Me pregunto hacia dónde caminamos cada vez que leo, escucho o reproduzco contenido que se identifica como ‘periodístico’, pero que de fondo no lo es: escribir artículos patrocinados con apariencia de noticias informativas, utilizar efectos sonoros para dar un dramatismo innecesario, crear falsos titulares no correspondidos con el contenido...
Me pregunto qué estamos haciendo con el noble arte de informar... Hace un tiempo el Instituto Reuters dio a conocer un informe sobre noticias digitales, en el que analizaba cómo es el panorama periodístico en 46 países del mundo.
En el caso de España, la confianza en los medios de comunicación ha empeorado notablemente, haciendo que por primera vez el porcentaje de los encuestados que no se fían (39%) supere al de aquellos que sí lo hacen (32%). De hecho, somos uno de los diez países que menos credibilidad da a las noticias.
Dejando al margen estos datos, que sin lugar a dudas son preocupantes, creo que el problema del periodismo está en su planteamiento, ya que en sus inicios esta profesión se concibió, permítanme la comparación, como un gran escaparate que acercaba los sucesos a la ciudadanía a través de distintos géneros y formatos. Sin embargo, tras llegar internet y todos sus sucedáneos, la forma de consumir y acceder a la información cambió.
Ahora, con un público cada vez más alejado del periódico, la radio y la televisión, los medios han intentado adaptarse a ese sistema comunicativo, desde mi punto de vista, de forma vertiginosa y descontrolada, lo que ha llevado a descuidar la forma, y sobre todo, el fondo de los contenidos. Así, incluso se ha abandonado la esencia de lo que para mí es el periodismo : el informar con rigor, contraste, veracidad y diligencia.
