del Caballo 2014

Decadencia de las corridas concurso

Los primeros años, quizás la primera década, tras 1955 vieron una corrida concurso jerezana que despertaba interés entre los aficionados, con toros de concurso, que en algunos casos se ganaban el indulto. Mas llegó un momento en que el interés empieza a decaer y los toros no alcanzan fácilmente indulto.

En 1983 se traslada al ciclo de la Feria del Caballo, en mayo, y, en un ambiente de público festivo y ferial, se inicia una cuesta abajo de decadencia. Empiezan a venir toros sin presencia y toros, lo que es más grave, sin juego. Ya no se ponen tres varas a muchos ejemplares y los que las reciben quedan inútiles para la muleta. Empiezan, por tanto, a sucederse las corridas en que el premio al toro más bravo se queda desierto, lo que desembocó en el fin de las corridas concurso, en 1990, después de treinta y tres ediciones y con sólo siete toros indultados.

En 2014 hubo un intento de recuperar la tradición pero quedó en la solitaria y última hasta la fecha corrida concurso, cuyo premio fue para un toro de Jandilla y donde hubo toros que sólo fueron dos veces al caballo.

Una explicación

Ese mismo año de 2014 Jerónimo Roldán escribía en Diario de Jerez que “los grandes intereses de la fiesta dieron al traste con este tipo de corridas”. Más tarde, hace tres años, en septiembre de 2019, se celebró en el Hotel Jerez una velada taurina, organizada por la Fundación Cultura Taurina, con participación en mesa redonda de los toreros Luis Parra Jerezano, Francisco Ruiz Miguel y José Luis Galloso, los tres con historial de participación en las corridas concurso de Jerez y alguno con toro indultado y premiado con el Catavino de Oro.

En el turno de preguntas del público, un asistente se atrevió a preguntar a los componentes de la mesa si sabrían explicar la razón por la que las corridas concurso cayeron en decadencia y acabaron desapareciendo. Tras un intercambio de miradas entre los toreros, el desenvuelto y veraz Ruiz Miguel (como un nuevo Mazzantini) tomó la palabra y explicó lo que consideraba la razón, aclarando que era algo que no se hubiera comentado en muchas ocasiones; más bien en ninguna.

Picaresca de los toreros

Los primeros años de las corridas concurso hubo un interés por parte de los ganaderos en presentar buenos ejemplares y respeto por parte de los toreros a la hora de colaborar a que su toro alcanzase el premio. Pasado ese tiempo, como a las corridas concurso solían venir primeras figuras, no tardó en aparecer una picaresca que nos lleva a la situación que explicábamos más arriba para el siglo XIX.

Los toreros sabían de antemano qué dos toros y qué dos hierros le iban a tocar a cada uno, puesto que las ganaderías iban en el cartel ordenadas por fecha de antigüedad (la antigüedad se logra cuando se lidia una corrida completa en la plaza de Madrid), como se había decidido allá en 1955.

Las figuras, los toreros mandones, no tardaron en adquirir un hábito no confesable. Enviaban a su veedor o iban ellos mismos al campo para pedirle al ganadero que les mostrara el toro elegido para la concurso de septiembre. Si no les gustaba (y normalmente no les gustaba) pedían, o exigían, que lo cambiaran por otro con menos trapío y con menos cara que el que estaba reseñado desde enero o febrero. ¿Qué ganadero se podía resistir a la petición de una figura que mandaba en los ambientes? Los ganaderos no tenían ya el poder de aquellos que por el siglo XIX eran nobles.

Así pasó lo que hemos explicado anteriormente: toros sin presencia, toros sin casta, toros sin fuerzas… la decadencia del experimento.

Ruiz Miguel, Galloso y Jerezano
Ruiz Miguel, Galloso y Jerezano

La solución

Puede el lector imaginar acertadamente que los otros dos toreros presentes en la mesa redonda asentían mientras escuchaban y luego tomaron la palabra para decir, cada uno, que coincidían totalmente en lo expuesto por el que se atrevió a contar lo que otros quizás no se habían atrevido antes. ¿La solución? La propusieron los tres al unísono: los toros debían entrar en sorteo y suprimir el orden de salida por antigüedad de las ganaderías, como, por cierto, ya se ha hecho en Las Ventas en corrida concurso. El aplauso restalló en la sala como siempre que se escuchan cosas sinceras y de verdad.

En el año 2020, a principios, el torero Morante de la Puebla tuvo la idea de resucitar la corrida concurso de Jerez con el requisito de usar unas puyas especiales (diseñadas por Julio Fernández y Manolo Sales), con las que el toro sangra menos y puede acudir al caballo más veces, para lo cual necesitaba un permiso especial de la Junta de Andalucía, que accedió. Se procedió incluso a reseñar el total de toros a lidiar, uno por cada ganadería. Sin embargo, en éstas llegó el coronavirus.

La Administración debe poner orden

Ahora, en 2022, la empresa de Matilla ha retomado la idea y ha programado para el mes de julio una corrida concurso, con esa nueva puya. Suponemos que la regulación oficial que la Junta de Andalucía prevea para este evento tendrá en cuenta las bases que elaboró don Álvaro en 1955. Ahora bien, éste es el momento de pedir que la Administración suprima el orden de salida de los toros por la antigüedad del hierro e imponga el sorteo de los animales, siguiendo la propuesta de Jerezano, Ruiz Miguel y Galloso. O sea, que imponga orden.

En 1900 el Reglamento incorporó como obligatorio un sorteo de reses que hasta entonces no se hacía o no se consideraba obligatorio. Había que eliminar una puerta a la picaresca que se producía en todas las corridas. Si, por nuestra parte, suprimimos la puerta a la picaresca en las corridas concurso podremos pensar en su resurrección efectiva. Si no, volveremos a repetir el mismo error y el experimento fracasará de nuevo. En la evolución está la pervivencia de la Fiesta. Tomemos, para cerrar, la palabra al poeta Gerardo Diego: la suerte o la muerte.

En las corridas concurso debe imponerse el sorteo de toros