lunes 16/5/22

¿Está siendo adoctrinado ideológicamente OT 2018?

Analizamos las pruebas de la evidencia de una moralina impropia de un programa apolítico

Con el nombramiento de la nueva cúpula de RTVE -y la toma de riendas a mano de Rosa María Mateo- la espiral de cambios -de destituciones, de permutas, de incorporaciones- no se hizo esperar. Acaso no se esperaba tanta transformación en la parrilla de salida. Las polémicas, naturalmente, propiciaron la causa-efecto. Posiblemente por el talante “dedocrático” -los archifamosos dedazos- e inmediato de las decisiones adoptadas de modo además irrevocable.

Cayeron de la programación, de la noche a la mañana, programas tales ‘Amigas y conocidas’, presentado por Inés Ballester, así como el conocidísimo y muy seguido ‘Saber vivir’, dirigido por la periodista Macarena Berlín. ‘Saber vivir’ quedaba cancelado tras veinte años en parrilla.

Paralelamente ya se oían rumores, posteriormente confirmados, de que el exitoso ‘Historia de nuestro cine’ en la 2 ya no proyectaría una película española diaria, de lunes a viernes. Para descontento y asombro de los miles de cinéfilos acérrimos a estas emisiones en la franja nocturna que de alguna forma revalorizaba el cine de España desde tiempos inmemoriales a nuestros días.

Hubo más lápices rojos sobre el índice programático. ‘Hora punta’, el espacio de información y debate de Javier Cárdenas, también fue ¿vetado? A juzgar por la reacción de Cárdenas todo apunta a esa dirección. E incluso a esa intencionalidad. La caída de ‘Hora punta’ estalló en cólera a través de las redes sociales. Metafóricamente se cercenó la cabeza de Javier en un amén. Jamás se atisbó ni de lejos ningún contenido de índole político. No existieron tratamientos de posicionamiento de siglas. Además el late night contaba con un agradecido apunte de audiencia.

No todo quedó ahí. Hubo más. Bastante más. Más bailes de rostros. Más cambios. Más ceses fulminantes. Por ejemplo, otras salidas directas fueron las de José A. Álvarez (ex director de informativos), Sergio Martín (ex presentador ‘Desayunos’), Jerónimo Fernández (TD Matinal), Víctor Arribas (‘La noche en 24 horas’), Jenaro Castro (‘Informe Semanal’), Pedro Carreño (TD Fin de Semana) y Jesús Álvarez (Deportes TD2).

La nueva temporada fue anunciada bajo un halo de cierto aperturismo democrático tras la toma de posesión de Rosa María Mateo. Sin tacha de significación política. Sin embargo los ceses ya evidenciaban una forma de hacer. Un modus operandi. A esta latente hay que añadir las pruebas de la evidencia de una imposición de ideas en los contenidos programáticos...

La prueba del algodón la hemos atisbado, la hemos descubierto, en los contenidos extramusicales de la actual edición de Operación Triunfo, de OT 2018. El talent show ha sido contaminado, ¿para bien o para mal?, por un tufo de imposición teledirigida -e impuesta presuntamente por la cúpula- en cuanto a cierta progresía mal entendida forzada por los partidos que activaron la tan cacareada moción de censura en el Gobierno de España.

Por primera vez en la larga historia de Operación Triunfo el presentador se las ve y se las desea -pero no cabe otra, Pedrín- que estar pronunciando constantemente “ellos y ellas”, “los alumnos y las alumnas”, “los profesores y las profesoras”. No nos toca, aquí y ahora, redundar en un estéril debate de precisiones de género cuando además, por activa y por pasiva, la Real Academia de la Lengua ha explicado el porqué estos desdoblamientos de las palabras resultan “artificiosos e innecesarios” desde el punto de vista lingüístico.

Incluso algún alumno -Miki en concreto- casi cae en la falta de suprimir el “nosotras” cuando se refirió al último dueto musical que, en la gala 4, protagonizó con María. “Nosotros no hemos querido… ¡Bueno, nosotros y nosotras!”, refiriéndose únicamente a María y a él. Que en las galas emitan cortes secuenciales de la vivencia de los jóvenes alumnos en la Academia parece lógico según la escaleta tradicional de OT. Y aceptable. E incluso agradecido de cara al espectador. Ahora bien…

Ahora bien, sí, que en dichos cortes prevalezcan discursos metidos con calzador de parte de algún alumno ya se nos antoja cuanto menos postizo. En la imposición de un populismo innecesario. ¿Es necesario forzar a un joven aspirante a artista a señalarse ideológicamente? ¿A cuento de qué este adoctrinamiento ideológico en un formato que se presume apolítico?

¿Es imprescindible que un alumno además varón suelte una perorata tanto durante la convivencia semanal en la Academia como en el plató de la celebración de la gala exaltando el feminismo como condición sine qua non de una sociedad democrática? Y no confundamos el atún con el betún porque ni por asomo estas líneas se posicionan ni a favor ni en contra del feminismo. ¿Pero casa y calza este discurso en un programa como OT?

El tan traído y llevado asunto del mantenimiento o no de la palabra “mariconez” -incluida en la letra original del tema ‘Quédate en Madrid’ de Mecano y escrita hace treinta años por José María Cano- y la propuesta de la alumna María -una de sus intérpretes de la semana, junto a Miki- de cambiarla por “estupidez” es otra prueba patente de las polémicas superfluas -y antaño impensables-sobre este asomo de moralina demagógica inyectada en un programa donde tan sólo ha de prevalecer el talento, la formación de la virtud personal, la convivencia, el arte musical, la ilusión, la neutralidad y cierta dosis de inocencia.

José María Cano prohibió a rajatabla adulterar la letra original de la canción. De esta “maravillosa” letra que encarna una historia de amor. Sin embargo la reivindicación de la “triunfita” generó una polémica cuasi nacional durante los días precedentes a la interpretación de ‘Quédate en Madrid’. ‘Mariconez’ no estaba contextualizada hace tres décadas, en la intención del autor ni en el contexto de la letra, sobre ninguna pulsión insultante. Eso es buscarle tres pies al gato. Su significante adquiría un sinónimo bien diferente.

Con todo y con eso, y zanjada la opción por Cano y por la Academia, la aceptación no fue asumida con decoro. Aún se especulaba que tanto María como Miki, en un previsible “heroico” acto de rebeldía y reivindicación, pronunciasen in situ el “mariconez” de marras a pie de escenario. A pesar de las posibles sanciones. Hasta se barajó la tentativa de que, como así sucede en los grandes conciertos de multitudes, los artistas, llegado el punto señalado, bajasen los micros hacia el público y que fuese éste, como relativo y discutible símbolo del pensamiento general, optara por pronunciar “mariconez” o “estupidez”.

No fue así, sino mucho peor. Los alumnos interpretaron la canción tal cual, pero con una vitola de mártires forzados. Y, tras la culminación de la actuación, fue el público el que, sospechosamente y en un gesto orquestado de lo más antinatural, prorrumpió a coro y al unísono a vitorear la reclamación de “¡estupidez!, ¡estupidez!, ¡estupidez!”. ¿Todos los miembros del denominado público pensaban tal que así? A más inri, y contra todo pronóstico, María fue proclamada la favorita de la semana (salvándose así del dictamen del jurado).

¿Está siendo adoctrinado ideológicamente OT 2018?
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