lunes. 23.03.2026

Política y ética no van de la mano

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, en el Congreso de los Diputados
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, en el Congreso de los Diputados

La forma efectiva pero poco "ética" de hacer política del presidente, señor Sánchez, es digno de estudiarse en Ciencias Políticas y Psicología. No podemos negar la eficacia de la estrategia política de nuestro presidente como efectiva, que lo es.... pero también podemos decir que es una forma poco ética de mantener el poder, que también lo es, una política hasta ahora no utilizada en toda su expresión por ningún líder político de nuestro país.

Desde mi percepción de politólogo de las aceras, creo que es una nueva forma de hacer política que se podría analizar desde la politología y desde la psicología.

Desde las ciencias políticas, la efectividad de un líder político como Pedro Sánchez puede evaluarse en términos de su capacidad para mantenerse en el poder, implementar políticas y manejar coaliciones en un sistema parlamentario complejo como el español. Sánchez ha demostrado una notable habilidad para navegar en crisis políticas, formar alianzas estratégicas y mantener el liderazgo del PSOE, incluso en contextos de alta polarización y fragmentación política. Sin embargo, la falta de ética surge frecuentemente en relación con las tácticas empleadas para lograr estos resultados, es capaz de ceder poder del Estado y discriminar unos ciudadanos de otros solo por haber nacido en regiones donde el interés, su interés, queda fuera de las mesas de negociación de Waterloo.

Podríamos describir a nuestro Presidente como un político que prioriza la "ética de la oportunidad" sobre la "ética de la convicción" o la "ética de la responsabilidad" propuestas por Max Weber. La ética de la convicción se centra en la fidelidad a principios, mientras que la ética de la responsabilidad prioriza las consecuencias de las acciones. La ética de la oportunidad, en cambio, implica aprovechar coyunturas para consolidar el poder, lo que algunos críticos asocian con un enfoque maquiavélico, ya he escrito un par de artículos relacionando a Sánchez con Maquiavelo y su obra del Príncipe, donde el fin (mantenerse en el poder) puede justificar medios cuestionables.

Entre sus logros políticos está su capacidad para formar coaliciones con partidos de ideologías opuestas (como Podemos, Sumar y partidos nacionalistas) o su uso de decretos-leyes para gobernar sin presupuestos aprobados, lo que podemos considerar antidemocrático. Estas tácticas, aunque efectivas para mantener la estabilidad de su gobierno, se puede criticar por priorizar intereses personales o partidistas sobre el bien común, gobernar para todos y no para unos cuantos.

Podríamos también citar que la política, según Aristóteles, es el arte del bien común, y la ética política exige que los líderes actúen con transparencia y responsabilidad hacia los ciudadanos. Sin embargo, vemos una y otra vez que Sánchez ha utilizado recursos públicos para fines partidistas o personales y manejado a instituciones de manera que benefician su posición política. Es verdad que no son practicas ilegales pero si alimentan la percepción de un déficit ético en el uso de las mismas.

Desde la ciencia política, la legitimidad de un líder depende de su capacidad para representar los intereses del pueblo y respetar los principios democráticos, como la separación de poderes y la transparencia. Podemos comprobar de que nuestro presidente gobierna "al dictado" de figuras como Carles Puigdemont o de que ha pactado con partidos independentistas para mantenerse en el poder me hace plantearme preguntas sobre si su enfoque compromete los valores democráticos en favor de la supervivencia política.

Desde la psicología, especialmente la psicología política, el análisis se puede centrar en los rasgos de personalidad, el comportamiento y la percepción pública de Pedro Sánchez como líder, un líder con rasgos asociados a la "triada oscura" (narcisismo, maquiavelismo y psicopatía). 

Su uso de técnicas de manipulación como el "gaslighting" para desviar críticas o cuestionar la percepción pública de la realidad es notorio, como notoria es su constancia en querer enmudecer a instituciones o poderes a toda costa; jueces, periodistas y la UCO en estos días son diana de la Santa Inquisición, su aparato de exterminador.

Nuestro presidente ha demostrado habilidad para controlar los tiempos y la narrativa mediática, lo que podemos interpretar como una forma de manipulación psicológica de la ciudadanía y efectiva por sus resultados. Su uso de gestos simbólicos, como pedir disculpas públicas en situaciones específicas (inspirado en líderes como Barack Obama), puede interpretarse como un intento de proyectar empatía y responsabilidad, aunque la oposición lo vean como una táctica para desviar críticas. Esto refleja lo que Gustave Le Bon describe como la "psicología de las multitudes", donde el líder debe ser "encantado" para encantar a los demás. La percepción de Sánchez como vengativo o manipulador puede ser un reflejo de esta dinámica, donde su estilo genera lealtad en unos y rechazo visceral en otros. Volviendo a Maquiavelo, la tensión entre ética y efectividad en política es un tema clásico. Nicolás Maquiavelo argumentaba que la política tiene su propia moral, distinta de la ética cotidiana, donde el éxito político puede justificar medios cuestionables. Lo que no sabemos ni podemos predecir los politólogos es si esta "nueva forma de hacer política" ha venido para quedarse en nuestro país o será pasajera y sustituida por aquella política de políticos con intereses generales y no particulares, el tiempo lo dirá....mientras tanto, la UCO sigue tejiendo redes pese a estar en la diana gubernamental.

Política y ética no van de la mano