domingo 22/5/22

Hallan el cadáver momificado de una anciana que falleció hace cinco años

“Nunca se nos pasó por la cabeza que estuviese allí fallecida”

La fatalidad es una concatenación de hechos que deriva en una situación - desagradable- aparentemente imparable. A las pruebas nos remitimos. Amanda Jospe, de 83 años, murió de forma natural a principios de 2014 en su casa de la calle de Alonso Heredia, en el barrio de La Guindalera del distrito madrileño de Salamanca. Una señora anónima…

Y una muerte más, al menos aparentemente. El caso es que su cadáver momificado no fue descubierto hasta el pasado jueves por la Policía Nacional. Es decir: años después de su muerte. ¿Nadie la echó de menos? Pues no. Hasta que su sobrina, que vive en Israel, dio la señal de alarma. Y procedió a dar la señal de alarma avisando a los agentes al ver que pasaba ya demasiado tiempo sin saber nada -absolutamente nada- de ella.

Y tanto. Años. La situación parece surrealista. Del todo surrealista. Los agentes acudieron, prestos, la pasada semana al domicilio de la anciana. Sin éxito de recepción al principio. La puerta estaba cerrada a cal y canto. Indagaron. Hablaron con los vecinos. Con unos y con otros. Pero nadie sabía nada de ella desde hacía cinco años.

Es más: el portero de la finca tenía en su poder decenas de cartas que se iban acumulando en su buzón. Y otro dato para atar cabos: debía las cuotas de la comunidad desde 2014. Las conjeturas brotaron. Y las hipótesis. Pensaron en que quizá se había marchado al extranjero, donde la mujer tenía otra cosa. Pero…

Pero los agentes, con olfato profesional, se temieron lo peor. Así que avisaron a un cerrajero y entraron en el piso. Accedieron al interior del domicilio. Y encontraron el cuerpo momificado de la octogenaria tendido en la cocina.

La autopsia reveló en principio que pudo morir de un ictus, descartó cualquier signo de violencia y situó la fecha de la muerte a primeros de 2014. El ambiente de humedad que había en la casa tras su muerte

favoreció que no entrase en el proceso de putrefacción y que el cuerpo se momificase.

Todo encajaba: de esta forma los vecinos no pudieron percibir ningún mal olor los días posteriores a su fallecimiento en el piso segundo A del número 31 de la calle de Alonso Heredia. "Nadie olió nada y nadie la echó de menos porque se pensó que se había ido al extranjero, donde tenía otra propiedad", señaló uno de los vecinos de la segunda planta, que además apuntó que el piso de la mujer tenía todas las persianas bajadas.

"Por el aspecto exterior todo nos hacía pensar que ella se había marchado y que en la casa no había ocurrido nada raro", añadió este residente. "Nunca se nos pasó por la cabeza que estuviese allí fallecida".

Hallan el cadáver momificado de una anciana que falleció hace cinco años