Ibon Navarro no es un recién llegado. Eso nadie puede ponerlo en duda. Desde que aterrizó Málaga en 2022, ha ido convirtiendo al Unicaja Baloncesto en una fuerza europea. Al frente del club de Los Guindos ha levantado, entre otros trofeos, dos Basketball Champions League y dos Intercontinentales. Sin embargo, esta temporada 2025/2026 se presenta como una prueba distinta. Ya no basta con mantener el nivel en la élite, toca reinventar y reconstruir un vestuario con caras nuevas.
A esos títulos se une, además, la regularidad en la Liga ACB y una comunión con el pabellón Martín Carpena que recuerda a los mejores momentos del Unicaja Baloncesto. En cambio, ahora todo eso se ha convertido en un arma de doble filo. La exigencia ha pasado a ser máxima y cualquier tropiezo genera ruido y abre debates.
La reciente derrota en la semifinal de la Supercopa ACB frente al Valencia por 93-87 dejó más que números: reveló esas dudas. Los porcentajes de triples y tiros libres flojos, algunas pérdidas decisivas y la falta de ritmo mostraron que el equipo no está exento de fallos. Además, Navarro lo sabe, y también sabe que no puede permitirse empezar el curso tambaleándose.
El Unicaja Baloncesto arranca la temporada con dudas
De hecho, fue el propio entrenador cajista quien, después del partido ante los valencianos, reconoció que el equipo, hace un año, estaba "bastante mejor a estas alturas". Asimismo, la situación de este curso no es ni de lejos la misma que en el pasado.
La adaptación de los nuevos fichajes todavía está en proceso. El técnico no ha ocultado que espera más de ellos en cuanto a intensidad y lectura táctica y, mientras tanto, recurre a los veteranos para mantener la identidad competitiva.
Cabe decir, además, que la presión viene también desde fuera. En la Costa del Sol nadie oculta que este es un año clave. La afición cajista se ha acostumbrado a ganar y cada vez pide más. Es por ello que club ha invertido en mantener un bloque de calidad y en reforzarse, y espera que la respuesta sea inmediata.
Presión añadida del Martín Carpena
Consciente de toda esta situación, así como de las expectativas de los seguidores cajistas, Navarro ha pedido paciencia, pero lo cierto es que sabe que el margen es reducido. En la ACB no se perdonan tropiezos y en Europa cada detalle cuenta.
La situación no es sencilla, ni mucho menos. Repetir los éxitos recientes no depende solo de talento, sino de gestionar un calendario cargado, posibles lesiones y la integración de jugadores con roles distintos. Unicaja ya no juega para ser sorpresa, lo hace para confirmar que pertenece a la élite.
🏀 El @bilbaobasket, para abrir la #LigaEndesa en el Carpena
— UnicajaCB (@unicajaCB) October 2, 2025
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Un nuevo reto para un Unicaja Baloncesto en pleno crecimiento
Por lo tanto, el técnico vitoriano tendrá que encontrar pronto la fórmula para equilibrar minutos, dar confianza a los nuevos y sostener la intensidad defensiva que ha caracterizado al Unicaja en los últimos dos años. De igual modo, tendrá que decidir si apuesta por quintetos más dinámicos o por mantener la estructura clásica, en función del rival.
Lo que se le exige, en el fondo, es que mantenga el hambre competitiva de un grupo que ya lo ha ganado casi todo. Ese suele ser el reto más complejo, lograr convencer a jugadores y afición de que siempre hay un peldaño más que escalar.
Con todo eso, la campaña 2025/26 puede marcar el rumbo de Navarro en Málaga que pasa por dos opciones: o la consolidación total de un ciclo ganador, o el inicio de un desgaste inevitable tras la presión acumulada. El vasco tiene la experiencia y la credibilidad para salir reforzado, pero necesita que los resultados acompañen pronto.
En lo que respecta al Carpena, por ahora, sigue creyendo. El banquillo de Ibon Navarro es un laboratorio de exigencia, aunque también una oportunidad. Si da con la tecla para ensamblar de nuevo un bloque fiable, el Unicaja volverá a estar en la pelea por todo.
