miércoles 19/1/22

Muere Rafael Sánchez Ferlosio a los 91 años de edad

El autor de ‘El Jarama’ fue un gran maestro de las letras españolas

Ha fallecido a los 91 años de edad Rafael Sánchez Ferlosio. Fue una personalidad singular. Y decimos bien: personalidad y nunca personaje. No era huraño pero sí iconoclasta. Poseía un finísimo sentido del humor. Jugaba a la contra o, por mejor decir, siempre a su favor. Se quiso hombre se letras. Y a su sacrosanto oficio se consagró. Ganó el Nadal en 1955 con ‘El Jarama’.

Entre octubre de 1954 y marzo de 1955, según cuenta en La forja de un plumífero, “agarré la Teoría del lenguaje, de Karl Bühler, y me sumergí en la gramática y en la anfetamina”. Fue una época intensa. “Cuando me encerraba no quería ver a nadie. Un verano —sería el del 59— en que me quedé solo en Madrid, llegué incluso a arrancar el cable del teléfono”.

Su obra dio entonces un giro radical, dedicándose sobre todo al ensayo y, un poco más tarde, a sus colaboraciones periodísticas. No dejó nunca, por otro lado, de escribir pecios, esa suerte de aforismos, notas, fragmentos, citas, llamaradas, iluminaciones.

Fue el segundo hijo de los seis que tuvo Rafael Sánchez Mazas, escritor y periodista y uno de los fundadores de Falange. Nació en Roma en 1927, cuando su padre estaba destinado allí como corresponsal de Abc. Se formó con los jesuitas y luego quiso hacer Arquitectura, pero pronto abandonó esa carrera para estudiar Filología Semítica en la Facultad de Filosofía y Letras de la Complutense, en Madrid.

Fue amigo, entre otros muchos, de Ignacio Aldecoa, Jesús Fernández Santos y Carmen Martín Gaite, con la que se casó y tuvo una hija, Marta, que moriría joven. Después de su separación se unió a Demetria Chamorro —con quien ha vivido hasta el último instante—, madre de Lucía y abuela de Laura, la nieta que hizo las delicias del escritor durante el periodo final de su vida.

Ignacio Echevarría, responsable de la edición de sus ensayos completos, afirma que la escritura de Ferlosio es “esencialmente proteica, combina casi siempre numerosos registros (entre ellos, constante, así en sordina, el humor)” y que “se atiene siempre a lo que él mismo, tomándolo de Fernando Savater, ha señalado como ‘el principio general de la lealtad a la palabra’: Que no se hable en vano”.

Cuando tocaba ponerse furioso, Ferlosio se ponía furioso. Tenía una ironía que dinamitaba los débiles soportes de tantos de los discursos de los políticos y poderosos, y era muy claro. Cuando ETA sembraba las calles de cadáveres, supo desnudar su programa. “Para dar realidad a la causa y hacer verdadero su dios, nada mejor que una buena carga de hechos, y de entre los hechos, nada mejor que una buena carga de muertes”.

Ferloso obtuvo el Premio Cervantes en 2004, en 2009 recibió el Nacional de las Letras Españolas y en 2015 la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Era tan discreto que, cuando J. Benito Fernández escribía su biografía y le pidió colaboración, se negó tajantemente. “No es nada contra su persona. Es que no soy apropiado, no tengo argumentos”, le dijo. En God &Gun, un ensayo de 2008, y a propósito de un cuadro de El Bosco, escribió: “El que patina va y viene como quiere, a la velocidad que quiere y todo el tiempo que quiere sin ir a parte alguna, pero, sobre todo, gozando corporalmente a cada instante durante el ejercicio”.

Muere Rafael Sánchez Ferlosio a los 91 años de edad