Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), sábado, 5 de abril de 2025. Festejo de rejones organizado por la empresa Espectáculos Carmelo García como Corrida de Primavera. Tarde agradable con nubes en el cielo. Cuatro quintos de entrada. Preside Luis Rodríguez. Ameniza la Banda de Música “Julián Cerdán”, dirigida por Justo Jiménez.
Se lidian cinco toros de la ganadería de Benítez Cubero y uno (el 1º) de Pallarés (hierros que pastan en Marchena, Sevilla), con pesos entre 487 y 530 kilos, de presentación dispar y afeitado excesivo en algunos ejemplares pero bravos en general. En el arrastre, el quinto (Ubicado, de nombre) tiene vuelta al ruedo.
- Andy Cartagena, rejón contrario y bajo; dos orejas. Rejón trasero; dos orejas.
- Diego Ventura, dos pinchazos sin soltar, medio rejón y descabello; una oreja. Gran rejonazo; dos orejas y rabo.
- Lea Vicens, pinchazo y rejón arriba sin quebrar, con algún vómito; dos orejas. Rejón arriba; dos orejas.
Incidencias: se interpreta el Himno Nacional antes del inicio del paseíllo. Éste es realizado por los rejoneadores montando respectivamente a Meteorito, Oro Negro y Espontáneo. Los tres rejoneadores salen a hombros por la Puerta Grande.
Comentario
En Sanlúcar la fiesta goza de buena salud. Después de la novillada, de la que dimos buena cuenta en estas páginas, hay ahora festejo mayor, en su modalidad de rejones. Se trata de un cartel con nombres de primera. Diego Ventura no necesita presentación; es un portento del arte de Marialva y cuenta sus actuaciones por puertas grandes. Lea Vicens quedó segunda del escalafón en la temporada pasada.
En cuanto al benidormí Andy Cartagena, queremos señalar que hacía veinte años que no venía por Sanlúcar. Por la mañana, tras la presentación de las tres cuadras en el ruedo, su caballo Dorado (cruzado, de ocho años e hijo de Brujo) murió súbitamente de infarto. Se utilizaba para parar a los toros de salida, función que compartía con Felino. Mayor mérito debemos atribuir a Andy, que, sobreponiéndose a la gran pérdida, sale como si no hubiera ocurrido nada y sin que se corra la noticia.
Andy Cartagena
Andy Cartagena (con chaquetilla gris plomo) en su primer toro, mulato que sale con patas, monta primero al castaño Felino y lo corre durante varias vueltas para deja un rejón de castigo algo caído; luego pone otro arriba. A continuación saca a Cartago, que levanta un clamor por su morfología, con capa perla oscura y una crin abundante y larguísima; templa al galope antes de poner una banderilla; luego el toro alcanza al caballo pero lo templa a dos pistas, añadiendo hermosinas y usando el paso español para acercarse, clavar una segunda y terminar templando otra vez.
El siguiente caballo es el morcillo Baena, que hace un bello passage y cuartea para clavar, saliendo con pirueta; hace el balancín y clava en tablas, saliendo otra vez con pirueta y comunicando mucho con el público. Con Pintas (cruzado de apaloosa) pone tres cortas en serie y se caen dos; con el toro en tablas, el caballo sube las manos al estribo y el público se entusiasma; sigue un par a dos manos con el toro citando con pirueta, con el toro parado en tablas. Pide al público que saque los pañuelos con alardes de doma. La segunda oreja es un regalo del presidente.
El segundo de Cartagena
A su segundo toro, cuajado, lo para también con Felino y le pone rejón algo contrario; en el segundo rejón falla y el tercero queda arriba. Sobre Duende pone tres banderillas y de ellas sale con pirueta y provocando al público. Con el albino Luminoso hace exhibición de doma, con levantadas de manos que enardecen al personal, antes de poner una banderilla al violín.
Meteorito es caballo tordo rodado con el que hace el balancín y pone tres cortas en serie; el toro está ya parado y, tras el rejón de muerte, se resiste a caer, ante lo cual el rejoneador recurre al truco de tocarle las palmas desde lo alto del caballo. Echa pie a tierra y, armado de muleta y estoque de descabellar, con éste (escondido en la tela) le pica en el hocico para que doble. Cuando cae se va a por Pintas y sobre él sale de nuevo para obligarlo a sentarse de patas mientras pide al público que reclame las dos orejas, que el presidente concede con condescendencia. En la vuelta triunfal firma autógrafos, incluso sobre almohadillas.
Diego Ventura
Diego Ventura (de chaquetilla negra aterciopelada) a su primer toro, sobre Chiado (hijo del caballo Morante), lo para con círculos cerrados y en uno el caballo es alcanzado sin consecuencias; luego, mediante un quiebro, clava un rejón, entre aplausos. Con el negro Oro Negro (también hijo de Morante) pone una banderilla con espectacularidad y arroja desde lejos el sombrero al callejón; pone otra en la boca de riego.
Montando a Lío cita de lejos y de frente para clavar al quiebro; luego pone otra igual y así una tercera, también al quiebro, para quedarse jugando con nuevos quiebros. Sale Marinho y sobre él pone tres banderillas cortas y dos rosas en serie; se adorna arrodillando el caballo y también haciéndole poner los remos delanteros sobre el estribo para saludar al público. Coge la muleta tras descabalgar y antes del descabello se marca una serie de muletazos, incluyendo un molinete morantino.
El segundo de Ventura
A su segundo lo para sobre el alazán Guadalquivir, muy bien, y clava un rejón algo contrario; luego deja un segundo rejón arriba. Con Quirico pone una banderilla en la boca de riego; luego templa y pone otra, arriba, muy aplaudida. Sale el vinoso Quitasueños para hacer un gran quiebro en corto al clavar provocando un gran aplauso; luego hay otro quiebro casi a caballo parado, y con amplia batida, para dejar una banderilla arriba y el público se levanta de sus asientos entre gritos de satisfacción, mientras el jinete hace aspavientos sobre el caballo corriendo por toda la plaza.
Saca al bayo Brillante para poner tres cortas en serie; hay alarde de doma poniéndolo de rodillas y de seguido coloca dos rosas, saliendo con pirueta. Para manejar el rejón de muerte cita en corto y clava en su sitio provocando un muerte rápida, que levanta el clamor por toda la plaza. El presidente saca los tres pañuelos a la vez; se creerá que es cosa suya en exclusiva eso de dar los trofeos y no espera a mayor petición. Si quieres conocer a un hombrecito.
Lea Vicens
Lea Vicens (de chaquetilla azul) en su primer toro, bravo, usa a la baya Guitarra, cruzada, para encelarlo y hacerle varias pasadas antes de clavar arriba; en el segundo rejón el toro aprieta, clava y el bicho persigue con saña. Sobre Diluvio (cruzado de árabe, con cordón corrido y cola recogida) pone dos banderillas, la primera al cuarteo y la segunda al encuentro.
Con Bético deja tres palos; el primero, de frente y sale templando; el segundo y el tercero quedan arriba. Saca a Greco para poner tres cortas en serie; el toro es bravo de verdad y no muestra cansancio. El vómito tras el rejón debería considerarse un demérito, pero el público está por pasarlo bien y no regatea las dos orejas.
El segundo de Vicens
En su segundo, burraco que sale con patas, para sobre la hispano-árabe Cleopatra y da varias vueltas al ruedo con el cornúpeto pegado a la montura y finalmente pone rejón trasero y algo contrario; luego hay otro rejón de castigo, en mejor sitio. Con Bético templa largo rato y clava una banderilla arriba; luego deja otra y templa a lo largo del ruedo entre aplausos. El toro es bravo.
Nuevamente sale Diluvio y, con él, falla la primera banderilla y tiene que cambiarla; para ello hace un largo paso atrás hasta tablas y recoge la nueva sin mirar, antes de clavarla casi a cámara lenta. Con Fermín hace paso español y pone dos rosas pero una cae, lo que no impide adornarse con una levada. Espontáneo sale para la suerte final y aunque caen las dos orejas para la amazona el público se olvida de premiar a un toro muy bueno.
Último palo
La tarde ha sido entretenida; el público no se ha aburrido y lo ha pasado bien. Recalcamos lo mismo que hemos dicho más de una vez: hay un abuso de despunte en los cuernos de los toros, salvo algún ejemplar. También llamamos la atención sobre el número de palos que se ponen; el Reglamento dice muy claramente que los rejoneadores no podrán clavar a cada res más de cuatro farpas o pares de banderillas. En algún caso se ha llegado esta tarde a hacer diez clavadas; ¿cómo se pone remedio a esto?
Por último, dejamos nuestro parecer de que la presidencia una vez más se ha dejado llevar por el entusiasmo del público o gente con ganas de fiesta, al conceder en más de un caso indebidamente uno o la segunda oreja cuando se ha matado de varios intentos.
