Una victoria sin paliativos para regresar a la Casa Blanca. Donald Trump será el próximo presidente de Estados Unidos. Triunfo claro, abrumador, total del líder republicano, que consigue no sólo una victoria, sino luz verde y manos libres para cambiar Estados Unidos de arriba abajo tal y como venía prometiendo en campaña.
Y es que tras el resultado, los republicanos no sólo controlarán la Casa Blanca, tras lograr además el voto popular. También han recuperado el control del Senado y acarician el de la Cámara de Representantes, lo que se une a una mayoría conservadora en el Tribunal Supremo, el mismo que en el mes de julio decretó que el presidente es inmune para prácticamente todo lo que haga en el cargo.
Trump ya se ha dirigido a su legión de seguidores con un discurso claro y contundente: "Esto es muy grande. Un movimiento como se había visto antes. El movimiento político más grande de todos los tiempos, que va a llegar a niveles nunca vistos. Vamos a sanar nuestro país. No descansaré hasta tener una América próspera y segura. Va a ser la era dorada de América" ha manifestado ante una multitud entregada.
Victoria de Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos
A nadie se le escapa que El resultado de este 5 de noviembre es transformador para el país y la sociedad norteamericana y trascendental para el resto del planeta. Para China, Oriente Próximo, para la Unión Europea, para una OTAN que tiembla, para Ucrania a quien se le presenta un futuro bastante más complicado.
Todo se ha decidido después de una campaña eterna y agresiva. La sociedad se presentaba dividida, con un ambiente polarizado y sobre todo, una enorme tensión e incertidumbre. En principio, las encuestas pronosticaban un empate perfecto, una victoria por la mínima, tanto a nivel nacional como en los siete estados decisivos. Se esperaba una larga noche, un recuento lento, un proceso de días o incluso semanas y absolutamente judicializado.
Sin embargo, nada ha sido como se esperaba porque las encuestas no fueron capaces de pronosticar el triunfo tan abrumador de Trump. Los analistas, con más deseo que cabeza fría, volvieron a minusvalorar su pegada, su voto oculto. Las motivaciones de un país que objetivamente no va mal, pero que ha comprado el mensaje apocalíptico y derrotista de su ex presidente.
En el otro lado del escenario, Antes de medianoche, la fiesta de Kamala Harris en Washington DC, en su alma mater, la universidad de Howard, se apagaba hasta parecer un funeral. La aspirante, al igual que Hillary Clinton en 2016, decidió no comparecer


