lunes. 23.03.2026

En El Puerto Ponce logra indulto y Morante, bronca

Crónica de la primera corrida de la temporada de verano 2019 de El Puerto de Santa María

En El Puerto Ponce logra indulto y Morante, bronca

Crónica de la primera corrida de la temporada de verano 2019 de El Puerto de Santa María

El Puerto de Santa María (Cádiz), sábado, 10 de agosto de 2019. Primer festejo de la emporada de verano 2019. Tarde soleada con algo de brisa. Casi lleno. Preside Rafael Comino. Ameniza la Banda de Música “Maestro Dueñas”, dirigida por Javier Alonso.

Se lidiaron seis toros de la ganadería de Juan Pedro Domecq (que pasta en El Castillo de las Guardas, Sevilla), con pesos entre 510 y 530 kilos, de juego diverso. En el arrastre, el primero, el tercero y el quinto fueron ovacionados; el segundo tuvo algunos pitos; el cuarto, de nombre Fantasía, fue indultado.

Enrique Ponce, honda caída; ovación saludada. Dos orejas simbólicas

José Antonio Morante de la Puebla, pinchazo y media; ovación saludada. Pinchazo y media; gran bronca.

José María Manzanares, gran estocada; una oreja. Entera recibiendo; una oreja

Incidencias: Don Rafael Comino se estrenaba como presidente de la Plaza Real. José Antonio Carretero, de la cuadrilla de Morante, resultó lesionado del tobillo al saltar apurado la barrera. Suso, de la cuadrilla de Manzanares, se desmonteró tras parear el tercero. Ponce y Manzanares salieron a hombros por la puerta grande.

La corrida inicial de la breve temporada portuense tenía el sabroso atractivo de contar con el regreso de Enrique Ponce después de la cogida en Valencia por Fallas, que le destrozó la rodilla y se suponía que duraría hasta octubre; pero el joven Enrique no se deja ganar la partida por nadie ni por nada. Estrenábamos presidente y notamos su impronta con la interpretación del Himno Nacional al término del paseíllo, lo que se culminó con una ovación intensísima, quizás la mayor de la tarde, en tarde de ovaciones. Me permitirá una sugerencia el presi: si se va a seguir con esta costumbre, que veo bien, corríjase el momento, pues el Himno debe interpretarse antes de arrancar el paseíllo, no cuando ha terminado. El Himno es la apertura de todo y el paseíllo es ya un acto del espectáculo. En Portugal, que lo tocan siempre, se oye antes del paseíllo, no después, y aquí, cuando el rey iba oficialmente a Las Ventas se tocaba al acceder al palco real, con las cuadrillas aún en el patio. Por demás, no estaría de sobra que en el próximo acontecimiento se le dedicara un minuto de silencio (tras el paseíllo) al picador Juan Gil, fallecido el 9 de los corrientes; actuó muchas veces en esta plaza, incluso a las órdenes de Galloso. Terminamos esta introducción anotando que el público le dedicó una cálida, cariñosa ovación a Ponce por su vuelta a los ruedos y él la recogió con emoción.

Enrique Ponce, de blanco y azabache (el mismo traje de su cogida en Valencia), en su primero, bonito pero con los pitones desvainados y escobillados (lo uno, por las fundas; lo otro, por cosas peores), bregó en el tercio, para retenerlo, con un par de lances artísticos, media y larga a la derecha. Lo llevó al caballo, garboso y aplaudido, para que le pusieran puya arriba, pero tapando la salida; el quite por delantales a pies juntos y larga fue muy jaleado. Brindó al público y se entretuvo en voltear la montera, que había caído boca arriba y algún sector aplaudió (pero ¿esto qué es?); muchos aficionados son poncistas porque le gustan los detalles ¿y ahora Ponce va a caer en estos populismos chabacanos? Empezó por doblones y por alto pero un cabezazo le rompió el palilllo; arranca a sonar “El oboe de Gabriel” y en los medios y luego en el tercio hubo toreo en redondo hasta que el animal perdió las manos y volvió a desarmar; por la izquierda hubo una tanda alargada con remate por bajo, jaleado, para volver a la derecha con dos tandas en redondo aplaudidas y una por doblones; termina en tablas con una serie buena por la izquierda y se aplaude a la banda (después se aplaudió el bajonazo, o sea).

En su segundo, castaño y cariavacado, recibió con lances avanzando, luego a pies juntos y chicuelinas, rematando, ya en los medios, otra vez con media y larga, esta vez a la izquierda. En el caballo el animal fue mal cogido y empujó hacia afuera; el quite, breve, consistió en dos verónicas y media; en los pares fue bueno el de Jaime Padilla. No brindó pero se llevó enseguida a su adversario hacia afuera y a continuación ya hubo, de principio, una tanda muy templada y logrando humillación, otra con pases largos y una tercera con dominio y muy aplaudida; con la música del “Concierto de Aranjuez”, por la izquierda vimos dos tandas bajando la mano y provocando grandes aplausos; de nuevo a diestra, vino una serie en redondo también muy aplaudida (la plaza estaba entregada) pero después llegó con la izquierda la gran tanda por bajo con molinete y trincheras y cartucho de pescado; otra vez a derechas, era el momento de las poncinas (circulares genuflexos al ralentí) para el alboroto y con la plaza ya gritando “torero, torero”; empiezan a salir algunos pañuelos pidiendo el indulto y rompen las palmas por bulerías; sigue el toreo por bajo, ahora con abaniqueo y adornos, con más pañuelos; otra tanda y el animal no abre la boca; más pañuelos y otra tanda, ahora genuflexa, para pasar a los gritos de “indulto, indulto”. El presidente, nuevo y quizás incapaz de resistir la presión, saca el pañuelo naranja, entre los aplausos de apoteosis. Ponce lleva a Fantasía toreando hasta toriles y el indultado se niega a coger la puerta abierta; la banda le dedica al toro el pasodoble “España cañí” y el matador todavía tiene oportunidad de seguir toreando y luego hace el simulacro de entrar a matar con la mano; cuando acabaron las notas aceptó remisamente salir del ruedo, habiendo mostrado su casta con esa negativa a abandonar la pelea. Al fin, el de Chiva saluda en el centro entre gritos de “torero, torero”, seguidos de palmas por bulerías. El público no sacó pañuelos específicos para pedir premio al torero, por lo que la presidencia “motu proprio” concedió dos orejas (calificadas por algunos de cicateras). Si no hay estocada ¿puede haber rabo? Otro día desentrañaremos esa cuestión.

Morante, de azul y oro, a su primero, melocotón que sale enterándose, lo recibió pasándole la capa por la cara con precauciones y para llevarlo al caballo delegó en su hombre de confianza Lili, entre protestas; la puya quedó baja y la salida tapada durante tiempo, lo que provoca palmas de tango; por lesión de Carretero, Sánchez Araujo tuvo que poner dos pares en éste y otros dos en el quinto toro. La faena empezó con trasteo en tablas y pases por arriba en el tercio, provocando protestas; hay una tanda a media altura con algunos olés y a la siguiente se va parando, siguiendo otra, corta; por la izquierda aquello no consigue ir arriba y, de nuevo por la derecha, parece que quiere ir mejor con unos pases rematados belmontinamente, tras lo que viene un ayudado y una espaldina; hasta ahí.

En su segundo, que metía la cara, recibió con un breve lanceo en tablas; en el caballo hubo cuatro visitas y las cuatro terminaron en naja inmediata tras los pinchacitos; hubo un buen par de Duarte, que sustituyó a Carretero. La faena se limitó a unos ayudados por alto y una serie, seguida de cacheteo entre protestas, que arrecian cuando coge el estoque. Esta gran bronca es la tercera consecutiva ganada en El Puerto: bronca en 2017, bronca en 2018 y bronca en 2019. ¿Qué pasará en 2020?

Manzanares, de gris y azabache, en su primero, castaño, lanceó con muchas precauciones antes de la media; en el caballo, con puya mal cogida, hubo derribo; la faena tuvo un buen inicio por bajo y luego vino, en los medios, el toreo en redondo con tres series aplaudidas y el toro yendo, humillado, hasta donde le mandan; por la izquierda fueron dos las tandas y en cada una el animal hizo cosas feas y peligrosas; a la derecha de nuevo, salió una buena y el alicantino lo reintentó por la izquierda para otra, ahora breve y de punto final.

En su segundo, bien presentado, sí hay ahora buenos lances de recibo y el puyazo de Paco María, asentado, recurre inmediatamente a tapar la salida; Duarte se esmeró en sus pares pero sin llegar a desmonterarse. Bajo la música de “Orobroy” (para piano y banda, ¡qué acústica tiene la Plaza Real!), la faena se compuso de tres partes, todas con empaque; a derecha dos tandas; a izquierda una y el animal empieza a perder las manos; a derecha, dos buenas incluyendo cambio de manos. Tras la estocada, salieron otra vez los gritos de “torero, torero”. El público estaba ebrio de regusto.

La tarde había sido completa. Las broncas forman parte de la emoción y de lo imprevisible. Dos toreros a hombros no es señal de haber perdido el tiempo. Ponce quiso compartir esta salida con su hija, hasta ese punto estaba satisfecho. Igual de satisfecho andaba el personal, con los grupos de jóvenes lanzados a la arena para honrar a los triunfadores; la gente tardó en salir y, tras la salida, tardó en dispersarse.

Había calor, rescoldo, regusto, lo que se favorecía por la proximidad de la caseta “De sal y oro”, buen invento, aunque, definitivamente, lo que alimentaba las conversaciones y las sonrisas era ese indulto en el retorno del maestro, que es su tercer indulto en la Plaza Real y el indulto número 53 de su palmarés personal, récord en la historia de la Tauromaquia. Más que maestro, es marcador de una época, porque vivimos en la época de Ponce.

En El Puerto Ponce logra indulto y Morante, bronca