lunes 23/5/22

Tragedia en Barbate

La aparición del cuerpo sin vida de un niño inmigrante de apenas seis años en la playa gaditana no puede quedar en el olvido
Imagen del cadáver del pequeño Aylan Kurdi, de tres años de edad, quien junto a su familia estaba escapando del conflicto armado de Siria para buscar refugio en Grecia | Sept 2015
Imagen del cadáver del pequeño Aylan Kurdi, de tres años de edad, quien junto a su familia estaba escapando del conflicto armado de Siria para buscar refugio en Grecia | Sept 2015

Tragedia en Barbate

La aparición del cuerpo sin vida de un niño inmigrante de apenas seis años en la playa gaditana no puede quedar en el olvido

Aylan Kurdi, Samuel y así una larga lista de pequeños sin nombre tenían en común huir de guerras, miserias, hambre… dejando su sueño enterrado en el mar

 Por Roxana Sáez 

Se llamaba Aylan Kurdi, tenía tres años, y murió huyendo de una guerra salvaje. Es dificil escribir mientras se mira su foto… El pequeño cuerpecito sin vida, arrastrado por el mar hasta la playa de Kos, dejó conmocionada a Europa tras una reacción masiva a través de las redes sociales. Desgraciadamente no era el primer niño inmigrante que moría en el mar mediterraneo pero sí era la primera vez que se publicaba una imagen cuya publicación llegó a dividir a los medios de comunicación por su dureza.

Imagen del cadáver del pequeño Aylan Kurdi, de tres años de edad, quien junto a su familia estaba escapando del conflicto armado de Siria para buscar refugio en Grecia | Sept 2015

Desde entonces cientos de niños han muerto en el mismo lugar que Aylan, sin embargo, sus nombres no han llegado ni a conocerse. Este fin de semana la tragedia nos ha tocado muy de cerca. Esta vez en la playa gaditana de Barbate. Esta vez sólo sabemos que al parecer se llamaba Samuel, tenía unos seis años y que, según las primeras hipótesis, era uno de los desaparecidos del naufragio, el pasado 13 de enero, de una patera en el Estrecho de Gibraltar, donde también murió su madre Verónica.

Si sabemos que intentaba alcanzar nuestras costas en busca de una vida mejor, como el pequeño Aylan Kurdi, quien en su caso huía de una terrible guerra de la que Europa sólo fue consciente tras los terribles atentados de París. El pequeño Samuel, según las primeras noticias, era también víctima de las consecuencias de un conficto armado en su país de origen en el Congo.

Da igual de dónde viniesen ambos pequeños…lo único cierto es que los dos, como el resto de los niños ahogados en el mar, eran los hijos de unos padres desesperados cuyo único sueño fallido era dar a sus pequeños un futuro mejor. Todos huían de guerras, de miserias, de hambre, de situaciones de explotación y así una larga lista de lacras sociales.

Esta vez la tragedia se ha vivido en nuestras playas, aunque sorprendentemente no haya tenido la misma repercursión en las redes sociales. Quizás porque nos estemos acostumbrando a ver, sin apenas inmutarnos, los naufragios de pateras en el Estrecho de Gibraltar o quizás porque ya sólo nos movilizamos cuando una foto se hace viral en las redes sociales. No lo sé…da igual.

Lo único que tengo claro  es que el nombre de Aylan Kurdi y ahora el de Samuel no quedarán en el olvido porque  siempre estará la prensa para recordar que sus muertes no fueron en vano, como no lo serán la del resto de niños sin nombre y adultos que han muerto ahogadas en el mar persiguiendo, algo tan fácil de pronunciar y tan dificil de conseguir para algunos, como es una vida digna. Sólo eso. No pedían más.

Duele reconocerlo, pero, a pesar de la masiva afluencia de refugiados a Europa, y de la muerte de cientos de ellos intentado alcanzar un mundo mejor, y pese a convertirse en viral la foto de Aylan, es cierto, que no fue hasta el ataque yihadista en Francia cuando todos fuimos conscientes de que la guerra en Siria nos afectaba a todos. Y esto es así, no sólo porque ahora nuestras vidas estén amenazadas por unos locos terroristas suicidas, sino porque la comunidad internacional tiene el deber de acabar con un conflicto al que no podemos dar la espalda y tiene la obligación de dar respuesta a una crisis migratoria que ha cogido a la UE en medio de una crisis económica e institucional sin precedentes.

La llegada de pateras a nuestro país nos afecta también a todos porque todos debemos ser conscientes de lo que ocurre al otro lado de Estrecho y todos debemos aunar esfuerzos para acabar con un trama en el que la Unión Europea tiene mucho que hacer y mucho que decir para evitar más muertes, ya sea en el mar mediterráneo, ya sea en el Estrecho o ya sea allí donde se encuentre una sola persona que huya de una tragedia humana.

¿Recuerdan el virus del Ebola? Una epidemia mortifera que cada día mataba a cientos de personas en Africa sin que le prestaramos atención…¿Recuerdan también cómo nos volcamos en buscar remedios cuando vimos que se nos acercaba poniendo en riesgo nuestras propias vidas?

Este es sólo un ejemplo de cómo preferimos mantenernos ignorantes ante la degracia humana, reaccionando sólo cuando ésta nos toca de lleno. Desgraciadamente, hemos tenido que sufrir terribles atentados terroristas para que la comunidad internacional reconozca sin tapujos que existe una serie amenaza terrorista en Occidente y un conflicto en Siria sobre el que existen demasiados interereses.

Y mientras la UE sigue deshojando la margarita ante el trama de la inmigración, siguen muriendo miles de personas con nombres y apellidos cruzando el mar en busca de un hogar para unos hijos, a los que pusieron zapatos nuevos para empezar en una sociedad que creían avanzada. Tristemente, como ha ocurrido este viernes en Barbate, la huella de sus pequeños cuerpecitos desaparecerán con las olas de mar y ya nadie recordará que en ese lugar estuvo una persona luchadora cuyo sueño quedó enterrado en la oriella del mar. Y en ese momento de olvido, seremos los medios de comunicación los que nos encargaremos de recordar, cada día, a las las instituciones responsables que hay que acabar con esta tragedia humana, pues esa es la responsabilidad que nos queda a los emisores de tan trágicas noticias.

Hace unos meses un periódico nacional publicaba con acierto un titular sobre el que reflexionar: La foto de Aylan Kurdi no sirvió de nada. Esperemos que pronto la noticia sea: “La foto de Aylan cambió el mundo”. Aunque sólo sea porque no haya más Samueles.

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