Daniel López Candel, albaceteño, es picador y recientemente ha recibido en la Peña-Museo José Luis Galloso el Premio al Arte de la Suerte de Varas, por su actuación en la temporada 2024 de El Puerto de Santa María. En esa ciudad quedamos con él para charlar. Nos acompaña el maestro Pepe Osuna.
Daniel, ¿cómo surgió tu afición al toro?
En mi casa de toda la vida había afición al toro. Mi padre es ganadero de caballos, de cerdos, de ovejas, de vacas mansas, y durante un tiempo de ganado bravo. Mi hermano Samuel es matador de toros; lo veía entrenar y jugaba con él. Así empezó todo. La punta de vacas se quitó cuando la crisis del 2007; lidiamos alguna novilla picada y en Daganzo (Madrid) una corrida de toros.
¿Qué fue lo que te enganchó del mundo del toro?
Empecé de ayuda y mozo de espada de mi hermano Samuel el año 1998, en que toreó cincuenta y tantas novilladas. En los sorteos me gustaba estar con los picadores. Así, hasta que el año 2000 fui a un tentadero, con él, a Tudela. Falló el picador y mi padre dijo: "¿Por qué no se sube Daniel, que sabe montar a caballo, y que haga lo que pueda?”. Me sorprendí cuando me dijeron que me tenía que subir; no tenía botos ni pata ni nada. El maestro José Luis Palomar me dejó unos botos camperos y empecé ese día. Nada más que en el primer tentadero me echaron treinta y cinco vacas.
¿Cómo aprendiste a picar?
Sobre la marcha. En Albacete siempre que alguien se ha querido hacer picador ha ido a la cuadra del Pimpi pero yo nunca fui. Para picar lo principal es montar bien a caballo y mejor maestro que mi padre y mis hermanos no iba a tener. Nos dedicamos al mundo del caballo de toda la vida.
¿Tenéis una hípica?
Hemos tenido una hípica y una yeguada de cría; mi padre está desde que tiene uso de razón criando caballos. Tiene su propia ganadería y su propio espectáculo ecuestre, que puedo poner al nivel de la escuela de Jerez; de hecho hemos actuado con ellos en el SICAB muchos años. Ahora tenemos solamente la ganadería y las clases de equitación, que lleva mi hermana, pero mi padre, aunque tiene ochenta y cinco años, sigue al pie del cañón.
¿En qué picadores te ha fijado?
He tenido mucho contacto con los picadores de mi hermano, especialmente Pepillo de Málaga, padre, que es de Medina Sidonia y vive en Torremolinos. Aparte, me fijaba en el Pimpi, en Ángel Rivas y en los Barroso.
¿Qué picadores destacas en Albacete?
Ahí está Agustín Moreno, que ha sido compañero mío con Rubén Pinar durante trece temporadas. Ahora hay un chaval nuevo que se llama Cristian Romero, que va con Paco Ureña y tiene una afición desmedida. Luego están Pedro Pío, sobrino de Dámaso González, y otros chavales nuevos.
¿Cómo es un buen puyazo?
Hay que intentar cuadrar bien al toro siempre, que te lo coloquen bien. Últimamente te lo colocan por el culo del caballo, muy mal. Hay que colocarlo en la cabeza del caballo, para que tú andes hacia delante. Hay que llamarlo de frente, dando el medio pecho del caballo, e intentar cogerlo antes de que llegue al peto, para quitarle ese medio paso cuando lo has cogido y que no se te venga por delante.
Unas veces sale y otras veces, no. Son circunstancias y, luego, también hay encastes que es que no te dejan; se vienen adelante o atrás y te buscan. Los puyazos tienen que ser delanteros, en el hoyo de las agujas. Algunos dicen que hay que picar en el morrillo. El morrillo es una masa de carne y grasa. Ahí no hace nada. No armas al toro porque no hay sangre. Hay que picarlo donde acaba el morrillo.
Cuando cae mal el puyazo hay que tener el valor de rectificarlo. En eso Ponce me ha dado mucha confianza; con las vacas en el campo, si me caía mal me decía: "Dani, rectifícalo". Si con las vacas lo haces habitualmente con el toro te sale solo.
Hablemos de tu biografía. ¿Tuviste alguna etapa en que empezaste solamente con novilleros?
Sí. Para hacerte picador tienes que pasar una fase de tentaderos (antes eran veinticinco) y que te firmen los ganaderos para sacar el carnet de aspirante a picador de novillos. Después, si toreas veinticinco novilladas pasas a picador de toros. Yo hacía muy poco campo; en verdad, me he hecho toreando.
Me coloqué con Serranito, un novillero de Zaragoza que vivía en Albacete y que entrenaba con Rafael de la Viña. Un día con él, en Almorox me partió el palo un novillo en tres trozos; me quedé con un trozo de palo pequeñito y como defensa lo metí en el agujero que le había hecho del puyazo. Ahí me dijo Serranito: "Hoy me he dado cuenta de que tú quieres ser picador, porque no te has achicado".
De esa etapa, ¿qué recuerdas?
No iba a los sitios sólo por ir. Siempre he puesto el ir poco a poco y por derecho antes que llevarme un sueldo. Mucha gente te dice: “Tienes que hacer cuantas más novilladas mejor y no mires el dinero”. No. La normativa es respetar el sueldo de cada compañero y si me tienes que pagar cien no me pagues menos”.
Cuando el certamen de novilladas de Manolo Chopera, en San Sebastián, dos días antes le dije al apoderado que no iba a torear porque no me veía aún capacitado para una plaza de primera. Me había responsabilizado y me sentía un eslabón; si falla uno de la cuadrilla se perjudica el triunfo del torero. Fui a ver la novillada con ellos y Chopera, al verme allí, me dijo: “¿Tú no vas toreando con Serranito?” Le expliqué: “Sí, pero aún no me veo hecho para una plaza de primera”. Me contestó: “Eso te honra, porque cualquier otro hubiera venido nada más que por llevarse un sueldo”.
Además de Serranito estuviste con alguien más
Los primeros años toreé con Serranito y completé las veinticinco novilladas para picador de toros. Hasta el 2005, en que él toma la alternativa, yo alternaba con algún novillero y con Rubén Pinar, hasta que me coloqué fijo con éste, porque ese año iba a torear unas cincuenta corridas y con Serranito como matador no sabía lo que iba a torear.
A El Puerto de Santa María iba a venir con Serranito pero el domingo antes un toro de Valdeolivas le partió la clavícula en un quite y no pudimos venir, con las ganas que teníamos. Cuando el año fuerte de Rubén Pinar, lo iban a poner en los carteles pero al final lo quitaron. A la tercera ocasión pude venir con Enrique Ponce.
La etapa de Pinar fue una época de crecimiento; acudimos a todas las plazas de primera y a todas las ferias. Eso sirve para que te conozcan los profesionales. Compartía la vara con mi paisano Agustín Moreno. Uno de los sitios que más disfruté fue Bilbao, con una corrida de Torrestrella, porque casualmente ese invierno me lo había pasado en Los Alburejos.
Después de trece temporadas con Pinar me coloqué tres años con Juan Leal. Ahí lo más bonito fue conocer la afición francesa. En Francia la gente vive y respeta la suerte de varas, que es lo principal. No tiene nada que ver con España.
¿Has tenido alguna actuación destacada en Francia?
He ido dos veces a Ceret. La primera vez, con Serranito, me asomé a los corrales y vi como unos bueyes. Luego vi la corrida de la tarde, de Saltillo, y dije: “¿Dónde está la novillada?”. Resultó que la novillada era lo que pensaba que eran bueyes. Después volví con Pinar y me dieron el premio al mejor puyazo de la tarde.
Con Juan Leal, he toreado en un montón de plazas de por allí. El primer año con él toreé en Beziers dos tardes de mano a mano. En una, de Ponce con Castella, toreé con el maestro Ponce. A los cuatro días toreé una de Pedraza de Yeltes con Juan Leal y ahí me dieron el premio de ese año, 2019. He toreado varios mano a mano con Ponce, en el 2018, en el 2019…
En España, esos tres años, Leal actuó menos. Estuvimos en Las Ventas, en Bilbao y en Pamplona. Después he ido suelto, pues está la cosa difícil para ir fijo en una cuadrilla.
¿Cómo transcurrió la temporada 2024 en el tiempo que ha estado con Ponce?
La temporada con el maestro Ponce fue de felicidad plena, porque no me la esperaba. Me dio una tarde y salieron las cosas bien; me dio la segunda, que fue la de El Puerto, y ya me las gané todas porque se han dado las cosas bien. Siempre me ha dado muchísima confianza, en el campo y en el ruedo, y siempre me ha hablado con un cariño especial. Nos conocemos hace muchos años, pues es el padrino de alternativa de mi hermano.
En 2024 hubo tardes en que nos ha hizo llorar a mi compañero y a mí. Aquella de El Puerto, la tarde de Madrid o la de Valencia, en el callejón se nos saltaban las lágrimas al ver lo que un hombre con su edad le sigue haciendo a los toros. Ahora que había enganchado digo que tendría que estar un añito más.
¿Cómo recuerdas la actuación que te ha significado el premio?
Lo recuerdo todo, desde que llegué al hotel y llegué a la plaza hasta que terminó el día. Fue un día de emociones. Intento disfrutar esos días. A El Puerto no se viene siempre. Prefiero no perderme nada y no encerrarme en la habitación, como hacen algunos. Comimos con el matador tranquilamente. La tarde fue de nervios porque, encima, debutas en El Puerto y picas el primer toro.
Disfruté hasta el himno de España. Salí tranquilo al ruedo pensando en hacer lo mejor que sé. Pegué el puyazo y cayó muy bien, aunque tuve que darle una vuelta al toro. Cuando ya me iba Ponce me dio en la rodilla y me dijo: “Dani, muy bien”. Eso es para estar orgulloso y luego, al acabar la temporada, ves que te han dado un premio.
¿Has tenido otros premios?
El primer premio fue en Teruel en 2005. Luego, en Cenicientos; en Santander el año 2010; en Ceret; en Cuéllar. En Albacete he tenido en varias ocasiones; en 2024 fue con un toro de Victorino, el último toro de la feria.
¿En qué plazas has picado más a gusto?
En Sevilla, a un toro de Alcurrucén, con Rubén Pinar. También en Pamplona, en Bilbao, en Madrid. En Madrid piqué un novillo de Joselito y fue un desastre; los del siete me pusieron como te puedes imaginar, especialmente una mujer. Al año siguiente volví y se me dio muy bien; esa misma mujer me dijo: "Hoy sí, Daniel López, hoy sí”. Se acordaba del año anterior y me fui encantado.
Cuando te aplauden en Madrid, igual que en Francia, son tardes muy bonitas. En Dax uno me gritó: "¿Te atreves a pegarle el tercer puyazo con el regatón?". No me achiqué y la verdad es que se dio bien. Luego me echaron la bronca los de la cuadra.
¿Cómo se plantea este año?
Este año voy suelto, aunque me ha llamado Juan Leal para el Domingo de Resurrección en Madrid, para septiembre en Arles y para lo que le vaya saliendo.
¿Has tenido algún percance con la puya?
He tenido muchas caídas, pero sin consecuencias. En Madrid, con Curro Díaz, tuve que pasar a la enfermería porque me dolía mucho un golpe contra las tablas. En Madridejos me caí debajo del caballo pero el toro, de Alcurrucén, me lo quitó de encima y luego me dio lo que quiso. Otra vez, me corté un tendón con una puya.
Fuera de la plaza ¿cómo te preparas a diario?
Montando a caballo; eso no se deja, aunque lo tengo innato. Voy a la cuadra del Pimpi a montar y ensayo con el palo contra un árbol, un poste o a una paca de paja. No hago mucho campo. Además, no me gusta tentar en temporada porque, cuando le coges la medida al toro, con la vaca es diferente. Físicamente, hago poco ejercicio, pero me gusta hacer spinning y andar. En alimentación, como de todo aunque me intento cuidar.
¿Ha evolucionado el tercio de picar?
Sí, porque ha evolucionado la doma de los caballos y entonces se pica más fácil que nunca. Los petos son de materiales más ligeros y mejores. La puya pienso que está bien como está. Lo que falta es un poco más de casta en las ganaderías.
El tema del monopuyazo, ¿cómo lo enfocas?
A cada toro hay que darle lo que te pide, pero si criamos un toro para diez minutos de faena olvidando el resto de la lidia, malo. E esos diez minutos de faena el toro se come aquello, pero no dura más. A veces ves a un toro salir del chiquero y ya está picado; me digo: “¿Para qué salgo si con las banderillas va sobrado?”. Esto es culpa del laboratorio que se plantea en los tentaderos.
¿Se debería cambiar algo en el tercio de varas?
Que empujen los toros más, ya está dicho. Me gustaría que el público de España fuera como el de Francia. Las mismas ganaderías ¿por qué allí aguantan y aquí no? La misma que allí se mueve luego vas a picarla en Madrid y en dos puyazos tienes que pegar uno, porque se paran y reciben medio puyazo y medio puyazo. Allí han logrado una puya que entra bien pero no hace daño.
Aparte, hay demasiados picadores y algunos no saben ni montar a caballo. Como se ve todo fácil y hay monopuyazo, le ponen el palo encima y no le rompan ni la piel. Vale cualquiera; eso es un problema. Hay mucha intrusión de gente que tiene otra profesión y van por cien euros asquerosos, no defendiendo el mínimo que marca la norma.
A un amigo de Madrid que es farmacéutico le dije: “Tú puedes tener carné de aspirante picador de novillos”. “No puede ser”. “Dame tu número, tus datos y una foto”. A los tres o cuatro meses le llegó un carnet a su casa. “¿Cómo lo has conseguido?”. “Te he firmado todos los tentaderos hechos”. Hay mucha gente con el carnet de picador; no hay picadores, que es diferente.
Cuando picas, ¿tú decides o haces lo que te dice el torero?
El matador es el jefe. A veces, al pegarle un puyazo a un toro, me han dicho “ya, ya”; digo: “Espera a que le meta las cuerdas por lo menos”. Bueno, a mí me gusta hablarlo antes y que me hablen en el sitio. Estamos a las órdenes de nuestro matador, pero algunos no escuchan nada. En El Puerto, Ponce me dijo cenando: “No me mires más; tú, a mi voz. Si te digo ‘dale’, cuando me miras me echas a la gente encima”. Por suerte tengo buen oído.
¿Hay toreros que dejan libertad al picador?
Sí, puede ser, más bien los novilleros. A mí, me hablan normalmente antes de llegar a la plaza. Dicen: “Le pegamos un puyazo, el primero, y ya vemos cómo se desarrolla”. O se dan la vuelta y dicen: “Dale sin piedad”. Frecuentemente, el apoderado te dice que no le des nada, que le hace falta al torero, y el banderillero te dice que le des fuerte, porque luego tiene que poner las banderillas. El matador ni te mira. ¿A quién le haces caso? Ahí tienes que sacar lo propio de ti.
¿Tienes algún recuerdo especial como picador?
Destaco los inviernos en Los Alburejos con don Álvaro Domecq. Me acuerdo de un tentadero de machos en que, al echar al novillo, cuando fui a colocar el caballo, con los ojos tapados, se metió en un agujero y salí por los aires. El primero que llegó allí fue el coche de Don Álvaro. “¿Estás bien?”. “Estoy perfecto”. “Venga, súbete, vamos a seguir”. Con esa familia tenemos mucha amistad.
¿Debería enseñarse a picar en las escuelas taurinas?
En las escuelas taurinas o cuando se hacen las clases prácticas, los chavales deberían aprender a poner los animales en el caballo. Saben poner las vacas en los tentaderos, en el centro de la plaza o donde el ganadero les diga, pero a veces debutan y no saben poner para picar bien. Sería bueno que un picador fuera con su caballo a poner una puya chiquitita, de nada, para simular.
¿Qué aficiones tienes aparte de los toros?
El caballo, el campo. La caza, aunque no la practico, me gusta. Me encanta un día de caza: ir al almuerzo cuando se junta la gente; luego recoger los animales; la comida… El campo me gusta más que la playa.
¿Cómo ves el panorama actual de la tauromaquia?
No está mal, aunque vamos a acordarnos de algunos que se han ido, como El Juli o Ponce. Esperemos que tarde un poco Morante. Hay matadores jóvenes y hay muchos jóvenes en los tendidos. En Madrid hacen botellón pero están allí dentro y esos el día de mañana seguirán yendo a los toros. En El Puerto, cuando sacaron a hombros a Ponce salieron al ruedo jóvenes que no habían nacido cuando él empezó. Si los políticos intentan ir contra la fiesta la juventud se rebela.
¿Cómo debería ser la defensa de nuestra afición?
Los aficionados deben llenar las plazas. Los profesionales deben abrirse más al público, que parecen algunos que no te puedes acercar a ellos. Los ganaderos deben enseñar el toro en el campo, que no se conoce.
¿Qué le dirías a un anti taurino que se acerca a ti?
Que si quiere que lo respete me tiene que respetar a mí. Si vas a una oficina y te encuentras un funcionario con aspecto de perro flauta que retrasa su trabajo cuando un profesional taurino entrega una solicitud, si tienes una llamada telefónica de algún seguro sanitario y te ponen trabas por ser taurino, la solución es exigirle con fuerza que cumpla su deber sin discriminación.
¿Quieres decir algo más?
No, creo que soy sincero. A veces ganaderos o compañeros se pueden molestar pero me da igual. Soy directivo de la zona Centro de la Unión de Picadores de la de la Unión de Picadores y Banderilleros Españoles. Debemos tener más compañerismo, defender nuestros convenios, nuestros intereses, y defender la tauromaquia. Nos defendemos poco. Hay por ahí cada uno que no veas. Muchas gracias por la entrevista en elMira.es; pienso que a la gente que hace un periódico, una web, una página, lo que sea, sobre toros hay que ayudarla por parte de los profesionales.
