El Sevilla Fútbol Club cayó derrotado ante el Valencia CF (0-2) en un partido clave por la permanencia en LaLiga EA Sports y que deja al borde del abismo al conjunto sevillista. Ya son solo tres puntos los que separan al equipo de Matías Almeyda, que en el día de hoy, es el principal señalado de una dolorosa derrota por lo que supone en la clasificación y en la moral de un equipo que ya encadena cuatro partidos sin ganar. Los goles de Hugo Duro y Ramazani, ambos al borde del descanso, sentenciaron a un Sevilla empeñado en complicarse la vida y al que empieza a ponérsele muy cuesta arriba el objetivo cuando tan solo quedan nueve partidos por disputarse.
No era el día para hacer experimentos y Matías Almeyda hizo varios de difícil comprensión. Desde el planteamiento inicial hasta los cambios de Akor Adams como carrilero, la ausencia de Oso, el invento de juntar a Maupay, Alexis y Vargas o el hecho de haber dejado a Ejuke en el banquillo cuando ya tenía planteado el cambio y que podría haber aportado algo de frescura en la recta final. Con este resultado, el Valencia queda prácticamente salvado y mete a los rojiblancos en una peligrosa situación en la que ya solo vale rezar para que haya tres equipos peores que este Sevilla.
Hugo Duro penalizó el error de Alexis en una insulsa primera mitad
El ritmo inicial de partido no era el de dos equipos que se jugaban la vida. Parecía que el empate les valía a ambos y ninguno quería arriesgar más de la cuenta. Los valencianistas llegaban con el plan de que pasase lo menos posible en el partido, pero es que los de Almeyda tampoco ponían de su parte para ir a por el partido. Por si fuera poco, dos choques de cabezas, primero entre Duro y Gudelj, y posteriormente entre Juanlu y Gayà, pararon aún más el ritmo a unos primeros minutos de pausa, descontrol y pocas ocasiones.
Fruto del encontronazo con Juanlu, Gayà tuvo que abandonar el partido algo conmocionado, dando así un cambio extra al Sevilla FC, que a los 27' de juego iba a ver como Guido le sacaba la tarjeta amarilla a Agoumé al cortar un contra golpe. Una amonestación que acarrea suspensión y que hace que el francés no pueda estar en Oviedo, otro duelo clave en la pelea por la permanencia.
Y es que nada le estaba saliendo de cara al Sevilla. Es más, todo lo contrario. En cuestión de dos minutos, Almeyda tuvo que sacar a Azpilicueta, puede que por una posible lesión, optando por un Akor Adams que iba a hacer las veces de carrilero-extremo. Una decisión un tanto cuestionable y que iba a llegar con el gol del Valencia bajo el brazo.
Un error de Alexis Sánchez en la salida de balón propició que los valencianistas encontrasen el camino del gol. Hugo Duro (38') tocó de tacón para Ramazani y aprovechando el despeje en falso de Vlachodimos, el propio delantero cabeceó a gol mientras que el griego se encontraba descolocado. La extraña lógica del fútbol cayendo sobre la cabeza de un Sevilla que estaba siendo superior, pero que iba a darse de bruces con sus propios fallos individuales.
Ramazani abrió la caja de los horrores en el Sánchez-Pizjuán al borde del descanso
Los seis largos minutos de descuento, hasta poco pues el primer tiempo fue una interrupción constante, iban a pesar como una losa a un Sevilla frágil en defensa hasta decir basta. En una salida en tromba de los chés, Luis Rioja sirvió un caramelo a Ramazani (50') para que solo tuviese que poner la bota. Mazazo de dimensiones bíblicas para un equipo desconfigurado y para una afición que mostró su desaprobación con una pitada morrocotuda con gritos de "jugadores, mercenarios" y cánticos contra el presidente.
Con el once y el cambio de Akor, estaba claro que Matías Almeyda se había pegado un tiro en el pie que iba a intentar enmendar con un triple cambio para reconfigurar el equipo: Alexis, Juanlu y Agoumé dejaron su sitio a Isaac, Carmona y Mendy. Este movimiento movió a Akor a la punta de ataque con Isaac y Vargas en las bandas. Otro experimento más para intentar arreglar un desaguisado de difícil solución.
La entrada de Isaac al menos le imprimió algo de garra al equipo, intentándolo con varias acciones que se marcharon al limbo. Pero ni por esas el Sevilla parecía acercarse al empate. El equipo estaba roto y las sensaciones seguían dejando mucho que desear. Pasada la hora de partido ni un solo remate entre palos dejaba a las claras lo que estaba siendo el encuentro para los de Almeyda, que volvió a intentar dar con la tecla con el cambio de Oso por Vargas y, acto seguido, con el de Castrín por Sow.
Daba igual lo que tocase el técnico, pues el Sevilla ya era un fantasma sobre el césped y hasta al que su público abandonó cuando sobre el minuto 80 la lluvia empezó a hacer acto de presencia en Nervión. Ni el más optimista podía pensar en la remontada de un Sevilla que, prácticamente, ni se acercó al arco de Dimitrievski, salvando un tiro en el último minuto de descuento. El Sevilla firma una dolorosa derrota en la que Almeyda queda señalado y deja al equipo al borde de un peligroso abismo antes del trascendental duelo del Domingo de Resurrección en Oviedo.
