Plaza de toros de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), 21 de marzo de 2026. Novillada con picadores, correspondiente a la tercera clasificatoria del Circuito Andaluz de Novilladas, organizado por la Fundación del Toro de Lidia. Media entrada. Cielo nublado amenazando lluvia. Preside Luis Rodríguez. Ameniza la Banda de Música “Julián Celdrán”, dirigida por Justo Jiménez.
Se lidian seis toros de la ganadería de Luis González Conde (hierro que pasta en Sanlúcar la Mayor, Sevilla), con pesos entre 406 y 447 kilos, bien presentados en general y colaboradores en cuanto al juego. En el arrastre, el segundo tiene pitos; el tercero y el sexto, vuelta al ruedo; el cuarto, palmas.
Víctor Barroso (de nazareno y oro): pinchazo y estocada entera desprendida; oreja con petición minoritaria de segunda. Estocada honda desprendida; dos orejas.
Francisco Fernández (de salmón y oro): puntillazo sin entrar a matar; palmas. Pinchazo, estocada tendida y trasera más descabello, tras aviso; dos orejas.
Isaac Galvín (de verde y oro con vivos negros), que debuta con caballos: estocada entera en lo alto; dos orejas. Estocada trasera; dos orejas y rabo.
Incidencias: Antes de arrancar el paseíllo suena el Himno Nacional. En banderillas destacan Tomás López (de la cuadrilla de Barroso) y David Pacheco (de la cuadrilla de Galvín). Transmiten en directo las cámaras de Canal Sur. Los tres espadas salen a hombros.
Se trata de la última novillada de la fase clasificatoria en el Certamen Andaluz de Novilladas con Caballos. Julio Norte y Dennis Martín ya se han clasificado tras la segunda novillada. Ahora les toca luchar a tres jóvenes de la provincial de Cádiz. Víctor Barroso y Francisco Fernández ya conocen esta competición; Isaac Galvín, hijo del banderillero de igual nombre, debuta con caballos. Veamos el desarrollo.
Víctor Barroso
Víctor Barroso, a su primero, mulato, lo lancea en tablas con suavidad y bajando las manos; el novillo acude muy bien y remata con media. Al caballo va recto y empuja con la cara alta, de lado, pero la puya es larga y protestada; el quite por chicuelinas, en los medios, es aplaudido. Le ponen dos pares de banderillas solamente.
Cita en los medios de rodillas y el animal acude desde tablas; le arrea así una tanda completa y solo se levanta para el pase de pecho, entre aplausos; luego, el toro calamochea un poquito, pero va bien hasta donde el novillero lo lleva, pero en la segunda tanda, aunque acude con rapidez, se muestra pegajoso y tiene que perderle pasos. Prueba con la izquierda. A diestra de nuevo, al tercer pase se lanza a por el circular y, como el novillo va ya más parado, sigue por ese palo. La tanda de preparación es de aliño. Hay que poner más entusiasmo.
El segundo de Barroso
A su segundo recibe con larga cambiada de rodillas y luego lancea sin excesiva colaboración del animal, hasta rematar con media. En varas, el animal se va al caballo de puerta y ahí recibe el puyazo de Juan Melgar; quita por delantales en la boca de riego. En banderillas Tomás López tiene buena actuación.
Con la muleta, se dobla por bajo en tablas y remata con un pase de pecho aplaudido; luego baja a mano y sigue la tanda cadenciosa, con ligazón. Por el pitón izquierdo el animal humilla mucho. A diestra de nuevo, siguen tres tandas con renovada ligazón, aunque en la tercera ya el novillo va a menos. La tanda final se dispone a hacerla de rodillas, pero al segundo envite hace por él y le pega un revolcón sin consecuencias.
Francisco Fernández
Francisco Fernández a su primero, bien presentado, le da en tablas verónicas muy bien mecidas y se pasa a los medios para engarzar con varios delantales, pero el toro cabecea y no le permite rematar con la media. En varas el novillo tarda en arrancar y al final marra el picador, que luego la pone de manera incorrecta, teniendo que corregir, acabando con derribo del caballo, sin que el picador llegue a desmontar; el quite en los medios va por delantales y el novillo nuevamente no le deja rematar; el picador va a un segundo puyazo en el espacio entre rayas y es abucheado por el público, pero el novillo se lleva lo suyo. En banderillas ponen dos pares.
Con la muleta lo saca a los medios y cita de largo para tanda donde el bicho anda remiso y hay que sacar los pases con esfuerzo. Por la izquierda, saca unos pases de aquí para allá y se van los dos a tablas; por ahí sigue insistiendo pero tiene delante un marmolillo que lo único que hace es soltar tornillazos y no hay mucho más que sacar. El animal no quiere salir de tablas y con la derecha le arranca un par de pases más, entre gritos de hastío del público. Mientras se dispone a prepararlo, el novillo, por su cuenta, se acuesta junto a las tablas en falta absoluta de casta. Lo cogen por los cuernos para levantarlo en falta absoluta de respeto. Ahí mismo lo apuntillan y aun así salen pañuelos en falta absoluta de formalidad.
El segundo de Fernández
En su segundo, castaño, cuajado y cornillano, da vistoso lanceo de recibo, avanzando de tablas a medios, rematado por una revolera, levantando muchos aplausos. El novillo se viene solo al caballo y sorprende al picador, que, no acertando a colocar la puya, lo convierte en un colador, entre las protestas del público; el quite por chicuelinas y dos revoleras es largo, con un novillo va distraído. Son buenos pares el primero y el tercero.
Inicia faena toreando por abajo y luego por alto. En los medios, compone la figura, pero el novillo no permite ligazón. Con la izquierda desarrolla tres tandas; la primera es aplaudida, en la segunda hay buena exposición pero el novillo va a menos, y desarma, y en la siguiente, de uno en uno, el novillo va negando colaboración. A diestra de nuevo, insiste pero ya va pasado de faena y el novillo no está para nada. Remata la tanda por dos molinetes. En la vuelta con trofeos se pone a firmar parsimoniosamente autógrafos. Las dos orejas concedidas no tienen explicación.
Isaac Galvín
Isaac Galvín, en su primero, colorado cornidelantero, recibe con lances genuflexos avanzando hasta los medios, donde se estira con verónicas jaleadas y remata con dos medias. Hay puya trasera persistente y muy protestada; el novillo, al salir, pierde las manos y es quitado por chicuelinas rematadas con larga natural. En banderillas David Pacheco es aplaudido.
Tras brindar a su madre, inicia en tablas por alto y enseguida se va a los medios para citar de lejos y atacar con dos buena tandas ligadas y aplaudidas. Con la izquierda torea por ayudados. A diestra de nuevo, el animal va mejor y la plaza estalla en aplausos; unas manoletinas rematadas con el de pecho preceden a buena estocada. En la vuelta triunfal firma autógrafos, fea costumbre que se está extendiendo.
El segundo de Galvín
A su segundo, cuajado y corniabierto, lo recoge en tablas y le efectúa una labor de lidia, sacándoselo a los medios, siempre por la cara, hasta que remata con media. El novillo se va solito al caballo, donde es mal cogido, con rectificación y barreneo que despierta las iras del público; después vuelve al relance y le dan un puyacito de refilón. Hay gran par de David Pacheco.
Brinda al público e inicia con tanda en los medios, con un dinamismo que hace al novillo rodar por los suelos, pero continúa hasta el pase de pecho. siguen dos tandas más ligadas y centradas. Con la izquierda, en el primer pase pega un tirón que provoca una vuelta de campana, a lo que sigue un toreo un poco embarullado antes de sacar una tanda de cierto mando, respondida con aplausos; inmediatamente, el novillo ya está acusando el golpe en la espalda y deja de colaborar. A diestra de nuevo, sigue insistiendo y va sacando pases con un cierto tremendismo. Sin embargo, lo verdaderamente tremendo es que el presidente conceda el rabo.
Final
El festejo ha durado tres horas menos cuarto y esto es algo que debe arreglarse. Las vueltas con trofeos deben ser más rápidas. Hasta los areneros desarrollan su labor de manera muy premiosa y se toman todo el tiempo del mundo. Todo ello hace que las corridas y las novilladas duren tanto tiempo.
La televisión se está apoderando del espectáculo y también impone su marcha, acorde a sus necesidades publicitarias. Sin duda, el presidente es el principal responsable y debe imponer el ritmo adecuado al espectáculo, pero a veces preguntamos que cómo va a hacerlo uno como el de hoy, si se deja llevar y abre el grifo de los trofeos como si fuera a rebatiña (y hoy no es el único día que lo hace).
