Cualquiera de nosotros tiene siempre en la cabeza una persona a la que admira en la distancia y a la que desea conocer. Con el doctor Rafael Cabrera, impulsados por haberlo oído, en la radio y en algunas charlas públicas, o leído en diversos escritos, queríamos desde hace tiempo compartir un rato de confidencias. La oportunidad llegó de la mano de un buen amigo común, el doctor Guillermo Boto, con el que nos encontramos en Chiclana en un acto del que dimos cuenta en El MIRA.
Quedamos en vernos en Madrid, en los alrededores de la plaza de Las Ventas (¿dónde, si no?). Así hacemos y, tras unas fotos con la bella reina de fondo, nos dirigimos al restaurante Puerta Grande, sede de buenos aficionados, para charlar tranquilamente sobre lo que nos gusta y principalmente para escuchar al que sabe.
Doctor Cabrera, ¿cuál ha sido su vida profesional?
Nací en Madrid y mi padre era médico pediatra. Me hice médico legal y forense, mi profesión hasta mi jubilación, que ha sido este último verano. Trabajé como funcionario en el Instituto Nacional de Toxicología y luego me dediqué a la actividad privada con informes periciales (solicitados en general por grandes despachos de abogados). En la Universidad San Pablo CEU he dado clase en la Facultad de Farmacia y ha colaborado con la Agencia Antidroga de Madrid. Esa formación científica ha trascendido hasta mi afición de los toros.
¿Había antecedentes familiares en la afición a los toros?
A los tres años me sentaba con mi abuelo a ver las corridas por televisión. Luego lo acompañaba a la plaza de San Lorenzo del Escorial, fundamentalmente en espectáculos cómicos taurinos; tengo recuerdo imborrable de El Platanito. En 1970 fui por primera vez a Las Ventas, en la Corrida de la Beneficencia con Paco Camino y sus ocho orejas cortadas; eso me marcó definitivamente y empecé a ir paulatinamente.
¿Cuál es su currículo taurino?
Seguí yendo a Las Ventas y en 1978 descubrí la Asociación Juvenil Taurina recién fundada, a la que me incorporé. Pertenecí luego a Los de José y Juan. Dirigí el Aula de Tauromaquia de San Pablo CEU. Me encargué de la información taurina en la COPE. Pertenezco a la Unión de Abonados de Las Ventas y la Asociación El Toro y lo que más me ocupa es la Unión de Bibliófilos Taurinos, aparte de escribir sobre toros.
Resuma la etapa de sus primeras asociaciones
En la Asociación Juvenil Taurina organizábamos conferencias invernales con gente de prestigio, como Victorino Martín o Domingo Ortega. Asiduo nuestro era Luis Fernández Salcedo, que nos llevaba a la tierra colmenareña y allí nos contaba los cuentos del viejo mayoral. Él y Marcial Lalanda han sido mis principales mentores. Nos criamos a los pechos de la primera directiva de la peña Los de José y Juan, en la que acabé entrando en 2008; son unos cincuenta socios y para entrar hay que presentar un currículum y ser “examinados”. Llegué a ser presidente hasta el año 2018, en que me di de baja.
¿Es activo en la Unión de Abonados y Aficionados de Madrid?
Sí. Cuando me invita a un sitio intento cumplir; hace poco más de un mes, dicté una conferencia sobre “El trapío”, organizada por la Unión en la Casa de Castilla-La Mancha. Es mi asociación actual junto con la Asociación El Toro (en donde soy socio reciente).
¿Cómo es la labor en la Unión de Bibliófilos Taurinos?
El primer presidente fue el Conde de Colombí y el segundo, Salvador Ferrer Irurzun (un santo en la Tierra). Ingresé en 1986 y pude tratar con los grandes investigadores Ruiz Morales y López Izquierdo. En 1990 pasé a ser secretario técnico, luego vicepresidente y presidente desde el año 2008 para acá. Somos ciento treinta y dos socios y pagamos una cuota de ochenta euros al año. El trabajo recae sobre la junta directiva. Solemos publicar dos libros al año, aunque algunos años sacamos tres o quizás cuatro; son libros en papel verjurado, intonsos, sin desbarbar, lo que hace que salgan más caros. Ahora tiramos ciento cincuenta ejemplares de cada título. El último que acabamos de sacar versa sobre el “pleito de los Miuras”.
¿Qué nos puede decir del Aula de Tauromaquia de San Pablo CEU?
En la Universidad San Pablo CEU había un departamento de Actividades Culturales y le propuse a Alfonso Coronel de Palma, gran canciller, crear el Aula. Empezamos en 2001 y llegamos hasta la pandemia, en 2021. Organizamos unos 450 actos y editamos 132 conferencias en folletos, que luego agrupamos en 9 libros. Pasaron por allí académicos, catedráticos, historiadores, arquitectos, veterinarios… que daban visión multidisciplinar y un cierto nivel a las actividades.
¿Cómo fue la etapa de radio?
En 2007, Coronel de Palma, ahora presidente de la COPE, buscaba sustituir al responsable de la información taurina y me lo propuso. Acepté y tuve que pedir la excedencia en el Instituto Nacional de Toxicología, porque la radio exigía el cien por cien de mi tiempo. Me desplazaba a todas las grandes ferias y pernoctaba fuera de casa unos cien días al año. Tras cuatro años, lo dejé con 285.000 oyentes de la primera hora, de una a dos de la mañana. A las dos teníamos una tertulia de aficionados y la última hora la dedicábamos a aspectos más marginales. Lo que pretendí fue dar seriedad y rigor, así como enfocarlo con visión de aficionado. Siempre buscábamos la opinión de los protagonistas o de los especialistas en la materia.
Hablemos de algunos de sus libros taurinos
Muchos son escritos en colaboración con otros autores. En la Asociación Juvenil Taurina publicamos siete u ocho folletos, con conferencias, y dos libritos con Cuentos del Viejo Mayoral que a Fernández Salcedo se les habían trasconejados. Uno los primeros libros que escribí lo hice en colaboración con mi mujer, Teresa Artigas, “Los toros del siglo XVIII en la prensa madrileña”. Cuando me metí en la Unión de Bibliófilos Taurinos ahí desarrollé más.
En el año 1990 publiqué un libro sobre los toros de Castellano. Luego vinieron los diez volúmenes de “Papeles de Toros”, un folleto sobre Paquiro, “Las Fiestas reales madrileñas de 1803”, “La falsificación histórica del toro de lidia“, “Evolución de los encastes del toro de lidia”... Recuerdo con mucho cariño uno sobre las ganaderías de la Sierra de Segura, que hice con Antonio Morales. En 2012 publiqué “Joselito en Bilbao”. El último lo publiqué hace cuatro años. Pueden ser unas cuarenta publicaciones.
¿Cuántas conferencias ha dado sobre toros?
Muchas, desde Bilbao hasta Chiclana o El Puerto de Santa María, pasando por Valencia o La Coruña. Siempre he intentado no repetir temas; si he repetido alguno he variado el punto de vista, para complementarlo. Algunas se han acabado convirtiendo en libros. Cuando doy una conferencia la apunto en mi currículum junto a mis otras actividades; el currículum profesional completo lleva ya sesenta y siete páginas y el taurino, cuarenta y tantas (con los justificantes guardados).
¿Qué reconocimientos ha tenido?
No tiene importancia. Por la labor en radio tengo una Antena de Plata (de la Asociación de Profesionales de Radio y Televisión) y otros premios, entre ellos uno de la Comunidad de Madrid por el mejor programa taurino. Luego algunas peñas y asociaciones, desde Málaga pasando por Calasparra a Madrid, me han hecho algún reconocimiento. Uno intenta cumplir con su labor; es muy reconfortante pero no soy un premio Nobel.
¿Qué decía de los toros la prensa madrileña del siglo XVIII?
Intentábamos buscar datos de ganaderos navarros que lidiaron e Madrid en el siglo XVIII y vimos que la información era tan amplia que decidimos sacar un libro. El evento que más atraía la atención era el funcionamiento de la plaza de la Puerta de Alcalá. Otro atractivo eran las Fiestas Reales; la Gaceta de Madrid informaba ya de Felipe V. Había datos sorprendentes, como novilladas en la plaza de Fuencarral, corridas en Carabanchel, Hortaleza, Illescas… A José Cándido se le menciona del año 50 al 71 y fue el gran protagonista en la temporada de 1763.
¿Qué plazas ha habido en Madrid?
Hubo muchos toros populares desde el siglo XVI, cuando se utilizaban las calles. La primera plaza fija es la del Soto de Luzón (lo que hoy es Legazpi), levantada en 1737. Luego hubo tres plazas consecutivas en la Puerta de Alcalá (la primera era de los dominicos; la segunda, del alcalde y la tercera de los hospitales). En las mediaciones hubo algunas particulares, la de Campos Elíseos, la de Lid Taurómaca y la de Jardinillo. Otras fijas fueron: tres en Carabanchel, en Tetuán, en la Dehesa de la Villa, en Arturo Soria, tres en Puente de Vallecas, una en Villa de Vallecas, en Barajas… En la Casa de Campo hubo una a raíz de las ferias del campo, al margen de la placita del Batán. Luego vienen la de Fuente del Berro y Las Ventas; ambas se orientan a La Muñoza, de donde venían los toros.
¿Qué se puede decir de Gaviria?
Gaviria es un hombre hecho a sí mismo. Empezó siendo administrativo sin sueldo y llegó a ser uno de los hombres más ricos de España. Tras encargarse del suministro de carne a los hospitales se hace ganadero de bravo, de casta jijona, se convierte en el mejor y Fernando VII lo nombra administrador de la Real Vacada, como luego fue su hijo.
Acaba con los sementales vazqueños, divide la ganadería en hatos y la transforma por completo hasta modificar el tipo. Se hace con la administración de la Plaza de Toros de Madrid, que hasta entonces la gestionaban los hospitales, colabora con la banca inglesa y construye fragatas; se hace con La Muñoza y sólo en Andalucía tenía unas 30.000 hectáreas. Los hijos se deshacen de la ganadería propia, aunque era rentable; un toro de Gaviria se vendía a la plaza por 3.000 reales, cuando un vaquero ganaba 2.000 anuales.
¿Cómo dio a conocer a los toros de Castellano?
Fue un descubrimiento de mi mujer, en 1986. Era bibliotecaria en la Biblioteca Nacional y encontró de casualidad los cuadernos originales de los toros de Manuel Castellano, con unos cien dibujos, de los que se habían publicado solamente cinco o seis en el Cossío en 1943. La Unión de Bibliófilos hizo una edición costosísima, de tres millones de pesetas, con 225 ejemplares. Descubrimos que en los versos existían otros cuarenta o cincuenta dibujos, desconocidos hasta entonces. Era un panorama de lo que entonces se lidiaba en Madrid. Castellano, aparte de pintor, era muy aficionado y los hizo en los corrales por placer, sin pretender publicarlos. De su mano puso apuntes sobre cada animal y sobre su posterior juego.
Hablemos de Joselito y sus honorarios en Bilbao
El cartel de oro en Bilbao era Joselito, Belmonte y Cocherito. Cada uno de los dos primeros cobraba allí 7.500 pesetas (unos 50.000 euros actuales) y el tercero, 3.000 menos. La plaza aforaba 79.000 pesetas. El ganado suponía 12.000 y, descontando también los otros gastos, a la Junta le quedaban 40.000 pesetas limpias, para el sostenimiento de los hospitales. De cinco corridas Joselito solía torear cuatro. El último año cobró 8.000 pesetas. El 2 de mayo solía haber un mano a mano y ahí cobraba 9.500 pesetas.
Resuma la evolución del cartel taurino en España
Ese libro me lo editó la Junta de Andalucía. El cartel impreso más antiguo conocido es el de un festejo en Soto de Luzón, en 1737. Tablantes habla de un cartel de 1761 pero yo lo he visto. Tengo un anuncio, no cartel, de Madrid de 1761. Un cartel de Sevilla es de 1763. Quería hacer ver el cambio de la tipología, siguiendo los avances de la imprenta y de la ilustración, así como adaptándose a los tiempos que corren. Primero se daba importancia a la autoridad, seguida de los nobles ganaderos, de los toreros y por último del público, al que se amonestaba. En la época romántica cambió y va primero el ganadero, seguido de los toreros. Luego, llegamos al cartel integral, donde la imagen predomina. El siglo XX ha sido la edad de oro, sobre todo con Ruano Llopis y Roberto Domingo.
¿En qué consiste la falsificación histórica del toro de lidia?
Pretendí hacer ver que muchas de las cosas que nos han contado sobre el toro no son ciertas. Se dice que si ahora el toro es más bravo; no, mire, el criterio antes era otro, el comportamiento en el caballo, y ahora se busca rendimiento en la muleta. En cuanto al peso, antes se medía a la canal, que podía ser un cincuenta y cinco por ciento pero ahora se sube al sesenta y cinco. En los años 60 la media en Madrid era de 516 kilos. Chopera, en los años 80, dijo que había subido la media en cien kilos; sin embargo la verdadera media entonces era de 532 kilos. En 2024 la media ha sido de 552 kilos. Lo que nos interesa a los aficionados no es el peso; es el trapío. El título de mi libro puede resultar escandaloso pero de eso se trataba.
¿Qué relación hay entre el toreo y la medicina?
Hay algunos aspectos fundamentales. Uno es el carácter vocacional; médico y torero deben tener verdadera vocación. Otro es añadir constantemente conocimientos y técnicas necesarias para la profesión. En ambos se necesita aguante. También hay que tener capacidad de solidaridad. Luego está la justificación ética; en el siglo XVII se debatió y se concluyó que las corridas eran licitas moralmente para lo que se exigía que el torero conociera el oficio y existiera asistencia religiosa y sanitaria, sin la que el espectáculo no se permitiría.
¿Cómo ha ido evolucionando la afición a los toros en Madrid?
Degenerando. La afición se va reduciendo en número y hay cada vez más público de aluvión, con menor conocimiento de lo que es la Fiesta y que se deja llevar por la opinión de la prensa. La prensa vive de los que mandan en el sector. A principios del siglo XX se publicaban en Madrid a la vez veinte cabeceras especializadas. Es verdad que hoy están los blogs y otros medios pero el criterio no siempre es de la persona más versada. Los aficionados defendemos mucho el rito y la liturgia como justificación ética y técnica, pero el gran público lo ignora, y los toreros también.
Terminamos. ¿Cómo ve el panorama actual de la tauromaquia?
A base de estudiar historia me he vuelto optimista. La tauromaquia no desaparecerá porque en ella hay una raíz popular intocable y ahora van cien millones de espectadores al año. La corrida moderna evolucionará aunque los cambios no irán hacia una mayor integridad. No desaparecerá mientras siga siendo negocio o sea el alma de las fiestas de las localidades. Evolucionará como lo está haciendo la sociedad, hacia un buenismo acrítico.
No podemos por menos que agradecer enormemente el tiempo y la paciencia que nos ha ofrecido don Rafael Cabrera. Muchas más cosas estuvimos tratando, pero por ahora lo transcrito es suficiente. Volveremos en otra ocasión para seguir extrayendo de su sabiduría perlas enriquecedoras sobre el mundo de los toros. Pocas personas más ilustradas encontraremos, querido lector, en lo ancho de España y Portugal (Hispanoamérica también se queda a mano). Lo despedimos como a un amigo, montados en un tren que nos lleva de aquí para allá pero que algún día nos volverá a reunir.
