Ya son ocho jornadas sin conocer la victoria y la oportunidad desperdiciada en Balaídos es de las que hacen saltar todas las alarmas a falta de tres jornadas para terminar LaLiga. El Sevilla FC es un alma en pena incapaz de sacar algo positivo ante un Celta de Vigo (3-2) que jugó 45 minutos con diez futbolistas por la expulsión de Marcos Alonso. Un resultado que en la previa podía ser esperado pero, tal y como llegó el partido al descanso, lo convierten en una tragedia que roza lo grotesco. La permanencia matemática sigue postergándose y el duelo ante la UD Las Palmas de este martes en Nervión es, sin duda, una 'final' por el descenso, pues el calendario (Real Madrid y Villarreal) no invita al optimismo.
El Sevilla FC encomienda su suerte en lo que pueda pasar el martes y en que haya tres equipos peores. Las sensaciones no pueden ser más pesimistas y la llegada de Joaquín Caparrós no ha mejorado en absoluto las prestaciones de un equipo perdido, sin tensión para competir y con una preocupante falta de fútbol hasta en situaciones tan de cara como las de hoy. Pese a comenzar perdiendo con el tanto de Moriba, el Sevilla se repuso con la expulsión de Marcos Alonso y el gol de penalti de Gudelj. Sin embargo, en el descanso Claudio Giraldez dio una lección a táctica y los goles de Mingueza y Borja Iglesias hundieron a un Sevilla que sigue jugando con la tragedia.
El Celta anuló la revolución de Joaquín Caparrós
Revolucionó el once Joaquín Caparrós para visitar Balaídos. Con la posibilidad de sellar la permanencia virtualmente, el técnico utrerano situó una línea de cuatro centrales con Kike Salas, Gudelj, Badé y Ramón Martínez y con Pedrosa y Juanlu por delante. Un claro 442 con Peque y Lukebakio en punta. No terminó de funcionar el equipo ante el Leganés y se reflejó con varios cambios, sobre todo, en defensa.
Pronto el Celta de Vigo puso a prueba el experimento de Caparrós. A la salida de un córner, Pablo Durán provocó el primer 'uy' en la grada, y en la siguiente, Moriba sacó de sitio a Gudelj para colarse en el área y obligar a Badé a despejar casi en el área pequeña. Con poco protagonismo con balón, fue un chispazo de Lukebakio el que permitió a Pedrosa forzar un córner en el que Ramón Martínez se sacó un buen remate, rechazado por Guaita.
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El Sevilla no entraba en el partido y los de Giráldez habían detectado donde estaba el punto débil de la defensa. Moriba avisó a la primera con un chut al primer poste que Nyland pudo taponar. Pero en la siguiente jugada, el hispano-guineano recibió entre Ramón Martínez y Pedrosa un extraordinario pase de Swedberg, se deshizo de ellos con el control y anotó el primer tanto del partido con un disparo cruzado.
De la expulsión de Marcos Alonso al empate de Gudelj
Duro mazazo al que el Sevilla pudo reponerse con otro córner en el que hasta en tres ocasiones se encontró con la defensa blanquiazul. En defensa, el equipo estaba siendo un desastre y solo a balón parado lograba acercarse al gol. Sin embargo, estos acercamientos le ayudaron a ganar en confianza. Consiguieron bajar el ritmo de juego del Celta y en el descuento el partido dio un giro de 180º. Badé tuvo que abandonar el partido por un problema en el ojo tras un manotazo de Hugo Álvarez. Caparrós aprovechó y reestructuró el equipo con Isaac y Lukebakio en punta y bajando a Juanlu al lateral, poniendo a Peque en banda y a Ramón Martínez como pareja de Gudelj.
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Casi sin tiempo a que los cambios surtieran efecto, Peque se inventó una maravilla dentro del área. Un primer toque hacia portería que impactó en la mano de Marcos Alonso y que el VAR mandó a González Fuertes a rectificar su decisión inicial de tarjeta amarilla. Desde los once metros, Gudelj (45'+8') asumió la responsabilidad y le ganó la partida a Guaita para poner el empate y cerrar el primer tiempo de la mejor manera posible.
Un Sevilla sin alma ni capacidad para competir
Al volver del descanso, no tardó Caparrós en sacar a Suso en lugar de Pedrosa. El Celta se acercaba peligrosamente a la portería de Nyland, pese a tener un futbolista menos, y las sensaciones eran de estar siendo superados tácticamente por los de Giráldez. Donde no hay poco se puede sacar. Este equipo no da para más y así lo viene demostrando. El Celta descosió el boquete que tenía el Sevilla en la izquierda y Fran Beltrán encontró en el área a un Mingueza (64') que hizo saltar por los aires Balaídos con el 2-1.
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Con un jugador menos, los vigueses habían conseguido ponerse, de nuevo, con ventaja. La imagen del Sevilla era cuanto menos dantesca y Caparrós seguía intentando apagar el fuego con gasolina. García Pascual por Peque, pero Lukebakio seguía en punta, donde no le encontraban y seguía desconectado. En esas, Isaac Romero vio la quinta amarilla y no estará en la 'final' del martes contra la UD Las Palmas.
En los últimos minutos, el Celta se resguardó y le dio el balón a un Sevilla incapaz. Los locales daban la sensación de tener el partido absolutamente controlado. Una falta de tensión competitiva preocupante con lo que hay en juego. Tan solo Kike Salas, que a la postre recortaría distancias cuando casi no quedaban opciones, y Ramón Martínez tiraron de casta con dos cabezazos en los que Guaita estuvo inconmensurable antes de que Borja Iglesias (91') cerrase el partido con un error grosero de Gudelj. Lo dicho. Falta de tensión y de capacidad para competir. Este Sevilla es una sombra de lo que fue y tan solo le queda rezar para que haya tres equipos peores para no terminar en Segunda División.
