En la actualidad, vemos elecciones tras elecciones vemos como el voto ideológico se ha convertido en una reliquia en peligro de extinción solo utilizado por románticos de la política. Antaño, los ciudadanos solían votar en función de sus convicciones políticas, valores, status social y cultural, apoyando a partidos que representaban sus ideales o se veían representados por los fines del mismo y discurso de la estratificación social. Sin embargo, en la era de la política mediática y la polarización, el voto ideológico ha perdido fuerza frente a otros factores como la imagen de los candidatos o las estrategias de comunicación. Los programas electorales han dejado paso a las frases con impactó y a la empatía con el discurso del candidato.
Aquellos que aún defienden el voto ideológico lo consideran como la base de la democracia, ya que refleja la voluntad de los ciudadanos de elegir representantes que defiendan sus intereses y principios. Estos "románticos" del voto ideológico creen que es fundamental para mantener la coherencia y la transparencia en el sistema político, pero el uso y abuso de la política por algunos líderes, la corrupción, el clientelismo y la deriva de muchas familias a la vulnerabilidad social ha hecho que la desafección ciudadana crezca a pasos agigantados empezando a difuminarse el sentimiento ideológico.
La política mediática ha transformado la forma en que los ciudadanos perciben a los políticos y los partidos. Las campañas electorales se han vuelto más centradas en la imagen y la comunicación, relegando a un segundo plano las propuestas ideológicas. Los discursos simplificados y polarizados han contribuido a debilitar el voto ideológico, favoreciendo la volatilidad del electorado no sujeto elección tras elección a estándares de coherencia ideológica más allá del castigo y apoyo fuera de toda norma hace unos años, hoy el mismo ciudadano y en elecciones distinta es capaz de votar a la extrema izquierda o derecha, da igual, su creencia en la clase política no va más allá al impacto del discurso realizado por hábiles tocadores de flautas encantadas.
En un contexto político marcado por la superficialidad y la polarización, es fundamental reivindicar el voto ideológico como una herramienta para fortalecer la democracia instando a la ciudadanía a no te dejarse llevar por las estrategias mediáticas y recordando que sus convicciones y valores son fundamentales a la hora de elegir a sus representantes. Tarea difícil en estos momentos de hartazgo ciudadano por la medida de nuestros representantes y falta de soluciones a los problemas de está sociedad, esto sumado a otros ítems religiosos, delictivos, sexuales y étnicos hacen que el voto del hartazgo y desafección se decline por el uso del voto en apoyo de nuevos oradores con discursos cortos y de impacto social.
Hemos podido comprobar en estos comicios europeos como Alvise, el Milei español, y su proyecto se acabo la fiesta, ha obtenido un amplio apoyo del electorado sin ni siquiera fragmentar el voto del espectro político donde lo podríamos ubicar, estos es un signo más de que ha recibido votos de izquierda y derecha de ciudadanos cabreados con la política, pero sobre todo, con nuestra clase política y el anclaje ideológico. Alvise, un proyecto sin proyecto y sin programa electoral que se pueda valorar por el electorado, ha dado la campanada de que algo está cambiando en el electorado, esto requiere un profundo análisis y hoja de ruta si los partidos tradicionales quieren seguir con su hegemonía
