Esta es la última columna dedicada a los oficios y profesiones de antes, y continuo esta enumeración con los traperos, quienes compraban trapos que mezclados con papeles viejos servían para hacer, entre otras cosas, las tapas duras que encuadernaban los libros, carpetas, etc.
Del mismo modo, también había personas que se dedicaban a realizar la colada y posteriormente planchar la ropa para devolverla a sus dueños, estaríamos hablando de las lavanderas. Todo esto nos recuerda que antes también “se iba al corte” para aprender a coser ropas, a hacer patrones, etc. lecciones que enseñaban las modistas.
Por último, otro de los oficios era el de las personas a las que se denominaba la listera o el listero, que sería la persona que se ocupaba de las entradas y salidas de los trabajadores, así como del control de horas: esta figura era habitual en las fábricas.
Sé que existen otros muchos oficios del ayer, pero he querido evitar los que a día de hoy se siguen practicando, aunque sean cada vez más residuales, como por ejemplo los negocios ligados a tiendas de ultramarinos, mercería, panadería, carnicería, herrería, carpintería...
Podría ser que en un futuro también estemos incluyéndolos en los oficios perdidos, o quizá no... ¡Quién sabe! ¡Pensemos lo que ha ocurrido con las barberías! Quiero acabar con un reconocimiento a las asociaciones, agrupaciones o personas individuales de los pueblos de nuestro país, que sé que las hay, y llevan a cabo una encomiable labor de recuperación de la historia de los oficios y profesiones del ayer, esenciales para mantener nuestra historia, cultura y patrimonio... FIN.



