El campo andaluz siempre se ha enfrentado a desafíos como la sequía o el granizo. Las condiciones climáticas han sido caprichosas durante milenios, y esto es algo que no cambiará nunca. Sin embargo, el clima está endureciendo estas condiciones durante los últimos años, y se espera que la próxima década sea cada vez más difícil para los agricultores andaluces. En el centro de todas las miradas se encuentran el cambio climático y el calentamiento global.
El sur español es una de las áreas del mundo que presumiblemente se verán más afectadas por estos fenómenos en los años que están por venir. Las temperaturas extremas del verano se acentuarán durante los próximos años, y a su vez pueden venir acompañadas por fuertes episodios de lluvias torrenciales como la reciente DANA que tuvo lugar en Valencia. Estos desafíos, además, vienen acompañados de otros como la falta de fertilizantes.
La aridez de la tierra
Comencemos por este último aspecto. Los fertilizantes permitieron un incremento drástico de la producción agrícola a nivel global cuando se extendió su uso durante el siglo XIX, y han sido clave para el gran 'boom' poblacional que está experimentando el planeta desde entonces. Los fertilizantes permiten restablecer los minerales en la tierra y cultivar de forma continua los campos, además de facilitar el crecimiento de cultivos mucho más ricos en nutrientes.
El problema es que algunos fertilizantes –particularmente los que dependen del fósforo– son cada vez más difíciles de encontrar. Los grandes yacimientos de fósforo a nivel global están muy concentrados en unos pocos países. Y, para empeorar las cosas, buena parte de los fertilizantes que utilizábamos en el campo andaluz provenían de Rusia, pero ahora se han encarecido debido a la invasión de Rusia a Ucrania.
España sencillamente no dispone de yacimientos de fósforo relevantes para paliar estas carencias. Sin embargo, el uso de herramientas como un valorador Karl Fischer permite analizar la composición mineral del sustrato para determinar hasta qué punto estos fertilizantes son necesarios. En algunos casos la tierra dispone de suficiente fósforo y solo requiere de fertilizantes basados en nitrógeno, potasio o magnesio, lo que abarata su importación.
Las temperaturas extremas
Otro problema son las temperaturas extremas a las que estamos acostumbrándonos verano tras verano. Estas temperaturas disparan todas las alarmas de los agricultores, sobre todo si consideramos que no se puede hacer mucho para paliarlas. El clima es incontrolable, pero, al menos, ciertos cultivos pueden medrar en un entorno controlado de forma local, ya sea a través de invernaderos o de granjas cerradas con temperatura controlada.
Una de las posibles soluciones a este problema viene de la mano de las granjas hidropónicas, que no solo pueden construirse en entornos de temperatura controlada, sino que además requieren de mucho menos sustrato y permiten el cultivo en varios niveles de altura. Esto implica que la misma área puede producir cinco o incluso diez veces más cultivos que en un campo tradicional, lo que se traduce en unas ganancias importantes.
La hidroponía también tiene la ventaja de reducir la dependencia con los fertilizantes. En los cultivos basados en sustrato, buena parte de los fertilizantes se pierden con la lluvia o la erosión del viento, pero los cultivos hidropónicos funcionan con un circuito de agua que circula de forma cerrada. Los nutrientes se depositan en esa agua y nunca se desaprovechan. Si una planta no los necesita, los absorberá la siguiente.
La escasez de agua en España
La hidroponía también es una gran solución para los problemas de escasez de agua, porque, de nuevo, el agua empleada para los cultivos no se filtra en el sustrato. No se desaprovecha ni una sola gota de agua. Si una planta no necesita beber en un momento dado, el agua sencillamente continuará circulando repleta de nutrientes para que cualquier otra raíz la absorba en cuanto le resulte necesario.
Este ahorro de agua puede combinarse con sistemas de extracción y depuración del agua marina. Hay más de 700 desaladoras en España, y se espera que esta cantidad aumente en los próximos años como solución a los continuos problemas de sequía que se están experimentando en distintos puntos del país. El año pasado todas las miradas estuvieron puestas en Cataluña, pero solo es cuestión de tiempo que la sequía llegue de nuevo al sur.
Cuanto antes se extienda el número de desaladoras operativas en Andalucía, mayor será la seguridad hídrica que tendremos en la región, y más fácil resultará el riego de nuestros cultivos. La desalación, combinada con diferentes formas de ahorro y reutilización del agua, puede garantizar la producción agrícola durante los próximos años a pesar de las dificultades de un clima cada vez más hostil.
