Lapa sea contigo (ganando en el Falla y con tu Cádiz líder)
Manolo Santander reunía los requisitos indispensables del buen gaditano
En la esquina de la calle Jesús Nazareno con Rosa hay un pequeño local cuyo nombre resume en gran medida esa esencia del gaditano, 'El bar nuestro de cada día'. Nunca un sitio pudo tener un nombre más acertado en esta ciudad donde, a veces por desgracia, nos conformamos con tan poco.

Por allí transitan personajes gaditanos de toda índole, algunos carnavaleros como Vera Luque o David Márquez Mateo 'El Carapapa', el grupo de Juan Carlos Aragón (con un tal Manolín entre sus filas) o el cuarteto del Gago antes de actuar en el Falla. Pero si había un 'abonado' a ese espacio no era otro que Manolo Santander.
Allí se le veía acompañado de su inseparable Meli hablando de sus cosas, de su chirigota, de su Cádiz y hasta de su ciudad con su alcalde. No en vano, allí es donde Kichi suele esperar incluso los resultados electorales. Algo de talismán debe tener el sitio sin duda.
Manolo Santander reunía los requisitos indispensables del buen gaditano. Carnavalero desde que le decían Manolín (para muchos se ha marchado con ese diminutivo cariñoso), cadista y autor oficial del himno oficioso, y cofrade, ya que cada Lunes Santo se emocionaba contemplando el paso de su Cristo de la Misericordia.
De naturaleza pesimista le caía bien a todo el mundo. Y no es un tópico porque ya no esté. Representaba a la perfección a ese gaditano siempre receloso de las cosas. Si la chirigota estaba puntera no terminaba de creérselo y si el Cádiz tenía buena pinta era de los que pensaban que acabaría fallando. Escucharle hablar cuando pasaba el moreno de la Palma ya era más complicado porque no le salían las palabras. Se emocionaba como un niño pequeño.
Así se le veía últimamente, un poco pesimista y con miedo. Desgraciadamente, en esta ocasión no era por algo más intrascendente, sino por su propia salud que se iba deteriorando. Era demasiado joven para irse tan pronto, pero esta enfermedad continúa segando vidas de manera implacable.
Con Manolo Santander se va un trozo de ese Cádiz añejo que se resiste a duras penas a perder su esencia entre tanto cambio. El Carnaval ya no es lo que era y él lo sabía muy bien y el Cádiz, una sociedad anónima con todo lo que ello conlleva.
Y se marcha también una forma de entender la vida que quizás a muchos puede chocar pero que, indefectiblemente, es la de aquí. Esa resignación ya casi asumida que te lleva a intentar disfrutar de los pequeños placeres como si no hubiese un mañana. O a intentarlo, aunque por dentro te coma mucha veces la tristeza y la desesperación. Hay que disfrutar de muchos ratos buenos aunque llegue uno malo que decía una chirigota.
Nos deja el mismo día que un centro educativo de Cádiz, que ahora pasarse a denominarse Colegio Público Juan Carlos Aragón. Casualidades del destino.
A todos nos llega nuestra hora y a Manolo le ha tocado muy joven, con apenas 56 años. No existe consuelo, pero al menos se fue con un primer premio en el Falla y su Cádiz líder. Eso sí con suspense y un poco de sufrimiento en el COAC y en Carranza. Como el final de la vida misma.
Descanse en paz.
P.D. El Cádiz juega el viernes en Santander, un apellido que siempre quedará grabado con letras de oro en la entidad.
