Quedamos citados con José Luque Teruel, presidente de plaza en Sevilla y presidente de la Unión de Presidentes de Plazas de Toros de España. ¿Dónde? ¿Qué mejor sitio que la puerta de La Maestranza para hacernos unas fotos? Él, del barrio de la Macarena, de la calle Feria concretamente, habría preferido una foto junto a la estatua de Joselito, mas para no entrar en polémicas nos quedamos con la estatua de Curro Romero. La charla decidimos desarrollarla en el hotel Mercer, donde un ambiente minimalista en una casa noble sevillana nos permite tener la tranquilidad adecuada.
Don José, haga la introducción a la entrevista
En estas fechas, marcadas por la tristeza de la desgracia de las inundaciones en Valencia, siento la alegría de que el mundo del toro está colaborando en las calles llenas de barro. Ningún otro sector profesional está haciendo lo mismo. Son las tierras más taurinas. Ya se habla de seis o siete festivales benéficos. Es la grandeza del toro.
Hablemos de la reciente asamblea de la Unión de Presidentes
Hace unos días hemos celebrado en Madrid la Asamblea General y un congreso nacional en el que hemos debatido sobre temas de interés para nosotros, el toro, los reglamentos, el estado actual de la Fiesta... Han estado presentes empresarios, ganaderos, toreros y presidentes de plazas de primera y casi todos los de segunda. Hemos creado un gabinete de ayuda a los presidentes y hemos llegado a conclusiones importantes.
Hable de su padre Andrés Luque Gago
Mi padre fue uno de los aficionados más grandes que he conocido. Fue novillero de postín, pinturero y muy sevillano. César Girón vino a vivir a casa de mi abuelo y mi padre, aunque tenía ya preparada la alternativa, entró de banderillero con él (y sus hermanos). Luego estuvo con las primeras figuras, con Luis Miguel, Antonio Ordóñez, Antonio Bienvenida, Manolo Vázquez, Miguelín, Antoñete, Paquirri y Rafael de Paula. Estando con Paula, se retiró en 1986 y pasó a ser su apoderado; luego lo fue de Domingo Valderrama o los hermanos Domecq.
¿Cómo entró en esto de la presidencia de una plaza de toros?
Nací en una familia taurina. Mi tíos abuelos Andrés y Fernando fueron apoderados, empresarios y propietarios de plazas. El hermano de mi padre también fue banderillero. Paula se vestía en mi casa. Yo era buen estudiante y no me sentía llamado a ser torero, pero de adulto tenía ganas de participar en el mundo del toro. Así, me apunté a un master de la UNED, en la segunda promoción. Al terminarlo Marcelino Moronta me apoyó y en 2012 empecé en Cazalla, donde presidí tres años. Tras fallecer Julián Salguero, en 2013 entré de suplente en Sevilla y en 2015 de titular. Luego presidí también en Villacarrillo, Andújar y Zahara de los Atunes.
¿Qué significa actuar de presidente?
Es un honor, porque te eligen para dirigir un espectáculo que concentra una tradición de los españoles. Es una responsabilidad, porque hay que tener mucho equilibrio y hay que ser más sabio que fuerte. Es un disfrute para el que es aficionado; si vas al palco para presumir no disfrutas. Finalmente, es una satisfacción, porque sientes del orgullo de formar parte de la familia taurina.
¿Cómo es su equipo presidencial?
En Sevilla hay tres presidentes titulares, cada uno con su equipo. Mi asesor artístico es Luis Arenas, que estaba con Salguero. Los veterinarios son Santiago García Apellániz, Victoria García y Rafael Fernández Daza, que estaban con Anabel. Además está el delegado gubernativo, que es siempre el mismo funcionario. La designación viene ya dada. Son grandes aficionados, lo hacen muy bien y la coordinación es total. También hay una presidenta suplente.
¿Es mejor que sea presidente un aficionado o un funcionario del Cuerpo Superior de la Policía?
Los policías tienen muchas virtudes, como saber aguantar la presión, pero hoy no es propio que en un espectáculo cultural la dirección la lleve un policía en función de policía. En los toros manda el público y de él debe salir un aficionado que presida. La selección hay que sustentarla en formación, mérito, capacidad y currículo. Habrá un registro de presidentes y eso implicará una cierta profesionalización.
¿Existe una coordinación entre los presidentes de una misma plaza?
En Sevilla la hay, y mucha. No se puede clonar a un presidente, cada uno tiene su personalidad, pero en la organización del espectáculo tú no distingues si preside uno u otro. La concesión de trofeos es otra cosa, porque ahí influyen muchos factores. En eso es difícil unificar pero se podría trabajar más.
¿Cómo hace los reconocimientos?
El equipo presidencial ve siempre los toros de corrida en el campo y allí rechazamos toros. En los corrales podemos volver a rechazar toros en cualquiera de los dos reconocimientos. En edad, sanidad, peso y pitones estamos vinculados por la opinión unánime de los veterinarios; sin unanimidad ahí y en el resto de asuntos (identificación y trapío, principalmente) los presidentes tenemos la última palabra. Para Sevilla exijo que el toro tenga trapío con armonía y buena cara. Los aficionados pueden asistir a los reconocimientos si solicitan permiso a la Junta de Andalucía. Cuanta más gente vaya es mejor; animo a que vayan. También pueden ser consultados por el presidente. En cuanto a mi estadística, puedo llevar una media de uno o dos rechazos por corrida cada año.
¿Qué personas debe haber en el callejón?
En mi opinión, sólo toreros y mozos de espadas; si acaso, algún policía de uniforme por si ocurre un incidente. Las autoridades y los fotógrafos pueden ver la corrida desde el tendido. Los presidentes no actuantes no hacemos nada en el callejón; podemos irnos al lado del palco.
¿Cómo vivió sus dos indultos?
Cobradiezmos fue una impresión; desde la salida se vio que era excepcional. En la faena se empezó a pedir el indulto por toda la plaza. Escribano siguió toreando y estuvo a la altura del toro; yo, tras un breve momento, me calmé y decidir actuar con la elegancia que debe tener un presidente de Sevilla, sin aspavientos y sin dilatarme. Luego, no hubo la más mínima crítica. Ese toro histórico ha marcado a su ganadería.
Orgullito fue un toro distinto pero se vio también desde el principio que era un toro bravo y la plaza, que estaba llena, pidió el indulto con fuerza. A Orgullito El Juli lo cuidó y fue dos veces al caballo, pero se arrancaba desde treinta o cuarenta metros, embestía por abajo y se cosía a la muleta. Fue un gran toro.
¿Cabe el indulto cuando el ganadero no va utilizar como semental al toro indultado?
El reglamento habla de preservar la raza pero el público ahora no lo ve así y el ganadero tiene libertad de empresa. El público es soberano. Sin embargo, la indultitis no es buena. Hay que indultar sólo a toros excepcionales y se debería reducir a plazas de primera y segunda. Es muy raro que los que se indultan en las de tercera lo sean para mejorar la cabaña, aunque algunas ganaderías sólo lidian en tercera y les viene bien un indultado para semental. Concibo el indulto como un premio al toro; el premio del ganadero es que salga a saludar o dé la vuelta.
En abril de 2024 no concedió vuelta a un toro (Tabarro) para el que pedían indulto. Explíquelo
Tabarro fue un gran toro, pero en varas no hizo una pelea excepcional y con la muleta se rajó en dos ocasiones. Si un toro se raja no es de premio. Muerto el toro, al lado de la puerta de arrastre, la vuelta al ruedo no se pidió sensiblemente por el público. Fue una gran tarde de toros y don Santiago Domecq podría haber dado la vuelta al ruedo al finalizar. Se podría quitar en el reglamento la exigencia de petición mayoritaria para sacar el pañuelo azul pero yo soy partidario de que el público sea quien mande.
¿Cuántas veces ha propuesto en el acta algún tipo de sanción?
Esas propuestas las suelen poner los delegados gubernativos. No suelo estar de acuerdo con las sanciones delante de la cara del toro pero sí veo bien las que se refieren a la organización del espectáculo, como la llegada tardía de un torero a la plaza o la salida de paisano al ruedo de alguien para recibir un brindis, ni siquiera aunque sea antiguo matador. En este último caso el culpable suele ser el torero actuante.
¿Qué otras cosas importantes recuerdas en su quehacer, aparte de los indultos?
El rabo que cortó Morante ha sido uno de mis momentos más importantes; aquella tarde, tal como una vez, tiempo atrás, le había prometido medio en broma, me puse de pie para sacarle los pañuelos, al estilo mejicano. También presidí cuando las cuatro orejas de Pablo Aguado y cuando Roca Rey cortó sus primeras dos orejas en La Maestranza.
Han pasado otras cosas: he presidido con el rey don Juan Carlos; he acudido a muchos organismos para hablar de reglamentos; he participado en el jurado del Premio Nacional de Tauromaquia y en la Comisión Nacional de Asuntos Taurinos. Anécdotas graciosas ha habido muchas, en el campo, en los corrales, en el palco. No todo es gracioso; he tenido que dar muchas orejas, por el público, que por mí no hubiese dado. El presidente debe conseguir que el espectáculo salga bien y, a la vez, que se ofrezca íntegro.
¿Prefiere un reglamento por cada comunidad autónoma o uno solo nacional (o internacional)?
Lo ideal sería la unificación en todo el mundo taurino. Ahora bien, las comunidades autónomas tienen competencias. La tradición debería reflejarse en una norma única pero las peculiaridades de cada plaza pueden dejarse para reglamentos particulares o para la costumbre.
¿Cómo está a día de hoy el tema de la manipulación de las astas?
En las plazas de primera es raro que se manipule. Otra cosa es en las plazas de tercera; ahí como presidente exijo integridad pero como aficionado puedo entender que haya debate.
Hablemos de la concesión del rabo y la estocada
En el noventa por ciento de los casos la estocada es innegociable para cualquier premio; en el otro diez por ciento habrá flexibilidad dependiendo de cómo ha sido la faena. Para el rabo todo debe ser perfecto. En los indultos no se debe dar el rabo, al no haber estocada; si se estableciera así en el reglamento sería clarificador.
¿Es verdad eso de que la primera oreja es del público y la segunda del presidente?
En el ochenta por ciento de los casos es verdad. Cuando la petición de la primera oreja es fuerte, eso se siente pero cuando es tibia entran matices que el presidente tiene que analizar. En la segunda el presidente no tiene las manos libres porque tiene que esperar a que haya petición mayoritaria del público. Lo importante del presidente está en la labor organizativa previa a la corrida; la concesión de trofeos tiene un componente subjetivo.
¿Está bien que en algunas corridas (concurso, desafíos ganaderos…) no haya sorteo de toros?
Soy partidario del sorteo, porque si no, desvirtuamos la verdad del toreo. En las corridas concurso debería haber sorteo para que un torero no sepa qué toros va a torear y no tenga posibilidad de influir sobre el ganadero. En las alternativas era tradicional que al doctorando le permitieran los compañeros elegir su primer toro de doctorado; fuera de ahí, debe haber sorteo siempre.
¿Debería ser el vómito de sangre un obstáculo para los trofeos?
Yo lo vería bien. En los años ochenta el vómito era un demérito total. Con vómito la estocada no es perfecta.
¿Qué se puede hacer para que las corridas no duren tanto como están durando?
Las faenas están durando demasiado; no se va al “pronto y en la mano” y la música tarda en empezar. Sin embargo, no se puede hacer nada porque no creo que la gente se aburra. Es la época que vivimos. He presidido corridas de tres horas que han sido interesantísimas.
¿Qué reciclaje tiene un presidente?
La Junta de Andalucía ha hecho jornadas técnicas y las seguirá haciendo. Pronto tendremos que estudiar el nuevo reglamento. Otras comunidades autónomas hacen cursos de reciclaje. Sin embargo, la actividad del presidente es una habilidad práctica y cuanto más presida mejor lo hará.
¿Es bueno que las entradas y los emolumentos del equipo presidencial dependan del empresario y no de la Administración?
Todo lo que ganemos en imparcialidad e independencia es bueno y sería mejor que el asesor cobrara de la Administración. El tema, más que en las entradas, es que un presidente, si hace lo que dice el empresario, no debería seguir presidiendo.
¿En estos años de presidencia ha tenido más críticas o más elogios?
No lo sé; creo que he recibido más elogios y alguna crítica. He tenido la suerte de estar en algunos días muy importantes. Es un asunto relativo, porque lo que para unos es un elogio para mí quizás puede ser una crítica.
¿Quiere decir algo más?
Sí. Presidir es una actividad que debe evolucionar. Me he sentido bien cuando he conseguido aportar no sólo el cumplimiento del reglamento sino la creación de momentos de calidad para que el buen aficionado los deguste. Alguien me dijo que con el pañuelo también se torea, se puede aportar duende. Lo mejor es permitir que las cosas fluyan, no cortar las corrientes, lo que no quiere decir provocar un triunfo banal. Colaborar con el pañuelo a esos momentos es la guinda del pastel en la labor de un presidente.
Hasta aquí llegamos con la entrevista. Hablamos de más cosas pero no las recogemos hoy. Quizás en otra ocasión. Ahora agradecemos la atención que nos ha dispensado el presidente de los presidentes.
