lunes 26/7/21

Constantina vive el toreo con una novillada del Circuito

Pablo Páez, Jorge Martínez y Manuel Perea compartieron la segunda semifinal de novilladas con caballos
Jorge Martínez
Jorge Martínez

Plaza de toros de Constantina (Sevilla), 26 de junio de 2021. Novillada con picadores, organizada por la empresa Puerta Grande Granada 2012 y correspondiente a la segunda semifinal del Circuito de Novilladas de Andalucía auspiciado por la Fundación del Toro de Lidia y patrocinado por la Junta de Andalucía. Cielo despejado con calor. Se completa la mitad del aforo permitido. Preside Juan Antonio Rivera. Ameniza la Banda de Música “Los Profesionales” de Guillena, dirigida por Francisco Álvarez.

Se lidian tres utreros de La Palmosilla (hierro que pasta en Tarifa, Cádiz) y tres de El Parralejo (hierro que pasta en Aracena, Huelva), de buen juego los primeros y cuajados los segundos. En el arrastre, los cuatro últimos tienen palmitas.

Pablo Páez, estocada honda caída con derrame y muerte rápida; una oreja. Entera trasera y descabello, con aviso; una oreja.

Jorge Martínez, cuatro pinchazos, media baja y estocada costalera con seis golpes descabello y aviso; ovación saludada. Pinchazo en su sitio y descabello; una oreja.

Manuel Perera, entera arriba un punto trasera; dos orejas. Estocada honda algo contraria; dos orejas.

Incidencias: Se banderillearon bien los novillos segundo y sexto, destacando José Magaña, que va de tercero. Pablo Páez y Manuel Perera salen a hombros.


Ahora culmina la fase semifinal del Circuito de Novilladas con Caballos de Andalucía, patrocinado por la Junta de Andalucía, y lo hace en la Sierra Norte de Sevilla, en la Constantina que dejó a un lado El Cid “cuando por el Val de las Estacas pasado había”. Volvemos a repetir (porque ya lo dijimos en su día) que en esto, que es una buena idea, lo que se tiene que mejorar es la forma de hacerla llegar al público para que la concurrencia vaya acorde con la importancia de la idea y el tamaño del esfuerzo que supone.

Pablo Páez, de nazareno y oro, en su primero, bien presentado, quiere recibir de rodillas con larga cambiada pero queda frustrado y luego se recompone con lances bien recogidos avanzando y media en los medios. Lo lleva con chicuelinas al paso hacia el caballo, donde hay un puyazo a caballo movido; el quite no pasa de ser unos pases interrumpidos. Sólo hay dos pares.

El rondeño brinda a un particular y principia la faena con doblones avanzando hacia los medios; siguen tres tandas donde los pases son alargados pero el novillo hace algún que otro extraño y presenta alguna dificultad; con la izquierda se viene al tercio y sigue alargando el pase, intentando el acople; de nuevo con la derecha, en los mismos terrenos, sale una tanda algo más ligada pero, ay, con el brazo libre levantado.

Ya en tablas tenemos toreo de cercanías, con cambio de mano y pase de pecho; de nuevo a la diestra, vienen los circulares (decimos otras veces los consabidos circulares) y el novillero sigue encimista, con algunos cambiados por la espalda. A la estocada, el derrame por boca es grande y nos vuelven los pensamientos de que en el reglamento debería figurar el derrame como demérito a la hora de valorar o premiar una faena.

Pablo Páez

A su segundo, ya un torito y bien encornado, le aplica buen recibo con lances elegantes, avanzando y con media. Lo lleva por delantales y hay puya bien puesta pero luego el caballo gira y gira; el quite es voluntarioso. Igual que en el anterior suyo, no permite más que dos pares.

Inicia otra vez por doblones avanzando y sigue con una tanda en redondo (eso sí, demasiado despatarrado), pero la siguiente es más recogida; con la muleta en la izquierda el novillero se dobla lateralmente demasiado, como gimnásticamente; luego vienen una serie de uno en uno, mientras el bicho escarba, y otra insistiendo, pues de escarbar pasa a irse quedando; por el pitón derecho de nuevo, ya en tablas vienen el arrimón, los circulares y otro arrimón prolongado; tras recoger el estoque la despedida va por manoletinas citando de frente.

Pablo PáezPablo Páez

Jorge Martínez, de fucsia y oro, a su primero, aparatosamente gacho, le presenta una recibo artístico, con lances lentos de mano baja mientras camina hacia el centro del ruedo, donde completa con chicuelina y media. En el caballo, el cornúpeto empuja buscando las vueltas, derriba y sigue cegado en el animal que está en el suelo.

El brindis es para el maestro Luis Parra Jerezano, decano de los toreros de la provincia de Cádiz; la faena empieza por doblones toreros avanzando hasta los medios; el toreo a la derecha se desarrolla con reposo y los aplausos brotan al final de cada serie; por el pitón izquierdo vemos una tanda con ligazón y quietud y luego otra, donde hay un intento de cornada resuelto con elegancia y seguido de ayudados por alto y de desprecio.

Le sigue luego una serie corta pero perfecta, con muchísimo eco en los tendidos; a la diestra de nuevo, se desenvuelve por molinetes, circulares y molinetes con algún guiño sevillano; las manoletinas finales las plantea de perfil y le salen ajustadas, rematando con molinete y pectoral a la hombrera. Es una verdadera lástima la mala suerte con el acero pero en el público ya ha calado lo visto en la arena. No importan los trofeos no siquiera la futura puntuación del jurado. Este toreo es el que queda.

En su segundo, bien presentado y abanto de salida, nuevamente ofrece un saludo de mano baja y templada por verónicas yendo al centro, donde aplica de remate chicuelinas y serpentina. Tras recibir una puya a salida tapada, el novillo da una voltereta con gran costalada.

Tras brindar al público, empieza con varios ayudados por alto y dos por bajo, para seguir con una tanda en redondo rematada con uno grande de pecho y luego con otra de mano baja (pero levantando el talón); por el pitón izquierdo el animal embiste parado y hay que aguantarle hasta sacar una tanda despaciosa, dejando la tela en la cara para no perder comba y acabada en un remate casi original, como cortesano; sigue pero no quiere embestir y es necesario robarle los pases; por la derecha de nuevo, salen los circulares y un desplante arrodillado sin muleta cogiendo el pitón; las manoletinas ahora son iniciadas con cite de frente.

Jorge MartínezJorge Martínez

Manuel Perera, de verde aceituna y oro, en su primero, algo alto de agujas, se va a la boca de riego para recibir de salida por saltilleras, que no salen, y sigue por gaoneras, brionesa y revolera con un heterodoxo capote de envés blanco. Al picar, el subalterno deja en suerte al novillo en tablas, la puya es trasera y el bicho empuja sin convicción; el quite se sirve por tafalleras y de nuevo gaoneras y brionesa.

Brinda al público y deposita con cuidado la montera en el suelo; cita en los medios de rodillas y se dispone a seguir así pero el animal hace por él; siguen una tanda de dominio y una de trazo largo, comunicando con el público; por el izquierdo se revuelve rápido pero le planta cara, llevándolo muy toreado y luego le hace tanda de proximidad y ligazón, con quietud; por la derecha vienen ahora los circulares y el arrimón, quedándose en el sitio y toreando con mano baja; también cierra con manoletinas, citadas de frente.

Van dos detalles que se debieran corregir: el presidente, olvidándose de los ritmos del rito, sacó el primer pañuelo antes de que el novillero saludara como fin de faena y éste en su vuelta triunfal se dedicó a firmar autógrafos, olvidándose del público y olvidándose de que nos es momento de firmar nada sino de recoger flores.

Manuel PereraManuel Perera

En su segundo, bien presentado, se va a porta gayola de rodillas pero no remata el recibimiento aunque lo reanuda de rodillas en tablas y luego se aplica con lances avanzando y media, revolera y brionesa en la boca de riego. Lo lleva por chicuelinas al caballo, donde reciba una puya buena pero al salir da una vuelta de campana; el quite va por tafalleras, de las que se está abusando mucho, y media.

¡Qué buenos pares de Varela y Vázquez! Brinda al público de nuevo y, de nuevo, con la misma forma, para iniciar con ayudados por alto y a los medios; el toreo se aplica con la mano baja en dos tandas, ligada especialmente la segunda, pero el animal no descuelga la cabeza; a la izquierda sale tanda con mando y, así, otra en la que aguanta dos coladas, pero seguimos sin humillación.

A diestra salen los pases de uno en uno y vamos a los circulares, eso sí, conectando mucho con el público y a la vez mostrando frialdad ante la cara del novillo. No hay tanda de preparación, ni le hace falta. El entusiasmo con el torero el público lo traslada al animal y le dedica palmitas cuando es arrastrado, qué cosas.

Manuel PereraManuel Perera

Hay salida a hombros, que ya la echábamos de menos tras tiempo prohibidas por razones sanitarias. Los novilleros disfrutan a la puerta de la plaza mientras éste y aquél, y aquélla, persiguen las fotos. Ellos van luego, de uno en uno, a hacer declaraciones delante de un micrófono, suponemos que por imperativo de la Fundación del Toro de Lidia; parecen entrenadores de futbolistas al final del partido. Lo que no parece es muy taurino y esperemos que no se consolide esta costumbre porque le quitaría al toreo mucho de su simbolismo.

El torero no debe mostrarse como una pieza de un engranaje mercantil. El torero es nada menos que el protagonista del espectáculo y habla en la plaza con un lenguaje misterioso. Quien no lo sepa ahí entender que no pida luego aclaraciones ante un micrófono.

Constantina vive el toreo con una novillada del Circuito