miércoles 25/5/22

Ana Mari salía a las tres de la tarde de Tarifa y llegaba a Tánger en seis horas y cinco minutos, después de nadar 17,5 kilómetros. Su reto consistía en cruzar nadando el estrecho tocando tierra al salir y volviendo a tocar tierra al llegar a Tánger, no fue nada fácil porque en el último tramo una corriente no la dejaba avanzar por lo que su esfuerzo fue mucho mayor.

Durante el trayecto podía comer y beber pero sin rozar el barco que la acompañaba. La Asociación de Cruce a Nado del Estrecho de Gibraltar (ACNEG) la acompañó en este desafío.

Ana Mari fue diagnosticada de fibromialgia hace dos años y la natación se convirtió en una rutina que la ayudaba a aliviar sus dolorosos síntomas. Cuando cerraron la piscina a la que iba se animó a nadar y ya nunca lo dejó. Y entonces le surgió la idea de cruzar a nado el Estrecho como una forma de llamar la atención y de sensibilizar a la sociedad sobre la fibromialgia.

Solo una semana antes de lanzarse a conseguir este reto Ana Mari estaba ingresada en un hospital medicada con morfina para calmar sus fuertes dolores, lo cual nos da idea de la magnitud de su enfermedad.

Ana Mari Romero Cózar, enferma, se dispuso aponerse a prueba a sí misma y va enfrentarse al reto de cruzar el Estrecho a nado desde Tarifa a Tánger para hacer visible a todo este devastador mal. La nadadora indicó, el reto "no es deportivo. Es personal. He cruzado el Estrecho por la fibromialgia".

"Me la diagnosticaron en mayo de 2016. Antes la tenía pero no lo sabía. No sabía el nombre que se le daba a lo que me estaba pasando", asegura.

Afirma que entró en un brote "sin tregua" que le duró un año y ocho meses, con más de 100 síntomas. "Estoy acostumbrada al dolor. Mi umbral para el dolor es muy alto", explica con sencillez.

Lo cierto es que al principio creía que sus problemas se debían a la columna vertebral. Iba de un médico a otro. Sufría dolores, insomnio, ansiedad, depresión, fatiga crónica... Pero también hipersensibilidad a la luz, al ruido, al tacto, intolerancia alimentaria, náuseas, dolores insoportables... "Esto es un horror", explica.

También añade que la enfermedad "produce un deterioro cognitivo. Ahí lo acusé mucho. Te produce pérdida de la concentración, se te traba la lengua, confundía las palabras...". Por si fuera poco, la fibromialgia le provocó problemas de vista. "Tengo tres gafas distintas y en realidad ninguna me sirve". Quizá lo peor es el dolor de cabeza: "lo único que deseas es que te arranquen la cabeza de cuajo. Pero la lista de síntomas es interminable".

Nadie lo diría, a juzgar por su apariencia externa y por el tono muscular que ha adquirido, nadando, luchando contra corrientes e incluso entrenando en medio de temporales. Después de un año y ocho meses prácticamente sin poder salir de su casa, se marcó el reto: cruzar a nado el Estrecho de Gibraltar.

“El mensaje que quiero transmitir es que la gente que no sepa lo que es la fibromialgia -la ‘fibro’, dice a veces- la conozca un poquito y a prenda a ser respetuosa con las personas que la tienen. Y para que los que la tienen, que existe una 'lucecita'. Al igual que yo he encontrado la fuerza en el agua, ellos pueden encontrarla en otro lugar. Que no se rindan, que sigan buscando”, expresa con la convicción de quien es una luchadora nata que ha encontrado el camino.

“Empecé a nadar en agosto del año pasado y comencé los entrenamientos en septiembre. Algo más de 6.000 metros diarios. He pasado todo el invierno en el mar, coincidiendo con temporales. No te puedes preparar para cruzar el Estrecho si entrenas cuando el mar es un plato". Durante el entrenamiento ha hecho lo que ella denomina 'tiradas largas', de 7.000 y 8.000 metros.

Hizo el trayecto, acompañada de una embarcación, algo alejada pero visible, que le fue marcando la travesía a seguir. Pero también tuvo cerca una Zodiak, para avituallamiento y por su propia seguridad.

Su referencia es un gran deportista "y mejor persona". Es José Antonio Carracao. "Ha sido mi motivador. Es el causante de que me haya metido en esta historia. Él es mi mentor. En todos los momentos de debilidad no me ha dejado rendirme". Al preguntarle su edad afirma: "tengo 45 años, pero en realidad por dentro estoy hecha una porquería", señala sin complejos.

Esta mujer es psicoterapeuta y asegura que seguir aferrándose a su trabajo es lo que le ha hecho seguir adelante, además del mar, “cuando notas que tu vida se derrumba”. Lo cierto es que Ana Mari Romero Cózar es todo un ejemplo de valentía, de superación, de que teniendo fuerza de voluntad es posible vencer. Y ella, con su sonrisa, es la prueba.

Cruza el estrecho a nado para sensibilizar a la sociedad sobre la fibromialgia