"Me llevaban a un chalé para que gente importante me viera desnuda"
La reveladora historia de la explotación física que sufrió Marisol
Espeluznante. Intrigante. Desafiante (a pitón pasado). Han salido ahora unas declaraciones que levantan polvareda no sólo en la prensa del corazón. Una revelación -¿basada en hechos reales?- que Marisol contó a Francisco Umbral al hilo de una biografía de la artista que finalmente, por hache o por be, no vio jamás la luz. ¿Dónde se guardan estos entrecomillados de la niño prodigio de la España de entonces?

Las declaraciones están guardadas en la Fundación Umbral, aunque ahora ha dado cuenta de ellas la revista ‘Vanity Fair’ en un número que saldrá publicado el viernes 19 de noviembre de 2018: “Me llevan a un chalet del Viso y allí había gente importante, gente del régimen, a verme desnuda, a mí y a otras niñas”. Marisol lo dejó caer en una conversación privada con Paco Umbral, con quien siempre mantuvo una fluida amistad.
La declaración quedó entonces en nada, hace cuarenta años largos, porque el libro tampoco llegó finalmente a publicarse. Sin embargo en aquella misma época, tiempo después de esta casi íntima revelación a Umbral, Marisol se sentó una tarde veraniega con su amigo de confianza José Luis Morales, a la sazón periodista de investigación de ‘Interviú’, para contarle con más detenimiento cuanto anteriormente había adelantado a Umbral.
Morales en aquella ocasión escribió lo siguiente: “Quiere, ya está bien, que se sepa que entre Marisol y Pepa Flores hay todo un mundo de sufrimientos, de angustias y de aprensión que ella no quiera para nadie”. Ante Morales, y a través de las páginas de ‘Interviú’ -en una serie de entrevistas que se publicaron entre el 9 de agosto y el 1 de septiembre de 1979-, Pepa Flores echó el todo por el todo, sin pelos en la lengua, para desquitarse.
Para desquitarse de una espinita que tenía muy clavada dentro de sí. Narró hechos reveladores: “Pronto nos contrató un empresario a los ocho niños que formábamos ‘Los Joselitos del cante’ para que hiciéramos una gira por todo el país. Yo tenía ocho años y dormía durante el viaje en la misma cama que la querida del empresario, una tal Encarna, que me daba unas palizas de muerte”.
“Unas palizas con saña y mala sangre -añade-. Me tenía ojeriza, y no sé por qué todavía. En Lérida me dio tal paliza que me dejó el cuerpo como el de un nazareno. El empresario me invitó a comer en Gerona y me dijo que me levantara el vestido. Cuando me vio, mandó llamar a mi padre y me mandó inmediatamente para Málaga. Figúrate tú cómo tenía que estar yo que, cuando llegamos al corralón, mi abuela al verme se desmayó en la hamaca. Cuando yo dormía con aquella tía, el empresario se acostaba con ella y hacían de todo. Así que cuando llegué a Madrid estaba ya más rascada que la estera de un baño”.
Marisol contó a Morales cómo también se convirtió en el negocio de Goyanes. Le cambió el nombre, la tiñó de rubio y le operó la nariz. “Yo estaba como secuestrada. Cuando, siendo ya mayor, quería conocer chicos, me lo prohibían. Y si de los que conocía me gustaba alguno, me lo aislaban inmediatamente. Yo era intocable, ¿entiendes?, era su negocio”.
