miércoles. 30.11.2022

Octavio Chacón: “Llevo tiempo obsesionado con torear despacio”

Entrevista al torero de Prado del Rey para repasar su temporada de 2016
Octavio Chacón
Octavio Chacón

Nos dirigimos a Prado del Rey, en la serranía gaditana, a las puertas del Parque Natural de Grazalema. Es uno de los pueblos blancos menos conocidos pero que más merecen ser visitados. Fundado por el rey Carlos III en su empresa de repoblar las zonas abandonadas, es un ejemplo de que ya en el siglo dieciocho sabían planificar el urbanismo, mejor incluso que en muchas ciudades de ahora.

En ese pueblo sencillo se mantiene la llama de la afición taurina. Se ha recuperado el toro de cuerda tras años de olvido, una vez que se ha podido demostrar que era una tradición de tiempo atrás. Además, la clase práctica que cada año monta la Escuela de Ubrique concita gran seguimiento de público.

Bien, allí nació y allí reside Octavio Chacón, un torero que está demostrando su determinación y su valía. Cuajado en las plazas duras, atesora un toreo de muchos quilates y lo va mostrando cada vez con más contundencia.

Paseamos con él por las calles del pueblo, de su pueblo, del que se encuentra muy orgulloso; saludamos a la Virgen del Carmen y releemos el latín de la estela de Fabia. Se vive bien en los pueblos hoy día; ya no es como antes. Después salimos al campo y nos acercamos al complejo turístico de Huerta Dorotea.

Desde la terraza ajardinada absorbemos todo el increíble paisaje, con abundancia de olivos, que nos rodea; por un lado, el castillo de Matrera, con su restauración polémica y por el otro, las cumbres de la sierra de Grazalema, dejando a la izquierda el perfil del pueblo, dominando un collado de paso entre dos zonas más bajas. El solecito nos anima a charlar confidencialmente.

¿Cómo surgió tu afición y qué te enganchó del mundo del toro?

No tengo ningún antecedente torero en mi familia pero mi padre es muy aficionado y me llevaba de chico a Ronda, a El Puerto, a Sanlúcar…; así me entró la afición. Del mundo del toro me enganchó todo lo que lo rodea. Empiezas como con un juego de niños, primero en la calle, luego delante de una becerra. Tanto te llena que, cuando te das cuenta, es tu vida y tu profesión.

¿Cómo fue tu estancia en la escuela taurina de Jerez?

Es lo que más me ha marcado, una experiencia inolvidable. Estuve dos años y medio pero fue primordial para mi formación torera. Tengo un grato recuerdo de los profesores y compañeros. Coincidí con Miguel Ángel Sánchez, Ojedita, Juan Rojas, Mambrú, Álvaro Márquez, Sánchez Mora, Jaime Padilla, Caro Gil, Carrasco, Raimundo… Nos llevaban el maestro Rafaeli, el maestro Lozano, Cámara, Pepe Márquez, el preparador, y por supuesto el mozo de espadas, Valenzuela, al cual le tengo y le tendré siempre mucho cariño.

¿Cómo fue tu debut con caballos?,

Fue el 14 de abril de 2001, en la feria de Algeciras, con una novillada de Joaquín Barral y alternando con Curro Duarte y Juan Miguel Montoya. Ese día lo guardo con mucho cariño por lo mucho que pude disfrutar. Debuté con dieciséis años y corté tres orejas.

¿Puedes resumir tu etapa de caballos?

De la escuela salí con apoderado, que fue el maestro José Luis Galloso, y debuté con caballos teniendo ambiente. Fueron tres años de novillero con caballos, con setenta y tantas novilladas hasta tomar la alternativa.

¿Cómo fue tu alternativa, un Día de Andalucía?

Es eso a lo que uno aspira, un sueño cumplido, y lo viví como un día grande. Fue en El Puerto, el año 2004, con ganado de José Luis Pereda; el padrino fue Javier Conde y el testigo, Matías Tejela. Salió muy bien; el primer toro se lo brindé a mi padre y el resumen fue de tres orejas. Fue todo muy emotivo.

¿Cómo fue tu periodo de matador hasta llegar a la temporada de 2016?

Tras la alternativa toreé dieciocho corridas ese año. En 2005 seguía con el maestro José Luis Galloso y Paco Dorado y también fueron una quincena de festejos. A partir de ahí me equivoqué, al dejar ese apoderamiento; vino la cruda realidad de años duros, hasta que conocí a un aficionado de Arcos, Cristóbal Sierra, que me dio la oportunidad de hacer campo y mantenerme vivo. Así, en 2009 me vino la oportunidad de ir a Perú y decidí coger las maletas con mucha incertidumbre. Gracias a Perú salí nuevo y renovado; todos los años hago entre quince y veinte corridas por allí.

Comenzaste el año con los reconocimientos por tus éxitos de 2015: triunfador en el Valle del Terror, en la Sierra Oeste, escapularios en Cajabamba y en Guarín... Te debieron dar moral para empezar la temporada 2016.

Exactamente. En 2014, en Fresnedilla (Ávila) tuve en octubre la última corrida de la temporada, y era la primera mía en España ese año; pude indultar un toro de Escolar. De ahí que en 2015 pude torear doce corridas en el Valle del Terror y tuve la suerte de abrir nueve puertas grandes; de ahí esos reconocimientos. Este 2016 he rubricado una buena temporada.

… Esta temporada que comenzó en Ajalvir. ¿Cómo recuerdas aquel comienzo de la temporada 2016?

Con mucho frío, pero fue bonito porque compartí cartel con Víctor Janeiro y Víctor Puerto. Di una dimensión grande de torero, con mis ideas claras, y corté tres orejas. Después del trabajo realizado, vi un rayito de sol para seguir adelante.

En la Hermandad del Transporte de Jerez hiciste toreo de salón. ¿Te han llamado a otros sitios para convivir con los aficionados?

Esas cosas son fundamentales. Hay que tener contacto con los aficionados y con los chavales. Ahora me estoy abriendo más a los aficionados, los llevo al campo y les invito a entrenar para que vean el día a día de un torero. Estoy dispuesto siempre a los festejos benéficos en que me llamen. Donde más he hecho toreo de salón en público es en los pueblecitos del centro de Perú; allí cogía como una rutina ir a los colegios la mañana del día de la corrida para que los niños supieran lo que es un capote y una muleta. En los pueblos de Ávila y Madrid por las mañanas suele haber encierros infantiles y después los niños pueden coger los trastos.

¿Qué pasó en Alés (Francia)?

Fue en mayo y no había toreado desde Ajalvir. Me dio la oportunidad de ir a Francia, con ganado de Cura de Valverde. Era un día desapacible pero el primero sirvió, hice un esfuerzo grande y le corté una oreja; después la tarde se torció con la cogida de Alberto Lamelas por el estado del ruedo y otro a mí me echó mano sin consecuencias. Sin embargo, esa tarde me ha marcado porque gracias a ella voy a estar en algunas ferias de Francia este año.

¿Cómo fue la tarde de Cenicientos?

En toda esa zona el aficionado quiere guardar la integridad del toro. En Cenicientos el año anterior me había ganado la repetición. Fueron toros de Escolar, con presencia de primera. El primero se dejó pero sin repercusión y el segundo sí me permitió cortarle dos orejas. Lo mejor es que aquella corrida fue televisada por Tele Madrid y tuvo mucha difusión entre los aficionados.

¿Qué pasó en Tafalla?

Allí los toros de Prieto de la Cal no me dieron posibilidades de triunfo. Alterné con Esaú Fernández y Francisco Marco, pero los toros no embistieron. Esa corrida se paró mucho.

¿Cómo recuerdas la corrida de Almorox (Toledo)?

A Almorox volvía después de 2015. La viví, porque por la mañana me fui a los encierros. Los toros, de Dolores Aguirre, eran manejables pero tenían mucha seriedad y al primero, colorado, le corté las dos orejas. En el segundo hice un gran esfuerzo pero pinché.

¿Y la de San Bartolomé de Pinares?

Esa corrida, de Antonio San Román, fue muy fuerte y el ganadero tenía mucha fe en ella. El primero toro mío pesó 630 kilos y eso en una plaza portátil impone; era agosto y se paró pronto. Después toreé un toro ensabanado y le corté el rabo, con una faena que me ha marcado este año.

¿Cómo discurrió la corrida concurso de El Álamo?

Fue también televisada por Tele Madrid, lo que te da un punto de presión y responsabilidad. Era un cartel con Juan Bautista y Morenito de Aranda. Maté por delante un toro de Victorino Martín, que era la primera vez que mataba algo de ese hierro; llegó al último tercio muy parado, quizás por el esfuerzo del encierro. Se me hacía cuesta arriba la tarde, sin pasar nada, con la televisión por medio... Gracias a Dios, luego me salió un toro, “Carafea”, de Dolores Aguirre, nos compenetramos y le hice una faena de dos orejas, de la que se ha hablado mucho en el mundo del toro. Cuajar un toro de Aguirre me dio mucha moral.

¿Qué tal en Sotillo de la Adrada, el siete de septiembre?

 

Entré por la vía de la sustitución. Era una corrida de Fernando Peña, con el maestro El Cid y con el maestro Juan Bautista. Es una de las más duras que he toreado este año pero el esfuerzo se hizo, la espada me funcionó y corté una y una. Fue una tarde bonita porque compartir ese cartel me llenó mucho.

¿Cómo salió la tarde de Sangüesa?

Fue también con toros de Antonio San Román. Esa corrida no embistió, no fue manejable. Al primer toro le corté una oreja y al segundo, después de haber estado bien, lo pinché. Me quedé con un sabor agridulce a pesar del esfuerzo que hice en ese segundo, pero los toros tienen hueso.

Luego volaste para estar en Ranrahirca (Perú) el 21 de septiembre.

En Sangüesa estuve el 17 y el 18 volé. Toreé una de Apóstol Santiago y tuve la suerte de traerme el escapulario de esa feria. Estaba anunciado dos días seguidos, pero con todo dolor de mi corazón no pude torear el día 22 la segunda corrida que tenía comprometida, porque estaba anunciado en Villamartín para el 24 y los vuelos no me cuadraban. Me sustituyó el maestro Fredy Villafuerte.

¿Cómo recuerdas la tarde de Villamartín? Fue completa en todos los sentidos

Llegué la noche anterior a la corrida y tenía ganas de torear en mi provincia, delante de mis paisanos. Estaba con mucha presión porque hacía años que los aficionados de la Sierra me tenían la pista perdida. Con las corridas en El Valle estaba levantando ilusiones pero ese día era clave para rubricar las dos últimas temporadas. Con el maestro El Fandi y con ganado de Santiago Domecq, las cosas salieron como tantas veces le pedí a Dios. Fueron cuatro orejas y un rabo, a plaza llena. La cogida no tuvo importancia y además fue en el último toro, lo que me permitió  rubricar una gran actuación. Nunca había vivido juntas la cara y la cruz. Fue una tarde completa.

Recuérdanos lo de Fresnedilla.

Los toreros no queremos tener límites; muchos compañeros tienen cornadas y a los pocos días están toreando. Quería sobreponerme y resolví la duda de si mi cabeza podría. En Fresnedilla fui capaz de matar una corrida de José Escolar cuatro días después de una cornada; es verdad que no iba al cien por cien. Con el primero lo pasé mal pero el segundo me dio opciones y le corté dos orejas. Eso fue después de haber indultado con el mismo hierro los dos años anteriores en la misma plaza.

Hablando de indultos, ¿qué ocurrió en Viraco? ¿Conocías esa ganadería?

Conocía la ganadería porque tiempo atrás había matado toros de Celso Manrique. Por delante eché un toro muy en santacoloma, que desarrolló mucho sentido y me dio una fuerte voltereta, con rotura del tabique nasal y lesión de ligamentos, que hasta hace un mes no me he podido recuperar al cien por cien. Al segundo toro, que no le gustaba a nadie, le dio por embestir y conseguí indultarlo. ¡Cómo terminó la temporada! En esa plaza, que no había billetes, después de la cogida en el primero, que no me dio juego, sobreponerme e indultar al segundo... Fue algo mágico. Como lo viven allí, más lo valoran.

Después de Viraco salió la noticia de tu cambio de apoderado. ¿Nos puedes explicar algo del cambio?

El año 2015 me apoderaron Ángel Guzmán y Raúl Montero. En el 2016 me quedé solo con Raúl. A esas dos personas les debo mucho porque me han permitido torear una veintena de corridas, pero yo estaba buscando, más que un apoderado, un amigo que me ayudara a aprender y a coger una disciplina y una nueva ilusión. Llegó Antonio Caba, a quien conozco desde novillero y siempre he respetado; tuvimos una conversación y le deposité mi confianza.

Quedaba Unchiña. ¿Cómo estuviste en esa localidad de Perú?

Después del indulto de Viraco fuimos a inaugurar una plaza de toros y qué bonito es despedir la temporada inaugurando una plaza en un pueblo de dos mil habitantes, que logra levantar una plaza para tres mil espectadores. Ver gente que se quedó en la calle era emocionante. Fui a disfrutar y salió una tarde muy bonita. En el primer toro no pasó nada pero al segundo le corté las dos orejas. Alterné con Juan Carlos Cubas y el ganado fue de Naveda.

A continuación fuiste premiado como Mejor Matador de Toros en la provincia de Ávila.

Para mí el Valle del Terror es el Valle de la Esperanza. He toreado allí veintitantas corridas. Que, al terminar la temporada, me den el premio de Mejor Matador en la provincia de Ávila es muy bonito. También fue premiado Victorino Martín. Quiero hacer hincapié en Perú, porque allí me he hecho profesionalmente, con humildad; no he ido a perder el tiempo. Gracias a Perú he llegado al Valle del Tiétar y gracias al Valle del Tiétar voy a llegar a Francia.

 

Una de tus últimas intervenciones públicas fue en El Álamo, donde recogiste el premio a la Mejor Faena.

Exactamente, por la corrida concurso. Recogí el premio a gracias al toro “Carafea”, de Dolores Aguirre, que también se llevó el premio al Mejor Toro.

¿Cuál es tu concepto del toreo?

Llevo varios años obsesionado con torear despacio y poner a los toros al ralentí. Mi concepto es el que he tenido siempre pero ahora, con los años, lo estoy depurando; es un concepto de capote y muleta poderosos y de manos bajas para coger al animal y llevarlo de adelante hasta atrás.

Terminamos. ¿Cómo se presenta la temporada 2017?

Al final de la temporada quedé contento con lo conseguido, aunque personalmente uno siempre quiere más, pero el mundo del toro en conjunto no puede estar contento porque este año pasado hemos tenido los casos del maestro Pana, Víctor Barrio y Renato Mota, a los que se ha llevado un toro. 2017 se presenta con mucha ilusión y con ganas de trabajar día a día, viviendo en torero, para que lo que venga, cuando venga, te coja preparado al cien por cien. Hay corridas de toros hechas. Que los toros me sigan respetando como hasta hoy. Para alcanzar mis metas sólo pido dos toros y me da igual el hierro que tengan. Estoy agradecido a todo el que deposita su confianza en mí y le pido que la siga teniendo. Lo que hace falta es que formemos una piña y que echemos la Fiesta para adelante.

Muy bien. Que se cumplan tus deseos.

Si Dios quiere.

Octavio Chacón: “Llevo tiempo obsesionado con torear despacio”