Salen a hombros los tres rejoneadores en Algodonales
En el festejo, Sánchez Zambrano se ha presentado en público con éxito ganadero
Algodonales (Cádiz), sábado, 29 de julio de 2017. Festejo de rejones con motivo de la Feria, organizado por Viento Bravo SL. Tiempo soleado y apacible. Entrada de lleno. Ameniza la Banda Municipal de Algodonales. En el paseíllo se lucieron los caballos llamados Cervantes, Veneno y Bonito. Se lidiaron cinco novillos de la ganadería de Montes de Oca (que pasta en Olvera), irregularmente presentados y reglamentaria pero excesivamente despuntados. José Antonio Mancebo: rejonazo algo contrario pero eficaz; dos orejas. Rejón trasero y rejón traserísimo después de dos intentos fallidos; una oreja. Ginés Cartagena: rejonazo algo trasero y rejonazo al relance entre tablas y toro, con golpe de descabello; silencio. Pie a tierra, estocada honda contraria que basta; dos orejas. Luis Sánchez Zambrano: rejón que hace guardia y rejonazo fulminante; dos orejas y rabo. Incidencias: el mayoral fue invitado a dar la vuelta al ruedo. Los tres rejoneadores salieron a hombros por la puerta grande. |
Después de trece años sin espectáculos taurinos en la localidad serrana de Algodonales, la empresa Viento Bravo se atrevió a montar uno, con la colaboración material de Ruedos del Sur, para permitir la presentación en público de un jinete querido en esos lares y que lleva en sus venas sangre caballista, que no en vano Sánchez Zambrano es nieto de Sebastián Zambrano, jinete y domador que posee el Caballo de Oro, y es hijo de Emi Zambrano, la que fue guapa rejoneadora hace años y poseía un cartel por toda España.

J.A. Mancebo, rejoneador malagueño, en su primer novillo, poco cuajado pero con movilidad, usó al lusoárabe Niso para parar y puso dos rejones de castigo, uno algo caído y otro en lo alto, aunque el caballo fue alcanzado en un traspiés; con Taranto dejó dos banderillas, la segunda al segundo intento, mientras el novillo se viene arriba en su bravura; Portos se comportó como caballo protestón y desde él puso una al cuarteo y otra al violín; el angloluso Quita es un caballo poco puesto y el novillo se entableró aunque permitió dos banderillas quebrando; finalmente, el colino Ibáñez salió para dos pares de cortas en terrenos de tablas, antes de la hora de la verdad. El público protestaba repetidamente, y con razón, las continuas y abusadoras salidas de los subalternos.

En su segundo, burraquito con algo de presencia, paró con el árabe Presumido usando la garrocha eficazmente; marró con el rejón y renunció a castigarlo; sacó de nuevo a Niso y colocó un rejón en lo alto y dos más citando en corto; Taranto, que parece la estrella de la cuadra, salió para cuatro banderillas bien puestas, citando con la grupa y mostrándose expresivo aunque en un momento es alcanzado; Quita volvió a permitir los quiebros en dos banderillas citando en corto y dejadas en lo alto; Ibáñez ayudó en dos cortas ejecutadas en el centro del ruedo antes del uso del rejón.
Ginés Cartagena, de Benidorm, en su primer novillo, corniabierto y suelto de salida, sacó al alazán Lobito, con algo de sangre inglesa, para parar y dejar dos rejones de castigo que parecieron despertar al burel; con el lusitano Rojito, alazán también y cordón corrido, pone dos banderillas y, aunque es alcanzado, empieza su exhibición de comunicación, incluso tirando el sombrero, entre gestos que recuerdan a su padre, quien murió en accidente de tráfico joven pero dejando estela en el rejoneo; Veneno, hijo de Gallo, es un caballo torero y lo mostró yendo de frente o cabalgando a dos pistas, para poner una banderilla en medio de aplausos; el árabe Saharaui resulta demasiado poco caballo en medio de tantos caballones como hoy salen a rejonear, pero nos recuerda épocas pasadas, cuando había más igualdad entre toro y caballo, y ayuda en una banderilla, dando paso a muchos capotazos de subalternos; el luso Dorantes, castaño, vale para por dos cortas pero no vale tanto para dejar el rejón de muerte.

En su segundo, el más cuajado de la tarde pero distraído de salida, el tordo Montador sale a parar y permite dos rejones arriba, aunque a punto estuvo de un incidente con el subalterno, que se cruzó inopinadamente; Perera sabe citar con la grupa y ayudó en dos buenas banderillas al cuarteo; el lusitano Tarzán salió para dos banderillas, una que cayó y otra dejada al violín, dando pie a la comunicación gesticular del jinete con el público; con Dorantes se ve un ejercicio de balancín y luego se ve lo nunca visto, pues en el momento de las cortas el rejoneador se bajó bruscamente y las puso al quiebro, antes de irse veloz a recoger una muleta y un estoque para dejar, citando a pie, una estocada como si fuera estoqueador en lugar de rejoneador; recordemos que el Reglamento prohíbe al rejoneador bajar del caballo antes del segundo rejonazo (pero qué importan los reglamentos a los toreros comunicadores). Vimos al presidente echarle la bronca a Cartagena durante la vuelta al ruedo mientras le decía que había concedido una oreja y él se había apropiado de las dos.
Sánchez Zambrano, en su único novillo, recibió ovación de ánimo antes de comenzar y recibió a un animal bravo sobre Taco, que corrió bien, entre nuevos aplausos, para dejar arriba dos rejones bien puestos que provocan más aplausos; el lusoinglés Chispa, castaño, quiebra en corto provocando la petición de música antes de una banderilla algo caída, contestada con nuevas palmas de ánimo para pasar a otra banderilla ahora sí buena; el bayo Chambao es expresivo y colaboró en tres banderillas, con las que el jinete se lució, haciendo alardes de doma y comunicando con el público hasta hacerlo levantarse, antes de que nuevamente se encendiera la ira contra los subalternaos abusadores; por último, sacó a Bonito, de fase blanca, para colocar tres cortas que entusiasmaron al respetable, y completar con una rosa adornada con un paso español de alta, altísima escuela. Ahí acabó, con los máximos trofeos, su actuación en este su primer festejo en público, que augura muchos más. Estamos ante un nuevo rejoneador gaditano.

El reto se superó satisfactoriamente. Después de poner el “no hay billetes” por primera vez en San Fernando, los de Viento Bravo pusieron el “no hay billetes” en Algodonales, lo que demuestra que los del pueblo blanco no se habían olvidado de la fiesta brava; al contrario, demostraron desearla porque tuvieron que soportar el calor de una tarde agosteña y una hora tempranera, pero lo llevaron bien con ayuda de las bolsa neveras.

Estaban en feria y no les frenaba la distancia del centro ni el terregal donde se montó la plaza. Allí fueron, de las casetas al coso, acompañando a la reina de las fiestas y a sus damas de honor que entraron sobre coche de caballos; luego, del coso a las casetas.
