martes 17/5/22
Alumbrado de la Feria de Jerez | Archivo

Qué sobra y qué falta en la Feria de Jerez

Una aproximación siempre constructiva a respuestas del todo subjetivas

Damos por sentado que la Feria de Jerez es cuasi completa. Redonda. La pregunta (doble) del titular está siempre formulada, por tanto, en tono constructivo. En el interrogante subyace además la visión subjetiva de quien suscribe. O de quienes suscriben. Porque la pieza periodística puede estar firmada por una mano o por varias. Por aquello de que cuatro ojos ven más que dos. Y seis más que cuatro. Y ocho más que…

¿Qué sobra y qué falta en la Feria del Caballo de Jerez? Insistimos. Las respuestas no pueden ni deben sentar cátedra. Porque -y nunca mejor dicho- aquí sí cabe la frase hecha de nuestro castellano: “Cada cual cuenta la Feria según le va”. O según la ve, que también. En cualquier caso ofrecemos un primer esbozo con intención meramente tentativa. El lector podrá completarla con su de seguro acertada aportación.

¿Qué sobra?

Sobra el deteriorado ambiente de violencia -tendente a la bronca- que por veces se apodera de la noche/madrugada. Especialmente las últimas de la semana. Sobra el sobreprecio de la carta de no pocas casetas.

Sobra la postal desértica del Real en buena parte de los mediodías a la hora del aperitivo, esto es, del pre-almuerzo y, consiguiente, del almuerzo (primeros días), debido -sobre todo- a la consecuencia del punto anterior: el sobreprecio de numerosas cartas.

Sobra la agónica pretensión por parte de algunos ciudadanos de procurar demostrar -evidenciar- una ostentación, una holgada situación o estatus económico que, sin atenerse a la realidad, tampoco concuerda con el número de veces que los ínclitos toman la iniciativa de invitar. A buen entendedor…

Sobra la (¿estridente?) música discotequera cada vez a horas más tempranas y asimismo cada vez en mayor número de casetas.

Sobra la implantación -que no sensación- de peligrosidad que reina en toda la zona adyacente y circundante al recinto ferial -nos referimos a las urbanizaciones y bloques de pisos que lo rodean- en el advenimiento y la toma de posiciones de determinada legión de bandas organizadas (por lo común de procedencia extranjera) cuyos miembros incluso vigilan estos días la asidua habitabilidad o no de domicilios particulares con el propósito del posible asalto y saqueo a las bravas. Cuidado, atención, precaución.

Sobran los grupos de gamberros de baja estofa -y ningún escrúpulo- que -objetos punzantes en mano- acechan en sombras, durante las tardes noche y las madrugadas, a personas de toda edad que regresan a casa después del disfrute de las horas de Feria. Ojo avizor siempre.

Sobra la imperdonable traición creciente al consumo del vino de Jerez en aras de otras bebidas nunca más saludables ni tampoco tan propias de una fiesta en la que debe brindarse con el universal sol de Andalucía embotellado.

Sobran (innecesarios) gatos por liebre en la tunantería engañosa de algunas propuestas concretas de la zona de atracciones.

Sobra la caradura (de cartón piedra) de determinados gorrones empedernidos que no pagan ni a la catalana, entiéndase: cada uno su parte. Sobre esta variante de la picaresca un tanto trasnochada podríamos desplegar a contrapelo un completísimo tratado ensayístico.

Sobra el nulo sentido de la medida del que carecen algunos pesados, muy pesados, demasiado pesados -haberlos, haylos- de los que no te libras ni a la de tres.

Sobran los nefastos exagerados -profusos en ademanes y en lengua gangosa- que interpretan muy malamente un estado etílico mucho más agudo del que realmente contiene sus cuerpos. Como si el objetivo de la borrachera fuese un logro meritorio, un plus añadido, a nuestra estancia sobre el albero.

¿Qué falta?

Falta mayor vigilancia y atención de según qué padres para con sus hijos cuando disfrutan en familia del ambiente de las casetas. No está la actualidad -ni los acontecimientos- para quitar ojo de los más pequeños durante mucho tiempo. Un descuido aciago puede acarrear trágicas consecuencias.

Falta la sensación de seguridad en algunas atracciones de la calle del Infierno. ¿Falta una gran portada?.

Falta que muchísimas casetas sirvan los guisos del día a su debida temperatura, es decir, lo suficientemente calentito para que el sabor no pierda matices. Bien calientes los platos, como Dios manda, y nunca templados o casi fríos.

Falta un ambicioso y exhaustivo plan técnico turístico cuya anticipada aplicación influya en las administraciones y en los agentes necesarios para la captación de personas allende nuestras fronteras en la excelsa realidad de la Feria de Jerez. Como fiesta posee todos los ingredientes e incentivos necesarios para atraer a personas de todos los países del Planeta Tierra. No proponemos la masificación por la mera masificación pero sí al menos que países con posibles de inversión económica coloquen a sus embajadores en el conocimiento del potencial de esta bendita tierra. La visita a la Feria del Caballo supone una ocasión que ni pintiparada.

Falta una insistente campaña de metalización que exalte a la Feria del Caballo como la fiesta de la convivencia en paz interna y externa -la fiesta de la poderosa reconciliación y fraternidad en todos los órdenes-. ¿Es preciso una reeducación social en este sentido?

Faltan a veces fuerzas físicas para el continuum del disfrute –“hasta que el cuerpo aguante”-.

Faltan cafeteras y cafés en las casetas. Faltan cafeterías alrededor del Real.¿Faltan sombreros de ala ancha?

Falta más presencia de imágenes de la Feria de Jerez en los espacios informativos de cadenas televisivas de alcance nacional.

Falta -desafortunadamente- presupuesto en el bolsillo de los visitantes. Así fue siempre. Porque la Feria pide más y más y más… Como todo acontecimiento sin fronteras. Y olé.

Qué sobra y qué falta en la Feria de Jerez
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