'José Chacón' no es sólo uno de los mejores subalternos que hay hoy sino que es uno de los mejores subalterno que he visto”. Éstas son palabras pronunciadas por un profesional tan respetable como el torero Fernando Cepeda. Visitamos a José en su casa de Coria del Río, interrumpiendo su intimidad familiar, mientras el niño pequeño torea con un perrillo de caza. También le descubrimos sus labores con los caballos, que mima y que son su ilusión; coincidimos con la visita del herrador.
Nos habla de su afición al flamenco mientras paseamos alrededor de la piscina, que luce en su fondo cerámico la bandera gitana. Sin embargo lo que nos lleva allí es hablar sobre los secretos de su profesión torera. Poco a poco vamos entrando y al final se nos abre con la misma franqueza con que afronta la ejecución de un buen par de banderillas.
José, recientemente has vivido las cornadas de dos toreros que acompañas. ¿Cómo vive un banderillero una cogida de su maestro?
Se pasa muy mal porque te preocupas por su salud. En particular, Castella ya está bien, porque es físicamente un portento. Lo considero, más que mi maestro, mi hermano después de tantos años a sus órdenes. Cuando la cogida en Las Ventas, el 2 de junio, estuvimos en la puerta de la enfermería esperando a que lo operaran. Al salir para La Fraternidad nos saludó y le dimos ánimos. Por la mañana fuimos a la clínica para verlo antes de venirnos a casa.
Enhorabuena por el premio de triunfador de Castella por la parte que te toca. Él dijo que en tu labor de brega vio al toro y sabía que lo podía coger.
Te lo agradezco, pero lo más importante es el matador. En mi concepto de lo que es un subalterno de figuras, tan importante como lidiar es no aliviarte tú sino permitir ver los defectos que el animal pueda tener.
¿Cómo o con qué señales os entendéis tú y tu jefe de filas?
Son mensajes entre líneas. Llevo tanto tiempo con Castella que él mismo dice que los dos nos entendemos con la mirada. Aparte de lo que nos conocemos, convivimos mucho tiempo en los viajes, en los aeropuertos, en los tentaderos…
¿En los reconocimientos vas tú solo o en compañía del maestro?
Los matadores no suelen ir. Vamos mi compañero Rafael Viotti y yo, juntos. Rafael es un plus y con él todo cuesta la mitad de trabajo; le tengo admiración. Tiene un buen concepto; es un cañón en banderillas y un buen capotero, pero no busca el aplauso fácil. Es un buen compañero y tenemos una gran conexión dentro y fuera de la plaza.
¿Qué toro se suele querer lidiar primero del lote?
Si abrimos cartel, como el público suele estar frío en el primer toro, dejamos para cuarto lugar el animal que nos gusta más. Por el contrario, el otro día en Madrid toreamos en tercer lugar y, entonces, echamos en primer lugar el que más nos gustaba.
¿De dónde viene tu apellido Chacón?
El segundo apellido de mi padre es Chacón. La familia de mi padre era oriunda de Triana; son los Chacones. Mi abuela paterna era Isabel la Chacona, como apodo. Yo quise conservar el Chacón en mi nombre profesional.
¿Cómo surgió tu afición al toro?
Mi padre, Rafael, era aficionado y de pequeño hizo sus pinitos; me hablaba de toros desde niño. Él me llevó a un herradero de Pérez de la Concha, aquí en La Puebla del Río, y también a lo de Moreno Santamaría. Ahí me picó lo que uno lleva dentro y empecé a querer ser torero.
¿No fuiste a una escuela taurina?
No. Mis primeros pasos estaban vinculados al mundo del caballo pero, tras los herraderos iniciales, empecé a torear de salón y me juntaba con los profesionales que entrenaban en una placita pequeña que hay en Coria: Andrés Parrado el Máñez, Cristóbal Santos, Eustaquio Sierra, Manolo Corona… Después empecé a ir a los tentaderos. También frecuenté una placita pequeña de La Puebla, donde estaba el maestro Rafael Sobrino.
Habla de tu etapa de novillero sin caballos
Antes de torear becerradas fui con el rejoneador Sebastián Romero, de Coria. Se preparaba con vacas viejas en el campo y le acompañaba; cogía mi capote e incluso me dejaba con la muleta. Un día me ofreció ir de subalterno a una actuación suya en Torremolinos, junto a Gil Belmonte y Canales Rivera; paré sus dos toros (de Marcos Núñez) pegándoles lances y salió medio bien. Había allí dos empresarios y me ofrecieron torear a la semana siguiente.
Así, fui a Torrox Costa, donde corté las orejas y luego toreé un par de becerradas. Al año siguiente me ofrecieron repetir pero teniendo que pagar yo. Me pedían más de lo que mi padre ganaba al mes; no lo consentí. Es una pena que quien se juega la vida tenga que poner dinero.
¿Cómo fue el paso a banderillero?
Pasé un tiempo, fui al campo bastante en invierno y decidí hacerme banderillero. Mi primera actuación fue con Curro Sierra, en la zona de Málaga. Seguí suelto hasta que me coloqué fijo con Diego Ventura un año, en que hicimos ochenta corridas de toros. Lidiaba los dos toros e intentaba aprender; me cuajé mucho. Al año siguiente fui con el mejicano Alejandro Amaya y, aparte, también actuaba suelto.
Al dar el paso a la plata, ¿cómo decide un subalterno ir de lidiador o de tercero?
La decisión depende de las condiciones y la confianza que tengas en ti. En mis comienzos toreé alguna corrida de tercero. La responsabilidad de ese puesto es grandísima pero me gustaba mucho torear con el capote desde siempre y lo tuve claro desde el principio.
¿En qué otras cuadrillas has estado?
En 2004 me llamó Fernando Cepeda. Fue un curso intensivo; estuve con él una temporada pero me sirvió como si fueran veinte, por lo mucho que aprendí sobre lo que es un banderillero de una figura. Era mi punto de inflexión y le tengo un agradecimiento especial. Todos los días me acuerdo de esa fuente, de la que bebí todo el concepto de lo que debe ser un subalterno.
En 2005 entré con Morante, aunque siempre tuve trato con José Antonio; entrenaba con él, lo acompañaba al campo. Con él estuve cuatro temporadas y fue un viaje apasionante; con un torero de esa genialidad no acabas de aprender nunca. Tengo recuerdos imborrables, como su corrida en solitario de Jerez en 2003, las cuatro orejas de Salamanca, la faena de Alicante, las dos orejas de Guadalajara…
¿Cómo te fue con José Tomás?
Entré con él en el 2008, cuando Morante se retiró. Como torero todos conocen a José Tomás; es de época. Le estoy muy agradecido de estar con él hasta lo de Aguascalientes. Su trato conmigo, y con la cuadrilla, ha sido exquisito como torero y como personas. Donde él dormía y comía dormíamos y comíamos todos. No escatimaba en medios y nos ponía las cosas fáciles, aunque en el ruedo exigía porque primero se exigía a sí mismo.
Viví la tarde de las cuatro orejas en Madrid como algo inimaginable, crujiendo los tendidos, con aquel viento y con la cornada, sin hacer ningún aspaviento y transmitiendo calma. Fueron cuatro temporadas de treinta corridas cada una, pero el maestro me pagaba como noventa. Además, tras la cornada de Aguascalientes en mayo, la cuadrilla decidimos no torear con nadie y al final de temporada el maestro nos la pagó entera como si la hubiéramos toreado.
¿Cómo entraste con Castella?
Con él tenía anteriormente amistad, desde que era novillero y lo vi desde la tapia. Luego, a través del banderillero Juan José Domínguez, trabamos relación y era muy partidario mío. Tras la cornada de José Tomás, en octubre de 2011 me llamó Luisma Lozano para proponerme ir con Castella. Estuve hasta que se retiró al final de 2019. Sebastián era un torero considerado de valor pero su toreo es artístico. Con él he adquirido lo que soy hoy, porque ama la profesión y tiene una educación taurina como pocos.
¿Cómo te fue con Ferrera?
En 2022, tras la pandemia, salgo colocado con José Garrido y me llaman para ir con Ferrera. Como son amigos, entre ellos no hubo problema. Los días que ambos toreaban yo iba con Garrido. Luego, me quedé con Antonio cuando entró en el grupo especial. En octubre me ofreció ir a América, pero ya había hablado con Castella, que iba a reaparecer en 2023.
Eres de los banderilleros más demandado para ir de manera ocasional
Para mí eso es un halago. Indica que la gente confía en la forma que tengo de entender el toreo y que pueda aportar algo.
¿En qué países has actuado fuera de España? ¿Algún recuerdo especial?
He toreado en todos los países y en todas la plazas. Hay que resaltar la afición de Francia, que ha hecho las cosas bien. En América me gustan todas las aficiones; la de Acho es buenísima y la de la Santa María de Bogotá es seria. La de Méjico tiene una sensibilidad especial, pues una tarde puede ir regular y, de pronto, con una tanda la gente enloquece y aquello se va arriba hasta cortar un rabo a un toro.
¿Cuántas actuaciones como banderilleros tienes hasta la fecha?
No puedo decir ahora el número exacto pero rozo los dos mil festejos y tengo cuarenta y un años. Mi padre lleva la cuenta entera. Que Dios me dé salud, que voy servido.
¿Qué se te da mejor, el capote o los palos?
El capote, yo soy capotero. No sé si se me da mejor, pero disfruto más con el capote. Hay que banderillear bien, pero donde verdaderamente ayudas a tu matador es en el capote. El mejor premio que puede tener un subalterno es que en su capote el maestro pueda ver el toro.
¿Cómo se ponen las banderillas?
Al toro hay que dejarlo que inicie, lo que se llama de poder a poder. Hay que templarlo. Si te pones por delante o le cambias el ritmo no hay conjunción, lo mismo que si te atracas de toro. No se trata de lo cerca que te pones sino de andar con templanza. En cuanto a la colocación, hay que dejar el par un pelín trasero para que moleste menos al torero y no obstaculice a la hora de matar.
Nuestra primera charla fue el 2008 en Jerez recogiendo el premio al Mejor Subalterno. Apalabramos esta entrevista en Ronda cuando te entregaron el premio al Mejor Subalterno de 2021. ¿Cuánto premios has obtenido?
No llevo la estadística de los premios. Tengo muchos trofeos. De Sevilla tengo cinco, de Madrid otros cuatro o cinco, de Algeciras, de El Puerto de Santa María, Huelva… Para mí los premios son otras cosas distintas de los trofeos, como el hecho de torear con las grandes figuras y, como dije antes, que ellos puedan ver el toro en mi capote.
¿Has tenido alguna cogida seria?
No soy un torero muy castigado. La última cornada me la pegó en el campo un toro de Torrealta. En la plaza tengo una cornada en Venezuela y otra en Huelva, aparte de rotura de hueso en varias ocasiones.
¿Cómo te preparas a diario?
Hay por ahí una leyenda urbana de que yo no entreno. Es cierto que otros compañeros basan más su tauromaquia en la preparación física. Yo entreno, soy aficionado al boxeo y lo llevo practicando dieciocho años. Toreo mucho con el capote, pero baso mi preparación en ver a mi mujer y a mis hijos felices y en tener el alma en paz.
¿Cómo va esta temporada 2023?
Afortunadamente, muy bien. Llevo unos treinta festejos toreados, una veintena en plazas de primera. He tenido momentos buenos con el capote y también con las banderillas. El triunfo de Castella es la mejor noticia. Lo peor han sido las cogidas de Garrido y de Sebastián en Madrid.
¿Ha evolucionado el tercio de banderillas?
Yo creo que sí. El banderillero de hoy es un atleta y está muy preparado. No sé si ha evolucionado en pureza pero en técnica y en espectacularidad, sí.
¿En qué banderilleros te has fijado?
En Curro Molina y en José Antonio Carretero. El capotazo de Molina es más bello pero Carretero tiene mucho poder y dominio de las alturas. En banderillas son dos titanes, siempre de poder a poder. De los que no vi personalmente nombraré a Tito San Bernardo, Chaves Flores y Rafael Corbelle; los he visto en vídeo y han dejado una huella.
¿Cuál sería la tarde ideal que representa tu concepto del toreo como subalterno?
La tarde ideal empieza a las diez de la mañana, llegando a la plaza y teniendo buen criterio para enlotar la corrida. Si además tienes suerte y te toca el lote que embista y a un toro lo puedes lidiar suave para ponerlo a ritmo y que lo pueda ver tu matador en tus manos para que le suponga un triunfo, ésa es la tarde perfecta. Si, además, a un toro franco y con fiereza lo cuajas en banderillas es el remate.
¿Hay una influencia de la sangre gitana en la labor del subalterno?
No hablaría de toreo gitano sino de toreo pasional. Hay toreros que no son gitanos y hablan maravillas de ellos, como Pepín Martín Vázquez, el maestro Curro y el propio Morante. Hay una manera de sentir. Decía Corbelle que el banderillero al que guste el cante y trasnochar es buen banderillero, seguro, porque tiene sensibilidad diferente a las demás.
Cuando el público te obliga a desmonterar, ¿por qué invitas a tu compañero?
Que el público te pida desmonterar es por el momento, no por la acumulación de pares buenos. Una vez puse un primer par regular y me siguió Fernando Sánchez, que puse un grandioso par; luego yo puse otro grandioso y el público me obligó a saludar. Saludamos los dos, ¿quién no tenía que haber saludado? Yo veo a mi compañero en su par y no lo invito a saludar siempre, sino cuando pone su parte para que el público vibre.
¿Qué afición tienes aparte de los toros?
El flamenco y los caballos, principalmente. Tengo en Coria la cuadra de Gracia Jiménez, con caballos cruzados, que preparo para el acoso y derribo; las yeguas están en casa desde hace doce años, con sementales angloárabes. Después, en Antequera, tengo la participación del cincuenta por ciento en la yeguada PRE Juan Martínez, con caballos de capas diluidas; se dedican a la venta aunque algún ejemplar con condiciones lo ponemos en doma clásica.
El flamenco es mi mejor terapia cuando estoy mal y cuando estoy bien me sirve para alegrarme. No sabría vivir sin escuchar flamenco. Tengo amistad y parentesco con artistas que son como hermanos: Farruquito, Barullo, el bailaor Antonio Fernández, el cantaor Rafael de Utrera, Lucas Vargas, los Moneos, los Zambos…
¿Estás sindicado?
Claro, estoy en la Unión Nacional de Picadores y Banderilleros Españoles, que es el sindicato de verdad. Lo otro, Asprot, es asociación y no tiene voto en la mesa del convenio. Quieren hacer competencia desleal a la Unión, en la cual soy vocal por Andalucía.
¿Qué opinas de la postura de Asprot cuando critica la participación de profesionales en clases prácticas cobrando por debajo de los mínimos?
En novilladas sin caballos no participo, porque todo el mundo tiene que comer. La Unión multa, y puede castigar con la expulsión, a sus afiliados que actúen cobrando por debajo de los mínimos. En Villaseca de la Sagra cobran por debajo de los mínimos y Asprot apoya eso. La Unión ha conseguido, después de muchos años, que los subalternos se puedan jubilar con cincuenta y cinco años; sin embargo, más del 60% de los afiliados de Asprot siguen toreando por encima de los cincuenta y cinco años aunque hayan cotizado lo suficiente para jubilarse.
Terminamos. ¿Cómo ves que debe ser la defensa de nuestra afición?
La mejor defensa de la afición es acudir a las plazas; es lo único que da resultado. Los políticos captan votos en lo que piden las masas. Ser taurino está de moda; en el San Isidro de este año ha habido una media de 90% de asistencia diaria, con las entradas más caras que el año pasado. Los antitaurinos nos atacan, sin mojarse, retirando las subvenciones. Debemos pedir que las subvenciones que da el Gobierno sean equitativas en el reparto entre los toros y las otras actividades culturales.
Hasta aquí ha llegado, más o menos fielmente recogida, la charla en la que abusamos del tiempo y de la amabilidad de José Chacón y de su familia, su esposa, su niño y su niña. Le agradecemos las atenciones y al publicar esta entrevista damos cumplimiento a un deseo que teníamos desde hacía mucho tiempo. Le deseamos los mayores éxitos, a sumar a los que ya lleva logrados.
