jueves. 30.06.2022
Hermanitas Discípulas Del Cordero © Vatican News
Hermanitas Discípulas Del Cordero © Vatican News

Ocho de diez monjas son Síndrome de Down

Las Hermanas que forman el Instituto de vida contemplativa de las Hermanitas Discípulas del Cordero hacen historia en integración

Las Hermanitas Discípulas del Cordero de Francia es la primera comunidad de religiosas contemplativas del mundo en admitir a monjas con Síndrome de Down.

Hermanitas Discípulas Del Cordero © Vatican News

En este 2019 cumplen sus primeros 20 años desde que obtuvieron el reconocimiento de la Iglesia para erigirse como instituto religioso de vida contemplativa, aunque la comunidad fue fundada en 1985, hace 34 años. Lo llamativo y relevante, por lamentablemente la escasez de casos así, es que son un ejemplo integrador con personas con discapacidad intelectual, y no es para menos. Actualmente, de las diez religiosas que forman la comunidad, ocho son Síndrome de Down.

Esta aventura espiritual y humana, vivida bajo el patrocinio de San Benito y Santa Teresa de Lisieux, se originó en los años ochenta, por una amistad entre Line, una joven en búsqueda espiritual que quería vivir su vocación al servicio de los más pequeños, y Véronique, una joven con síndrome de Down que quería consagrarse al Señor y ser religiosa.

"Visité varias comunidades que acogían a personas con discapacidad, pero descubrí que estas personas no podían encontrar su lugar en estas comunidades porque no eran adecuadas para ellas", explica Line, que actualmente es la Madre Superiora de las Hermanitas Discípulas del Cordero.

"Y fue el encuentro con la joven Véronique, una niña con síndrome de Down, la que nos inspiró para un nuevo comienzo. Me prometí a mí misma ayudarla para cumplir su vocación".

Véronique había sentido la llamada de servir al Señor, pero el síndrome de Down hizo que la rechazaran en todas las comunidades donde había ido. De hecho, el derecho canónico y las reglas monásticas no prevén la admisión a la vida religiosa de las personas con discapacidades mentales. Line y Véronique tardarán 14 años para que sean reconocidos los estatutos de esta comunidad especial, que tiene su propio estilo original.

El comienzo de Line y Véronique fue en 1985 en un pequeño apartamento, una casa popular; sucesivamente, se unió otra joven con síndrome de Down. En 1990 le preguntaron a Mons. Jean Honoré (1920-2013), arzobispo de Tours y futuro cardenal, de reconocerlas, inicialmente, como una asociación pública de fieles laicos. El apoyo del cardenal Honoré, quien defenderá su caso en Roma, les permitió dar a esta comunidad su primer reconocimiento.

En 1995, el creciente número de "miembros" obligó a las Hermanitas a mudarse: se establecieron en una propiedad en Le Blanc, una ciudad de 6.500 habitantes en la diócesis de Bourges. Mons. Pierre Plateau (1924-2018), arzobispo de esta diócesis del centro de Francia, les acogió calurosamente y su intervención les ayudó a seguir progresando en Roma, en vista de obtener el estatus de un instituto religioso contemplativo, que finalmente obtuvieron en 1999.

Las Hermanitas discípulas del Cordero son actualmente 10: dos monjas capaces y ocho con Síndrome de Down. La comunidad sigue siendo frágil y espera dar pronto la bienvenida a otras hermanas capaces, porque las hermanas Down necesitan apoyo en sus vidas diarias. Sin embargo, en realidad, "son autónomas, ya que la vida contemplativa les permite vivir a un ritmo regular. Para las personas con síndrome de Down, los cambios son difíciles, pero cuando la vida es muy regular, logran gestionarla bien", explica la madre Line.

La vida cotidiana recorre las funciones diarias, la misa se celebra todos los martes en la capilla y las diversas actividades: talleres de tejido y cerámica y, más recientemente, la creación de un jardín de plantas medicinales.

En definitiva, su extraordinaria vocación se expresa en una vida ordinaria, en la humildad de servicio, siguiendo el "pequeño camino" revelado por Santa Teresa de Lisieux, cuya espiritualidad es su gran fuente de inspiración.

"Han pasado 34 años desde que sentí la llamada de Jesús. He intentado conocer a Jesús leyendo la Biblia y el Evangelio", dice la hermana Véronique. Nací con una discapacidad llamada Síndrome de Down. Soy feliz, amo la vida. Rezo, pero estoy triste por los niños con síndrome de Down que no sentirán esta misma alegría de vivir".

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Madre Line encuentra en las religiosas con síndrome de Down una increíble fuerza espiritual. "Conocen la Biblia, la vida de los santos, tienen una memoria fabulosa. Son almas de oración, muy espirituales, muy cercanas a Jesús", dice asombrada, viendo en su sencillez un signo profético para nuestro tiempo.

"¡Sus almas no están incapacitadas! Al contrario, están más cerca del Señor, se comunican con Él más fácilmente. Las hermanas hábiles de la comunidad aprecian particularmente su capacidad de perdonar, la capacidad de animar a sus hermanas encontrando la frase correcta de la Biblia que da sentido al día.

Ocho de diez monjas son Síndrome de Down