miércoles. 07.12.2022

¿Es Morante o es Joselito?: toda la Tauromaquia en veinte minutos

En Ubrique Morante de la Puebla alterna con Pablo Aguado y el rejoneador Andrés Romero, dejando una faena para los libros.

Morante de la Puebla, Pablo Aguado y el rejoneador Andrés Romero, a hombros en Ubrique | Foto: Marciano Breña
Morante de la Puebla, Pablo Aguado y el rejoneador Andrés Romero, a hombros en Ubrique | Foto: Marciano Breña

Plaza de toros de Ubrique (Cádiz), 29 de octubre de 2022. Corrida de toros mixta organizada por la empresa Euro Tauro Luján. Cielo azul con marañas y temperatura agradable. Lleno de público. Preside José Manuel Fernández Rivera. Ameniza la Banda Municipal de Música de Ubrique “Juan Chacón”, dirigida por Juan Pedro Ordóñez.

Se lidian dos toros de Fermín Bohórquez (hierro que pasta en Jerez de la Frontera), de juego desigual, y cuatro toros de Carlos Núñez (hierro que pasta en Tarifa), cinqueños, con cuajo y de buen juego; en el arrastre, al tercero se le tocaron palmas; al cuarto se le dio la vuelta al ruedo y al quinto de le dio una ovación.

Minuto de silencio en Ubrique | Foto: Marciano Breña
Minuto de silencio en Ubrique | Foto: Marciano Breña
  • Andrés Romero, rejonazo en metisaca, rejonazo trasero y otro rejonazo que descuerda; silencio. Rejonazo fuminante; dos orejas y rabo.
  • José Antonio Morante de la Puebla, pinchazo, pinchazo hondo y descabello; ovación tras petición leve. Dos pinchazos y media tendida tras aviso; dos orejas.
  • Pablo Aguado, pinchazo y media efectiva; una oreja. Pinchazo hondo y descabello; una oreja.

Incidencias: sobre el albero aparece un círculo dibujado con la efigie de Jesús Quintero y la frase “Hasta siempre, Loco”. Al término del paseíllo se guarda un minuto de silencio por El Loco de la Colina y después se interpreta el Himno Nacional. Deshechas las cuadrillas, a Morante se le entrega un trofeo por las cien corridas toreadas en esta temporada y un bastón de mando. En banderillas destaca Diego Ramón Jiménez (de la cuadrilla de Aguado). Los tres acartelados salieron a hombros.

Comentario

Cuando el cronista se dispone a escribir todavía siente temblor en los brazos y no sabe cómo puede contar lo que ha visto en esta tarde otoñal de Ubrique en que el torero de La Puebla del Río alcanza la corrida número cien de la temporada, después de muchos años sin que ningún torero alcanzara esa cifra.

Pero lo importante no es el número sino lo que se ha visto en el coso de la localidad serrana, enmarcado en un  recuadro impresionante de montañas, que se asoman a la arena para contemplar lo que allí ocurre. Esas montañas juegan al corro con las nubes y a veces mandan a una para abajo, con el encargo de dejar que a ella se suba un torero si decide convertir la lucha con una fiera en una expresión artística sublime que, hecha con el alma y no con el cuerpo, haga felices a los espectadores haciéndose primero feliz a sí mismo.

Vamos con la corrida mixta, en la que Romero entra por sustitución de Alfonso Cadaval y en la que Morante se acartela con Aguado, el torero con quien más tardes ha compartido este año, veintidós. Hay una foto en que se ve a Aguado, con quince años, en la plaza de Jerez llevando a hombros a Morante: el destino.

Andrés Romero

Andrés Romero, con chaquetilla gris, en su primero, que brinda a sus compañeros de cartel, para con el tordo Obelisco (que había montado en el paseíllo), a un animal que sale distraído y, tras fijarlo, le pone un rejón arriba pero algo trasero antes de jugar con él, encelándolo en su distraimiento.

Saca a Bucéfalo (así se llamaba el caballo de Alejandro Magno) para colocar tres farpas, citando de lejos y yendo de frente al encuentro pero con el toro cada vez más distraído, lo que hace que la tercera quede algo caída. Con el castaño Guajiro son inverosímiles los quiebros clavando o solo encelando, complementados con las piruetas para salir de la cara del toro y con las gesticulaciones aprendidas de Diego Ventura.

El albino Chamán sale para el último tercio y sobre él pone dos banderillas cortas en serie y luego, previo piafé, una corta con una rosa; feo es el gesto del subalterno que, tras caer el toro, lo levanta tirando de los cuernos; luego el cornúpeto cae descordado y vuelve el citado a intentar levantarlo tirando de los cuernos (¿dónde queda la ética profesional de los subalternos?).

En su segundo, brindado a los paisanos venidos de Escacena, saca a Copito de salida y se va casi a porta gayola para dejar, a la velocidad del rayo, un rejón en su sitio, en suerte inventada por Ventura; hay un segundo rejón, pero éste queda algo trasero. Sobre Fuente Rey, lo templa con las ancas a lo largo de todo el ruedo, con una venturina, y luego cita de lejos, avanza de frente y clava arriba; repite pero ahora la farpa cae; para una tercera quiebra en falso y al segundo quiebro clava arriba.

Saca a Farrugia, caballo nuevo y de crines sueltas, con el que encela y luego cita en corto para quebrar y clavar, tras lo que vienen largas carreras de comunicación con el público, siguiendo con un quiebro andando para atrás en tablas sin clavar, antes de ponerla con cite en corto con otro quiebro, entre el entusiasmo del publico, al que contesta con otra farpa quebrando en tablas, de manera que el jinete se baja del corcel entre grandes aplausos y lo manda ir solo afuera.

El tordo Kabul sale, para dos cortas, puestas de una en una, y luego una corta con rosa, cuando el funo busca tablas, lo que neutraliza con toreo de ancas, balancín y carreras de saludo. Sobre Chamán el rejonazo es fulminante y desmonta para salir corriendo al centro con gestos exagerados que buscan convencer y convencen al público, lo que da lugar a la concesión de un rabo, evidentemente exagerado.

Andrés Romero en Ubrique | Foto: Marciano Breña
Andrés Romero en Ubrique | Foto: Marciano Breña

Morante de la Puebla

Morante de la Puebla, de catafalco e hilo blanco con chaquetilla dorada y medias blancas, a su primero, cuajado y corniapretado, recibe en tablas con lances de control y algunas verónicas sueltas, con su aire, pero el toro sale distraído y remata en los medios con media jaleada. Lo lleva al caballo y le aplauden la media final; la puya cae descentrada y la gente pita para que pare; hay un quite por chicuelinas y media, aplaudido. Los palos se ponen más que correctamente.

La faena arranca por alto en tablas, con embujo morantero, molinete y espaldina; en el tercio hay tanda en redondo con cambio de manos y en la siguiente tanda, iniciada con trincherilla, el toro puntea pero se ligan algunos pases; por el pitón izquierdo salen de uno en uno, acompañados de esos desagradables gritos propios de espantar cochinos (¡güey!); con la derecha otra vez, torea de uno en uno con poca colaboración del bicho y molinete final que deshace, en movimiento inverso, por enganchón de la tela; tras coger el estoque hay una preparación con la izquierda y un abaniqueo terminado en desplante con toque de pitón.

En su segundo, cornillano de media luna y Zarampaño por nombre, lancea de saludo en tablas con olés a cada pase. Lo lleva al caballo con tijerilla aplaudida para recibir puya correcta y luego quitar por gaoneras con otra tijerilla. Banderillea Morante; en su útimo toro de la temporada quiere emular a Joselito, que banderilleaba sus toros y con qué gracia; mientras la banda ataca el pasodoble “Gallito” (¿qué otro pasodoble, si no?), deja, al cuarteo, un par algo trasero y el segundo bien colocado, para terminar ejecutando la suerte al quiebro encerrado en tablas, tras lo cual los aplausos son tan fuertes que le obligan a saludar montera en mano.

Morante de la Puebla en Ubrique | Foto: Marciano Breña
Morante de la Puebla en Ubrique | Foto: Marciano Breña

Tras brindar a su apoderado, inicia la faena sentado en el estribo pero antes de arrancar el toro empieza a sonar un fandango en el tendido y se quedan ahí, como dos estatuas con menos de dos metros por medio, toro y torero en momento mágico hasta que el cante termina; empieza una serie de ayudados por alto genuflexos, sin dejar el estribo, y al terminarla aquello es una locura; ya Morante se ha montado en una nube y desde ella decide continuar haciendo el resto de la faena.

Sigue una tanda en redondo, en los medios, con uno de pecho lentísimo; con la izquierda nos ofrece dos tandas, la una templada y la dos con mando y trazo largo; de nuevo a diestra, sale una tanda entregada, fajándose con valor de verdad y llevando al toro cosido entre aplausos enormes y la mayoría del público con los vellos de punta; por el pitón izquierdo ahora, el toro se siente podido y él está por encima, haciendo todo al ralentí en una tanda, a la que sigue otra, muy despaciosa, con el toro imantado en la muleta.

¿Es Morante o es Joselito? Cuando se dispone a matar hay un silencio absoluto de la plaza, toda llena, y el torero se decide a ir tras la espada sin preocuparse de ver si el toro está cuadrado; desde la nube no ha visto la realidad del suelo. Él mismo ha tirado el rabo a la papelera. No importa nada después de que Morante nos ha mostrado el secreto del toreo, no ha dado una lección para enseñarnos lo que es la Tauromaquia en veinte minutos. Hasta los mulilleros dan una lección llevando al toro, premiado, con arrastre verdaderamente lento y con las gorrillas en las manos por el respeto que el animal se ha ganado; enhorabuena a Los Saleros.

Morante de la Puebla en Ubrique | Foto: Marciano Breña
Morante de la Puebla en Ubrique | Foto: Marciano Breña

Pablo Aguado

Pablo Aguado, de catafalco y plata, a su primero, cornidelantero y lavadito, lo recibe con verónicas de pies asentados pero trazadas sin continuidad, con chicuelinas y con dos medias en los medios. Después de una mala puya, fuera de sitio, hay un quite torero por chicuelinas y larga natural con la izquierda.

Iván García deja buenos pares en ejecución pero el último algo trasero. Tras brindar a las cámaras, inicia por estatuarios, avanzando, con kikirikí, molinete y espaldina; hay una tanda en redondo muy asentada, rematada con espaldina y el de pecho; a la siguiente el toro va saliendo muy distraído y huidizo aunque consigue bajarle la mano; la segunda parte de la faena va por la izquierda, primero con una serie de uno en uno, terminada en molinete de mano baja y el de pecho, y luego con una serie caminando hacia las tablas y con adornos sevillanos.

En su segundo, cuajado y corniapretado, saluda con verónicas dominadoras avanzando y media genuflexa. Ataca al caballo con violencia y empuja abajo recibiendo puya dura. Se luce con los palos Diego Ramón Jiménez.

Brinda a Morante e inicia con doblones mientras se oye un fandango desde el tendido; sigue tanda en redondo y el animal va bien aunque cabecea al final del pase; hay ahora una tanda despaciosa y de trazo largo (pudiera parecer una paradoja), con trincherazos y el de pecho, y otra más, rematada con un pectoral, una espaldina y otro pectoral; con la inzquierda sale una tanda aplaudida, en la que una banderilla queda enganchada en la muleta; de nuevo a diestra, el toro renuncia ya a colaborar y los pases salen esforzados (con esfuerzo) pero elegantes, con un cambio de manos, que gusta una vez más.

La noche está cerrada, la temperatura sigue siendo agradable, han pasado casi tres horas y nadie lo ha sentido. Mientras los tres acartelados pasean a hombros nadie se mueve de su sitio. Tras salir ellos por la puerta grande, el público va caminando poco a poco por el graderío, rumiando lo que ha visto y dudando de que sea verdad.

Pablo Aguado en Ubrique | Foto: Marciano Breña
Pablo Aguado en Ubrique | Foto: Marciano Breña

A la puerta de la plaza la aglomeración no se deshace y sigue media hora más, la sonrisa en las caras y en las cabezas la incapacidad para poder explicar lo que han contemplado y para decir lo que sienten. Esto es el toreo. 

¿Es Morante o es Joselito?: toda la Tauromaquia en veinte minutos