¿Qué está ocurriendo con la flota de autobuses urbanos de Jerez?

El incendio del autobús de la Línea 8 ha hecho saltar todas las alarmas

El autobús de la Línea 8 que ha prendido en llamas en Cuatro Caminos ha hecho saltar todas las alarmas. ¿Qué sucede con la flota de autobuses urbanos? ¿Están, se mantienen, en las mínimas condiciones exigibles para su uso cotidiano? ¿No son demasiadas las averías que de un tiempo a esta parte han parado en seco a algunos de los autobuses en su tránsito diario? Sin mencionar otras burocracias propias de actualizaciones y revisiones -papeles en regla- que han suscitado cierta polémica.

El incendio del autobús de la Línea 8 no ha contado con daños personales de puro milagro. De pura chiripa. Y en este punto abordamos palabras mayores porque se trata ya de la seguridad física de usuarios sobre quienes debe recaer la tranquilidad de unos vehículos en perfecto estado de revista. Esta aseveración no es exagerada si, en efecto, e insistimos en ello, la imagen sobrecogedora del autobús carbonizado en Cuatro Caminos no responde a un hecho aislado.

Si no hubo daños mayores en el incidente de La Línea 8 es porque el conductor ejerció por méritos propios como un profesional ejemplar. Y como un héroe innominado, anónimo, que supo mantener la calma, actuar con celeridad, priorizar la seguridad de las personas que en ese momento tomaban asiento dentro de este medio de transporte urbano y además, ya fuera de peligro el factor humano, procurar sofocar en balde un fuego que crecía a pasos agigantados.

Todo sucedió en cuestión de segundos. Y podíamos estar  abordando ahora una noticia de trágicas consecuencias. Porque afortunadamente el autobús no explotó pese a que los cristales saltaron por los aires en una escena de auténtico pavor. El servicio de bomberos del Consorcio Provincial Contraincendios y agentes de la Policía terminaron por controlar la situación, aunque nada pudo hacerse por apagar las llamas que ya dibujaban una alta cortina de humareda en el paisaje.

No es cuestión de echar balones afuera ni de mirar hacia otro lado en esta galería de peligrosidades que ya de por sí genera la circulación de unos autobuses que precisan de cierta urgente actuación. Los responsables directos han de tomar cartas en el asunto. Sean quienes fueren. Hablamos de seguridad ciudadana. Y de avisos que los autobuses ya en repetidas ocasiones han lanzado en un corto plazo de tiempo. Y ya se sabe que quien avisa no es traidor. Luego de nada nos valdrá quejarnos cuando la desgracia sea todo un hecho.