jueves 19/5/22

Miércoles de Feria, de menos a más

La ausencia de sol y la presencia del frío restan público a la jornada

Pisar la Feria, a las dos en punto de la tarde, y contemplar el Real absolutamente desértico en lontananza acarrea una sensación de cierta desapacibilidad. Te preguntas entonces si la fiesta ha venido a menos. Si la edición cuenta con cierta falta de respaldo social o si alguna razón extraña está haciendo mella en nuestra convocatoria de alcance internacional.

Avanzas, ya intramuros de esta fascinante anual ciudad efímera, y calibras que quizá la crisis económica aún colea. O que no están los bolsillos para tirar cohetes. O que es insostenible para la economía familiar el soporte de tantos días seguidos de baile y cante a pie de caseta. El cuerpo podrá aguantar -y las ansias de baile y de disfrute aún más- pero la cuestión crematística pone coto. Imponiendo sus números.

Las casetas, por el momento, muy vacías. Eso sí: escamondadas, limpias como los chorros del oro, recién regadas casi por un halo de pulcritud, y toda la aritmética de las mesas colocadas en la simetría a punto de mantel y cubierto. El personal del servicio ha hecho su trabajo puntualmente. Y todos aguardan a la espera. En efecto: a la espera del gran público. Que llegará o acaso no… ¿No? ¡Pero, caramba, si es el miércoles de Feria: gran día por antonomasia de la mujer!

Sólo las casetas que acogen las retransmisiones y las programaciones en directo de los medios de comunicación arropan a los periodistas responsables con sus primeros invitados en derredor de la alcachofa, léase: el micrófono. El sol brilla por su ausencia: ¡me cachis en la mar! Por el contrario el frío si se hace presente: ¡tampoco sobra: al fin los caballeros podemos lucir la chaqueta sin ningún asomo de derrame de gotas de sudor!

Media hora después parece que la ambientación despunta. En la caseta ‘El cuadro’ los periodistas Amparo Bou y Esteban Fernández  ya llevan algo más de una hora emitiendo para 8TV. Entrevistando, entre otros, al artista Manolo Medina, al abogado Manuel Pareja o al empresario Esteban Martínez-Polo.

Minutos antes, embelesado aún por la contemplación de los primeros caballos, nos topamos de frente con el periodista Andrés Cañadas Salguero quien, con micrófonos en ristre, ya se dirigía para preparar su programa de ‘Cofrademanía’ (+Jerez) desde el Real. Si en lugar de Feria, estuviésemos en Semana Santa... la climatología sería una amenaza siniestra. Pero ahora las casetas siempre constituyen el más óptimo refugio.

La tranquilidad gobierna. Sobre las tres y media las casetas ya pueblan su interior tímidamente. El color sí comienza a reinar, sobre todo en los trajes de gitana. De flamenca. De faralaes. En la denominación a la carta. No es difícil encontrar mesa en casetas como las del Transporte, la Yedra -con su Hermano Mayor Ildefonso Roldán como inmejorable relaciones públicas- o la Candelaria -también con su máximo representante, Antonio Aguilar, siempre presto a la más exquisita atención: exquisita de formas, entiéndase-.

La mujer, en su jornada, toma mando en plaza, pero con menor intensidad que en años anteriores. Conforme avanza la jornada el jaleo y las palmas del post-almuerzo, de la sobremesa, ya dominan los tablaos. El personal no marcha a casa después del condumio porque en pureza acaban de aterrizar, como aquel que dice. La hora de entrada se ha retrasado. Persiste la ausencia del sol e indudablemente ya, en a franja vespertina, podemos constatar que el índice de concurrencia ha decrecido (tampoco en muy alta consideración).

La tarde noche, sin embargo, si acoge de nuevo un respaldo más nutrido de público. Paradójicamente ha sido jornada más de noche que de mediodía. Cuando, consustancialmente  a su configuración, el miércoles de Feria siempre se ajustó a la horma del sol de Andalucía que campaba a sus anchas en la ciudad de Jerez. Cada año -¡para que veamos!- presenta sus singularidades. El tiempo también impone sus matices. Con Fran Pérez, de Radio Puerto, hablamos un poco o un mucho de todas estas ondulantes teorías.

Miércoles de Feria, de menos a más
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