En Sanlúcar de Barrameda celebran los 125 años de la Plaza del Pino. Una Comisión Organizadora ha programado una serie de actos durante 2025. El primero ha sido una mesa redonda (“Sanlúcar, el origen de un camino”) que ha tenido como escenario la Bodega Yuste y ha contado con una asistencia completa de público, entre el que estaban Ana Mestre y muchos profesionales. Formaban la mesa Eduardo Dávila Miura, como moderador, Raúl Gracia El Tato, Diego Robles, Miguel Báez Litri, Juan José Padilla y Adrián de Torres.
Se plantearon de inicio cuestiones como ¿qué hubiera sido de vuestras vidas sin haber tenido vínculo con Sanlúcar?, ¿os acordáis del primer día en que entráis a la plaza de Sanlúcar para entrenar? o ¿habéis conocido a alguien que haya dicho: “No encajé en Sanlúcar o no estuve a gusto? Tomaron la palabra en distinto desorden y en debate. Vamos a transcribir sus intervenciones en bloques por ponentes.
Dávila Miura
“Si estuviera en el público tendría gran interés en escuchar lo que se va a hablar, con gente muy importante del toreo vinculada a Sanlúcar. Qué alegría poder celebrar los 125 años de la Plaza de Toros de Sanlúcar, donde han pasado tantas cosas importantes y seguirán pasando. Mi primer día, con Carmelo, toreamos una novillada juntos. Luego hicimos una carrerita, de una hora y media o dos horas, con el Mangui. Cuando llevaba dos meses aquí estaba reventado”.
”Una mañana me llamó Diego: ‘No te vengas para acá porque tengo que ir al entierro del padre de José Manuel Picao’. Me pasé todo el día echado. Cuando veo a José Manuel le digo: ‘¡El cariño que le cogí a tu padre el día que se murió, hombre!’. Tengo mucha añoranza de lo que viví aquí en Sanlúcar, por el clima que aquí se crea. Un punto de inflexión en nuestra carrera es el decir ‘ésta es la profesión de verdad’. Antes había vivido el toro, por mi vinculación ganadera, de una forma distinta. Cuando llegué aquí empecé a descubrir la realidad de la profesión”.
Diego Robles
“Yo estaba vinculado con Marismeño, con Ojeda, con Montiel y otros por los entrenamientos y quise ser torero hasta final del año 82 pero no pude escalar dentro de la profesión. Paco Ojeda sale por la Puerta del Príncipe el 12 de octubre del 82 y es entonces cuando me plantea que deje de querer ser torero pues quería tenerme cerca de él, para estar pendiente de sus cosas. Ahí empieza todo, porque empezaron a llegar aquí toreros y contactaban conmigo”.
”Al final del año 88, Ojeda se retira y empiezo el primer proyecto de querer ayudar a un torero con José Luis Parada para preparar la reaparición en la Feria de Sevilla. Mi siguiente proyecto fue Raúl Gracia El Tato. Tras la alternativa había toreado 4 corridas de toros y empezamos a trabajar en el invierno del 93 al 94. Ese año toreó 17 corridas. Al año siguiente toreó 35 y al siguiente salió por la Puerta del Príncipe”.
Con Litri, Dávila Miura y Padilla
“A continuación aparece Miguel Báez El Litri, que ya estaba codeándose con las figuras y había terminado con José Luis Marca. Hicimos que entrara en la casa Balaña-Matilla, con la que yo estaba vinculado desde Parada, y se vino a Sanlúcar. Con todo su poder económico, se metió en casa de El Mangui y comía de lo que allí había, sobre un sofá de escay; no tuvo ningún privilegio. Llegaba a primeros de enero y no iba a ningún sitio; de aquí salía sólo a tentaderos y a la plaza. Sabía que su sacrificio iba a tener recompensa”.
“Con Eduardo Dávila Miura fue algo especial. Le pregunté: ‘¿Tú quieres torear o ser torero? Porque son cosas distintas’. ‘Hombre, yo quiero ser torero’. ‘Bueno, entonces podemos empezar’. Padilla es con quien he estado más años, desde el 2002, en que entró en el equipo de la Casa Matilla, hasta que se ha retirado en 2018. Hemos pasado momentos de todas las situaciones, de triunfos, de fracasos. Últimamente estoy yendo menos a la plaza, porque desde que me hice cargo de Miguel Ángel Perera paso mucho tiempo con él en su finca entrenando y en tentaderos”.
“Cuando yo era torero el empresario era Francisco Casado Escalante, ‘Fatigón’, y no dejaba entrenar en la plaza. Luego hubo un alcalde, que era comunista y aficionado al toro, y le pedimos que en el pliego de condiciones se detallara que los profesionales tendrían sitio para entrenar en la plaza. A partir de ahí ya la plaza siempre ha estado abierta. Los toreros, por el boca a boca, han ido viniendo y se han vinculado”.
Sanlúcar, entrenamiento de toreros
“Allí nos encontramos veinte hombres para entrenar y eso creó un ambiente especial. No se hacían milagros, porque el milagro lo tiene que hacer uno delante del toro. Vinieron muchos de Francia porque desde la época de Ojeda, ya Francia se vinculó mucho con Sanlúcar; venían a ver qué era Sanlúcar y qué era Paco Ojeda”.
“Hay muchos toreros a los que les gusta cambiarse de lugar, pero el que tiene claro cuál es su camino entrena en un sitio, sea Sanlúcar o sea otro. Si quiere entrenar, lo hace en cualquier lugar, hasta en la azotea de su casa. Lo importante es que estos grandiosos toreros que han estado aquí, todos, han salido para adelante. La convivencia con toreros sirve de ejemplo para los nuevos”.
“En el toreo los mandamientos se reducen a uno: querer ser torero. El que piensa que ya es torero está acabado. Todos los toreros que han venido aquí han aportado unos a otros. Todos hemos aprendido. El toro transforma la personalidad de los toreros. Tienen un valor impresionante para superar todos esos momentos que les toca vivir. Estoy orgulloso y agradecido a todos los toreros que conmigo han estado. Por otro lado, a cada uno hay que saber en cada momento qué decirle para que camine hacia adelante”.
Miguel Báez Litri
“Sin Sanlúcar habría estado huérfano de muchas cosas, de saber cómo se siente el toreo, del respeto a esta profesión única. Vengo de una dinastía pero aquí encontré otra familia taurina que me lo dio todo. Sanlúcar nos ha sacado lo mejor que llevamos dentro. Nos ha unido la responsabilidad de todos, con una disciplina muy sana. Los toreros deben ser inteligentes para ser humildes y aprender de todos. El gran éxito de mi carrera fue venirme a este lugar”.
“En 1996, en Sevilla se quitaron del cartel Barrera y Aparicio porque retiran la corrida de Aldeanueva y meten a Raúl y a Pepín Liria, que habían triunfado allí con los victorinos nueve días antes. Yo iba con un amigo a ver a la Virgen del Rocío por un camino que acortaba y de repente pasé por la ganadería de Sánchez Ybargüen. Dice mi amigo: ‘¡Vaya corrida de toros!, será para Pamplona’. En ese momento me llama Teodoro Matílla y dice: ‘Miguelito, han cambiado la corrida de toros, que van de Sánchez Ibargüen. ¿Te vas a quitar o te vas a quedar?’
“Digo: ‘La estoy viendo ahora mismo. Por supuesto, no me quito ni muerto’. Lo pasé muy mal. Ésa fue la única noche en mi vida que no he dormido toda la noche. Me levanto a las 4 de la mañana, llamo a Riqui y le digo: ‘Dame dos aspirinas, que me va a reventar la cabeza’. Me dice: ‘Tú lo que estás ahora mismo es cagado’. Creo que ha sido una de las tardes importantes de mi carrera y estoy orgulloso de ese día”.
El Tato
“Sin Sanlúcar no habría tenido la vida de torero que he tenido y su prolongación. Fui muy bien recibido aquí y tengo relación con una montaña de gente. Viví 16 años y siento Sanlúcar como mi casa. Yo había estado en Sanlúcar antes, en el Festival del Rabia. Después Ramón Criado me llevó a un tentadero de machos en Jandilla, donde toreaba Marismeño; nunca he visto a nadie hacer las faenas en el campo igual de bien y de bonito”.
“El origen nace de Diego Robles. Incansable físicamente y profesionalmente, ha vivido siempre las 24 horas del día para el torero con el que estuviera. Su secreto es la exigencia. Para educar en la capacidad de sacrificio a un chaval que empieza ha sido inigualable. Me quedaba en el hotel Los Helechos y tenía un acuerdo con el bar del Cura. La primera semana llegaba de entrenar, me acostaba y, con la paliza, me despertaba a las cinco o a las seis de la tarde y no pude ir a comer ni un solo día. Diego tiene ‘buen bajío’ para las Puertas del Príncipe; habrá pocos apoderados que hayan sacado a tantos toreros por la Puerta del Príncipe, con Juan, conmigo, con Perera el año pasado”.
“Veíamos a El Litri entregarse al máximo y era una motivación. Tener el espejo de Miguel ha sido uno de los secretos que nos ha movido a todos. Ver a Paula entrenar era un disfrute. Hay que agradecer a la lista de matadores que luego han sido banderilleros, mucha gente que nos ha dado la cobertura necesaria para entrenar. Sólo puedo tener palabras de gratitud a Sanlúcar y al cariño de su gente”.
“De cuando la Puerta del Príncipe tengo una foto de la capilla en la que estamos Pepín Liria, Alejandro, Miguel, El Mangui, Juan Montiel y Carmelo. En el ruedo estábamos ocho o nueve de los que convivíamos en Sanlúcar. Fue uno de mis recuerdos más importantes, el empujón grande de mi carrera rodeado de gente de Sanlúcar. Aquí se respira el toreo de otra manera, se vive en torero como en ningún sitio. Además se vive, aunque uno no sea torero, como en ningún sitio también”.
Juan José Padilla
“Si no hubiera venido a Sanlúcar probablemente seguiría vendiendo pan. Me trajo un vínculo familiar desde que tenía 6 o 7 años. Mi abuelo era aperador en la finca de Ventosilla; me venía temporadas y mi abuela me traía a Sanlúcar. A los pocos años mi padre empezó a llevarme a los tentaderos y a muchas corridas en El Pino. Después de las corridas, en la panadería de Isidro Sanlúcar escuchaba cante flamenco. Mi padre traía en su furgoneta a los matarifes de Jerez y, cuando terminaban de hacer las carnes, se iban allí y yo me he despertado muchos días sobre los sacos de harina a las 11, a las 12 de la mañana”.
“Fui uno de los primeros alumnos de la escuela El Volapié, cuando se inauguró en el año 80. Después de novillero estuve mucho tiempo de sobresaliente con los rejones, pero cuando quise ser torero de verdad sabía que en Jerez no tenía esta disciplina y me vine a Sanlúcar. En casa de Alejandro Escobar su madre me acogió maravillosamente. El año siguiente ya venía a entrenar todos los días con mis hermanos. A las nueve de la mañana estábamos los primeros ahí y salíamos los últimos”.
“Litri ha sido el referente de todos. Si nos faltaba un poquito de esa disciplina veía a Miguel y no me podía quedar por detrás. Algunas noches no dormía pensando que en la carrera a Miguel el día siguiente yo lo cogía. Esa era la concentración. Cuando llevábamos veinte días o un mes organizábamos una comidita o algo, pero al día siguiente, el primero allí”.
“Son muchos los toreros que han entrenado en Sanlúcar: Paula, Iván Fandiño, Chamaco, Antonio Ferrera, Curro Díaz, Pablo Aguado, Emilio de Justo, López Simón… Morante también estuvo de novillero. Había niños que venían a jugar a la plaza, como El Melli que ya es matador de toros o Mambrú, banderillero”.
Adrián de Torres
“Si no hubiera llegado a Sanlúcar creo que ya no sería torero. Con Diego Robles he coincidido algo, pero no he tenido un vínculo como mis compañeros de mesa. Sin embargo, cuando vine empecé a juntarme con el Pollo, otro banderillero, y gracias a él estoy creciendo muchísimo como torero. Esa es mi experiencia en Sanlúcar, donde estoy encantado y haciendo grandes amigos”.
“Ahora mismo en la plaza hay una cantidad de gente muy grande, entre novilleros y matadores. Nos juntamos, según el día, de 10 a 15 personas; es un grupo bueno y nos ayudamos unos a otros. La llama sigue intacta y sigue siendo un sitio de preparación muy fuerte. Vuestro esfuerzo fue grandísimo, pero ahora también el esfuerzo es grande”.
