El Club Taurino El Rabo, de El Puerto de Santa María, que preside Jesús Domínguez, ha abierto su temporada con un encuentro en su sede de la calle Mazzantini, donde el protagonista ha sido el torero Juan José Padilla, que ha llevado a su novillero poderdante, el moronense Martín Morilla. Ha moderado Rocío Oliva. Con lleno de aficionados, asistieron los concejales Ignacio González y Carmelo Navarro, así como el torero Pepe Osuna.
Primeros pasos
Preguntado sobre los primeros pasos Padilla explica que “la afición taurina me entró desde los cinco o seis años por mi padre, que me llevaba a los tentaderos y a las plazas; en El Puerto vi a Paco Camino y la corrida de los seis toros ensabanados. También se la inculcó a mis hermanos”.
”La primera vez que me puse delante de una becerra tendría seis o siete años. Un vecino del Pago de San José nos conocía de la vaquería. Un día, en la Hijuela del Polo hubo una fiesta de una bodega y me llevó este hombre aunque mi padre no estaba. Soltaron unas becerras y a una le pegué dos estatuarios; recuerdo que el pantalón lo tenía meado entero y eso no lo olvidaré en mi vida. A partir de ahí empecé a ir a los tentaderos con siete u ocho años”.
”Con los doce años, después de muchos tentaderos ya iba cogiendo el pulso a las vacas. En lo de Osborne o en lo del Marqués de Domecq veía a Galloso y a Ruiz Miguel, que me ayudaban a torear sus becerras y me decían cómo me tenía que poner. Don Manuel Prado, cuando tentaba en lo suyo, decía: “A ver, todos los chicos que están ahí bajo que se suban a la tapia, menos el Panaderito”. Era el niño mimado de los ganaderos; con don Álvaro igual”.
En la escuela taurina
“Un invierno un empresario, Pascual Rodríguez, que llevaba Alcudia y varias plazas de Mallorca, vino a comprar novillos a lo de Miguelín y a Alventus. Me vio en un tentadero y, tras hablar con mi padre, me llevó en verano a Mallorca; así, maté mi primer becerro en Palma”.
”Vuelvo, retorno a los tentaderos y me inscribo en la escuela taurina de la Diputación, donde coincidí con Domingo Valderrama, Jesulín de Ubrique y Cristo González; me sirvió para torear muchas becerradas. El maestro Rafael Ortega tenía mucho carácter pero conmigo se portaba de una manera especial. Me llevaba a su casa, donde preparó un carretón con pacas de paja y una cornamenta; también me llevaba en su coche a tentaderos. Además, con la escuela fui a muchos sitios de toda España. Ahora me doy cuenta de la importancia de esa convivencia con el maestro, una figura histórica”.
Etapa novilleril
“Debuté con caballos en septiembre de 1989 en Jerez. Al año siguiente, en agosto, fui a Madrid sin estar preparado. En Arcos, en septiembre, un novillo me pegó una cornada muy fuerte, partiéndome la femoral, pero, aunque tardé mucho tiempo en recuperarme, tuve una sensación buena. Seguí con mi trabajo de repartir pan, en lo que llevaba desde los catorce años. Siempre fui un niño responsable; no quería abusar de mis padres a la hora de necesitar una chaqueta o zapatos y compraba a ditas, como se decía antes. Cuando miraba las revistas taurinas me veía reflejado en los novilleros de aquella época”.
”Con el rejoneador Javier Buendía me coloqué de auxiliar para no desvincularme del toreo. Él nunca echaba pie a tierra, de manera que si el rejón no era suficiente entonces era yo quien usaba la espada o el descabello con el toro. Además, me permitía hacer quites cuando yo quería, en las muchas plazas a las que me llevaba”.
”En 1992, un señor de La Línea, Juan José Pérez (que conocí a través de un mecánico de Benalup), decidió ayudarme y me encargó apalabrar en Los Alburejos dos toros con don Álvaro para torear a puerta cerrada. Me vestí de torero y preparé seis pares de banderillas; me fui a porta gayola en los dos los toreé de todas las formas y los maté. Entonces me dijo: “Vete a Madrid y te haces dos vestidos de torear, que vamos a empezar a funcionar”. Estuvo conmigo hasta la alternativa y cumplió su sueño”.
Matador de toros
“Sobre la alternativa no tenía planteado cómo tenía que ser; lo que quería era tirar el saco de pan y empezar a torear toros. No pudo ser en la feria de Jerez, porque tenía comprometida una novillada en Sevilla para finales de mayo, y la tomé en junio del 1994 en Algeciras con Saetero, de Benítez Cubero; el padrino fue Pedro Castillo y el testigo, Niño de la Taurina”.
Le llaman el torero de las siete vidas. “Mi profesión es de riesgo y hay que ser consciente de que exige poner en riesgo la vida. En el toreo todo es de verdad y para mí las cornadas son triunfos; no estoy triste por ellas. Estoy orgulloso de haber tenido la suficiente fortaleza, que me ha venido de Dios, de la sociedad, de los profesionales y de los médicos, y haber vuelto al sitio. Las cornadas nos hablan de la grandeza del toreo”.
”He tenido muchas ocasiones de triunfo en que me he sentido el hombre más feliz del mundo pero la tarde de Pamplona marcó mi trayectoria. Había confirmado mi alternativa y había estado ya en Barcelona pero sabía que era difícil entrar en ferias importantes. En Sevilla toreé una corrida fuera de abono, donde saqué una oreja y una vuelta y por la noche me comunicaron que contaban conmigo para Pamplona. Supe que era mi oportunidad y no se me podía escapar; al primer toro le corté una oreja y al segundo, las dos, por lo cual me declararon triunfador de la Feria y a partir de ahí salí lanzado. En Mont de Marsan corté cuatro orejas y en Santander, tres; eran sustituciones pero empecé a golpear”.
Indultos
Se refirió a algunos indultos logrados por él. Inglesito fue un toro de Torrealta que lidió en Jerez en 2001. Embestía como un cañón ya en el capote y le pegaron dos puyazos; en la muleta tenía mucho motor, se venía de lejos y reponía mucho. “El cuarto, de Ponce, era mucho mejor para el torero pero el mío era un toro de ganadero y de hecho dio buenos productos”.
”En San Sebastián, el 2005, con toros de Victorino tuve la oportunidad de reivindicarme, después de una polémica que había existido, por medio de Muroalto. El día anterior había toreado en Guadix con fiebre y durante el viaje, en día lluvioso, iba preocupado por el compromiso grande que me esperaba. Luego salió un toro que embestía con una clase única y humillando; nunca pensé en torearlo para indultarlo sino que lo hice para mi gusto y sentía que la afición estaba disfrutando. Estaba seguro de cortarle las dos orejas y no hice ningún gesto para buscar el indulto sino que el toro se lo ganó. Ahí retomé la relación con Victorino”.
”Otro importante fue Sonajero, de Villa Carmela, en la Méjico el año 2014. En esa corrida no había tenido suerte pero la gente empezó a pedirme que echara un toro de regalo y la empresa me ofreció el sobrero. Salió el que estaba para mí, empezó a embestir de pe a pa, funcionó como bravo y noble y lo indulté. Otros indultos fueron los dos de Osuna; en Ecuador indultó también dos toros; en Venezuela (en 2012), en San Roque (en 2013)... En total, han podido ser once o doce”.
La retirada
“En 2018 llegó la retirada. Había tenido una etapa maravillosa de corridas legendarias, con Miura, Victorino, Palha, Aguirre, y cuando pensaba retirarme me ocurrió lo de Zaragoza. Tiré de amor propio y sentí la necesidad de volver a vestirme de torero por normalizar mi vida y la de mi familia. No pensé que iba a torear tanto pero superé las quinientas corridas después de la cornada, con la Puerta del Príncipe o un indulto en la Méjico”.
”Tras esa etapa maravillosa, llegó el momento en que me dije: ‘Me voy a retirar porque ya no puedo dar más’. La verdad es que, en cuanto a mis facultades, no estaba al nivel en que tenía que estar para el ritmo que yo marcaba. La coronación fue el Premio Nacional de Tauromaquia 2018”.
”Si hablo de plazas, para cualquier torero Sevilla y Madrid son, en ese orden, fundamentales. Fundamentales son también la familia y la cuadrillas y tengo la suerte de contar con muchos amigos de verdad. El doctor García Perla se ha convertido como en un hermano para mí, lo mismo que Adolfo Suárez; soy un privilegiado con la amistad. Ante la medida de suprimir este año el Premio Nacional de Tauromaquia, comenta que ha habido una respuesta rápida y muy satisfactoria la Tauromaquia, que no entiende de colores políticos. Nos han atacado pero lo importante es no cruzarse de brazos”.
Etapa de apoderado
En cuanto al apoderamiento que ahora ha iniciado (y que es su segunda experiencia), lo justifica en que el joven Morilla tiene unas cualidades innatas. “Por un lado tiene un palo artístico y de expresión, pero además tiene un fondo de capacidad y entrega absolutas. Cuando conjugue concepto y entrega será un buen cóctel y marcará la diferencia. Como persona no te cuento, porque es de una familia extraordinaria y él es noble y absorbe las cosas que se le dice”.
”En los despachos soy un principiante. Como torero he conocido la identidad de cada plaza y convencer a los tendidos; ahora en esta etapa intentaré no defraudar a mi torero y defenderlo a capa y espada, pero razonablemente”.
Sobre la situación de los novilleros Padilla explica: “Últimamente las cosas están muy difíciles. A la Fundación de Toro de Lidia hay que agradecerle que está dando muchas oportunidades a los novilleros. Es verdad que se celebran pocas novilladas, pero ya se preocuparán los empresarios porque hay nombres, como Marco Pérez, que van a obligar a montar nuevos festejo y pueden hacer tándem con, por ejemplo, Roca Rey”.
Martín Morilla
Finamente, Martín Morilla tomó la palabra. “Sólo puedo decir cosas positivas y doy gracias de que una figura de su talla se haya interesado en mí. Me siento un privilegiado. Por circunstancias, el año pasado no pude torear mucho pero esta temporada creo que va a ser bonita. Me lo ganaré tarde a tarde”. Sobre su toreo dijo: “No resulta fácil definirme pero me gusta la profundidad, el toreo clásico, y al mismo tiempo la entrega y el compromiso”.
